De la trampa a la firme

"Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra"

Jesús es invitado por los pecadores a sus casas, les habla, les trata con amor, y hoy incluso perdona a una mujer acusada de ser infiel a su esposo. La actitud de Jesús es contraria a la de los líderes religiosos que los consideraban impuros.

Escribas y fariseos consultan a Jesús: “Maestro, a esta mujer la sorprendimos en el momento mismo de cometer adulterio. En la Ley nos mandó Moisés que a esas personas hay que darles muerte apedreándolas. ¿Tú qué dices?” Si Jesús dijera que no se la condene se opondría a la Ley de Moisés. Y si dijera que la condenen perdería su fama de maestro bondadoso.

Se nota un claro procedimiento cruel y machista. La mujer no fue infiel sola también deberían llevarlo al varón con quien la encontraron. Jesús responde después de escribir en el suelo y de un largo silencio un frase que les saca del terreno seguro de lo legal: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”.

Jesús desarmó al tumulto curioso y juzgador, dispuesto a matar, a tirar piedras, a atacar valiéndose del pecado de los demás, a mostrase los puros proclamando las impurezas de los demás. Como en toda sociedad no hay más hipocresía que el proclamarse “buenitos” “éticos”, “santitos”, “fieles”. Jesús no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.
Jesús, después de mostrarnos su amor, nos hace pensar en que el amor es más grande que nuestras piedras y nos sigue diciendo: “¿Dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?”. Ante la respuesta de la mujer, Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”. Tremenda responsabilidad: no volvamos a pecar.

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