T O- XXVIII- C (Lucas 17, 11-19)-10 de octubre de 2010


"El Samaritano agradecido"

“¿Acaso no eran diez los que quedaron limpios de su enfermedad?”

Yo estoy agradecido de algunos de mis maestros a nivel intelectual y espiritual que he tenido en esta corta historia de vida. He podido experimentar la docencia en la universidad y en pocos años observar cómo algunos de los estudiantes han terminado su carrera. Naturalmente, de los cientos de estudiantes, son contados los que expresen su agradecimiento.

Alguno agradece, otro ofrece su amistad y muchos en la calle fingen no verme. No es que quiera un reconocimiento público sino solamente la amabilidad porque yo prefiero saludarles a ignorarles. 

Alguna vez un estudiante que inasistió a la mayoría de sesiones quería presentarse sólo a rendir el examen, le acepté y desaprobó, pidió un examen de recuperación, en realidad la mayoría de estudiantes la pidió. Dicho estudiante desaprobó, buscó la injerencia directiva para justificar y pedir otro examen. Siguió desaprobando. Hace un mes nos encontramos y nos reímos de dicha experiencia.

En esta parábola del “Samaritano Agradecido” (los leprosos) Jesús nos cuestiona con una escena en la que es sorprendido del agradecimiento de un solo leproso, es decir el 10 % de la población agradece estar limpio, sano y salvo. Es gracioso que antes de estar sanos, los leprosos andan juntos, cuando quedan salvos cada uno se siente libre de hacer lo que quiere y se pone en evidencia el concepto de salvación, por sus propias fuerzas, o por Dios, merecedores o beneficiarios por pura gracia.
Sano y salvo, “vivito y coleando” decimos popularmente. No son términos sinónimos, sino distintos, pues uno puede quedar sano pero no salvo. Algunos podemos acoger el beneficio de la salud y no mantenernos limpios. El estudiante decía: “desde esa vez ‘profe’ dejé de tomar a la ligera mis estudios, ya estoy terminando mi carrera”. De estudiantes pedimos plazos y oportunidades y seguiremos haciéndolo toda la vida si no sanamos dicho hábito.

Muchos maestros enseñan que uno nunca deja de aprender, me da temor acercarme a los más doctos. Pero los maestros suelen ser unas madres porque siempre cuentan los graciosos y buenos que fueron los estudiantes, se olvidan o no lo dicen que el estudiante copiaba, llegaba tarde o no asistía y necesitaba dibujitos para comprender. 

Lo que hizo el samaritano Agradecido fue acudir a clases y buscarle al maestro para seguir aprendiendo. No se contentó con estar sano, buscó alimentar y fortalecer su fe para estar salvo. La salud eterna, acá y allá. Sin duda, nunca dejamos de aprender de Jesús, así que necesitamos acercarnos, el nos da la salud y alimenta nuestra fe.

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