Adviento IV: La generación de Jesucristo

“Èl salvará a su pueblo”
 
De Daniele Crespi - Kunsthistorisches Museum Wien, Bilddatenbank., Dominio público,
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IV Domingo de Adviento
Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)
 Homilía y Reflexión, 

La historia de un famoso Emmanuel comienza así.

Vivir la eternidad por un sueño. Hola, tú como varón o mujer, podrás identificar esta pregunta: ¿alguna vez tu novia, antes de vivir juntos, hizo un ritual para decirte: “estoy embarazada”? Así comienza la historia, cómo se desarrolle ya dará como resultado un Jesús o un Nerón, o un Barrabás, etc. Esta es la historia de un famoso: Emmanuel.

Después de la noticia, llegan las preguntas, las diversas reacciones, se van revelando tus intenciones, piensas en la nueva vida que inicias, en el dinero, en la comprensión personal, en la honestidad y la fidelidad, en la fama, dónde acabarán tus proyectos, etc. Sin embargo, la reacción que imprimas no evitará ni apurará el desarrollo de la vida, es ya un ser existente en un vientre, en unas circunstancias y con personas concretas.

En la historia de José puedes identificar a un hombre justo, obediente, con dudas, en un sueño que le compromete para la eternidad. La nueva generación ha iniciado y necesita de José, de la estirpe de David.

Siguiendo con la historia, José se entera del embarazo de María y tiene las mejores intenciones para “no difamarla”. Hay una duda, la situación sobrepasa su lógica de la fertilidad, en justicia él no es el padre y decide salir del problema sin dejar de cuidar de María.

María y José esperan a un descendiente de David, y nacerá en Belén (Mt 1,20). Ambos judíos piadosos llenos de esperanza, José identifica en María una mujer sin mentiras, llena de Dios; pero la quiere dejar para que siga con su gestación, con su propia verdad. José quiero lo mejor para María, lo justo, pero Dios le mostrará que no bastan las buenas intenciones, le invitará también a ser protagonista.

Si tienes pánico cuando tu novia te dice: “debemos hablar”, imagina que a José lo sorprendieron en un profundo sueño. Lo bueno de estas conversaciones es que te aclaran las dudas, no la duda de quién es el padre, eso José lo tiene claro, y María con mayor iluminación. En esta circunstancia Dios le aclaró el panorama a José: no cuides solo a María, sino con urgencia al niño. Le facilitó el nombre: Jesús (recuerda no había almanaque todavía). Y Jesús con una misión clara: “Salvador” “Dios con nosotros”. 

Si José esperaba tener a un hijo súper artista en la carpintería, o un rabino ilustrado, o un rico comerciante, Dios ha roto sus parámetros humanamente concebidos. Un sueño le ha llevado a asumir la tarea de cuidar a un rico sin dinero, a un artista de la creación, a un protagonista de la Sagrada Escritura.

Sin la docilidad de José a esta historia le faltaría el linaje davídico, y Dios siempre hace su voluntad, entonces sólo queda poner nuestros sueños al servicio de Dios con Nosotros, a confiar en las palabras del ángel: “No temas en recibir a María, tu esposa, porque (si bien) lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo, ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús” (vv. 20-21: griego “gar” y “de”). 

 Homilía y Reflexión, 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.


El sueño de José. Philippe de Champaigne, vers 1642. The National Gallery, Londres

El sueño de José




 Homilía y Reflexión, 
El santo varón trata de conciliar el sueño, antes de partir. Philippe de Champagne nos lo muestra vestido, preparado ya para el viaje, con un manto dorado, sobre túnica azulada, recostado en una robusta butaca. Los pliegues de su manto, la posición de sus manos, los mismos pies que asoman descalzos junto a sus desabrochadas sandalias, transmiten una sensación de gran dignidad. Los instrumentos de su trabajo, sierra, martillo, escoplos... abandonados en el suelo. Va a huir.
No halla remedio más oportuno a su dolor. Sabe que su esposa es perfecta, no ve en Ella nada que no la acredite por santa, pero no puede negar la evidencia: está en cinta. Y no alcanza ese misterio. No quiere ofender su virtud repudiándola oficialmente. Reza con fervor ante lo que no comprende y, encomendándose a Dios, toma la resolución de repudiarla en privado, abandonarla sin dar explicación. Será tachado de malvado, pero la honra de su esposa permanecerá intacta.
Pero en la quietud de la noche, sumergido en un sueño muy próximo a la consciencia, un ángel del cielo le habla al oído. En el rostro de San José, rendido, los labios entreabiertos, con la cabeza reclinada sobre ese gran almohadón, conseguimos escuchar el eco de las angélicas palabras: “José, hijo de David, no temas de recibir contigo a María, tu mujer, pues su concepción es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás el nombre de Jesús; porque Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo, 1, 20-21).
María aparece en segundo plano, arrodillada. Conocía la angustia de su marido y no le habían pasado desapercibidos sus preparativos. Serena, en la distancia, se mantiene en silencio y confía en el Señor.
 Homilía y Reflexión, 
https://www.elpandelospobres.com/el-sueno-de-jose
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