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sábado, 21 de julio de 2012

Queremos la paz

Domingo XVI del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 6, 30-34) 22 de julio de 2012


“(...) Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.”

Nuestro país está deseoso de la paz, de la unidad y de la justicia. Es el clamor por ejemplo de los maltrechos familiares de las víctimas del terrorismo en Tarata y del terrorismo de estado contra los estudiantes y su maestro de la Cantuta (16 y 18 de julio de 1992 respectivamente), de los conflictos en Bagua, en Espinar (Cuzco) y en Celendín y Bambamarca (Cajamarca),… ¿Cómo no despertar la compasión del mismo Jesús cuando el pueblo se siente desamparado, olvidado, amenazado,… como ovejas sin pastor?

Sedientos de la paz. San Pablo afirma: “Jesús es nuestra paz” (ipse est pax nostra, como traduce la Vulgata) (Ef 2, 13-18). La paz recorre la misma vena con la pacificación del hombre con Dios, la reconciliación desnuda con él; sin esta actitud será difícil el acercamiento de las partes en conflicto aunque sea un deseo común. En este sentido es espectacular que Jesús logró la unidad entre pueblos irreconciliables, vale decir, de judíos con paganos, puros con impuros, los gobernantes con los “extremistas”, los inversionistas con los “ignorantes”, los del oro con los del agua (vida),…

El sufrimiento en nuestro país es un clamor con lágrimas por la paz. Hoy justamente se necesita de pastores/gobernantes que nos encaminen a la unidad. El rostro de nuestro país no se dibuja con la acción represiva de los estrategas de la operación “Brujas de Cachiche”, las lacrimógenas no consuelan, los insultos no dan lugar a la palabra. Nuestro Perú, en Fiestas Patrias debería celebrar con palabras de reconciliación. Lo que está roto por el pecado necesita restauración. En este contexto, es imperativo el don de la paz, pero éste es don de Dios, y dicho don es Jesucristo. Gracias a él la humanidad sí puede vivir en paz.

La paz es un Don de Dios al cual se llega por un camino dinámico, a todo pulmón, con mucho “punche”. Por ello, las agendas llenas, la paciencia para entender y la esperanza firme hace que este encuentro conciliador tenga sus momentos de pausa, de respiración libre y de oración íntima; pero el pueblo sigue esperando, desesperado, impotente,… como ovejas sin pastor y sin guía. El señor detectará nuestra desorientación, se compadecerá y escuchará a todos los que le siguen sedientos de su Palabra, de la experiencia con Dios.

“Señor Jesús, tu paz no se alcanza con injusticias. Danos la alegría de los apóstoles que con emoción narran historias de salvación. Haz que demos tiempo a lo importante. No permitas que lo importante desde mi egoísmo destruya mi vida. Clamo a ti, clamamos a ti. Danos la paz, danos justicia, danos reconciliación, danos tu amor”

 
(Fuente de la fotografía: http://www.capital.com.pe/)

lunes, 16 de julio de 2012

Reflexión de Domingo XV del tiempo ordinario – Ciclo B: Enviado, vocación, profetas

“Les ordenó que no llevaran nada para el camino”
 
Domingo XV del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 6, 7-13) 15 de julio de 2012


Lectura del Profeta Amós 7, 12-15
En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Betel, a Amós:
–Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá: come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en «Casa de Dios», porque es el santuario real, el templo del país.
Respondió Amós:
–No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.

Jesús llama a sus discípulos

Imagen de Pixabay creada por  Thesoundofcalmness


1) Un profeta con oficio

Amós sorprende por lo sencillo. No se presenta como especialista religioso, ni como figura carismática construida. Se define por su vida concreta: pastor y cultivador de higos. Trabaja. Tiene un lugar. Tiene una rutina. Y en medio de esa cotidianidad ocurre lo decisivo: Dios lo llama.

Este detalle es importante porque purifica la idea de profecía. Amós no habla para ganar prestigio, ni para sostener una estructura, ni para “vivir de lo sagrado”. Su palabra nace de una obediencia: “El Señor me sacó… y me dijo: ve”. La profecía aparece aquí como un envío que desinstala y orienta.


2) El problema no es Amós: es la palabra libre

Amasías no entra a discutir el contenido del mensaje. No debate si Amós tiene razón o no. Hace algo más eficaz: intenta reubicarlo.

“Vete a Judá”.
“Profetiza allá”.
“Aquí no”.

Betel es “el santuario real”, “el templo del país”. En otras palabras: un espacio donde religión y poder se rozan peligrosamente. La palabra del profeta incomoda porque no se deja administrar. No se adapta. No negocia su contenido para conservar un lugar.

Por eso la tensión que aparece en Amós no es antigua: es permanente. En toda época hay sistemas —políticos, culturales, incluso religiosos— que aceptan palabras “religiosas”, siempre que sean inocuas. Lo que molesta no es el lenguaje piadoso, sino la verdad que interpela.


3) Profecías “a la carta”

Amós siente la necesidad de aclarar quién es porque existían profetas que hablaban según convenía. Profetas que decían lo que otros querían escuchar. Profetas que ganaban pan y seguridad a cambio de halagos, de silencios, de mensajes calculados.

Cuando la palabra depende del aplauso, se vuelve funcional. Puede terminar legitimando abusos. Puede justificar injusticias. Puede tratar al pueblo como masa manipulable. Y con frecuencia, los primeros en quedar fuera de foco son los humildes.

Aquí aparece una pregunta inevitable: ¿dónde está el corazón del Evangelio cuando la palabra se vuelve interesada? ¿Dónde queda la compasión por los débiles cuando la comunicación solo busca sostener reputaciones o conveniencias?


4) La verdad tiene costo (y no debe dar miedo)

La Biblia no romantiza la profecía. Decir la verdad tiene consecuencias: desautorización, difamación, destierro, cárcel. Juan Bautista lo vivió. Jesús lo llevó hasta el extremo. Y la Iglesia lo recuerda para no idealizar el anuncio: la verdad es luminosa, pero no siempre cómoda.

Eso no significa buscar conflicto. Significa comprender que la fidelidad suele implicar un precio. En tiempos de saturación informativa, también hay presiones más sutiles: miedo al qué dirán, autocensura, necesidad de agradar, prudencias que en realidad esconden comodidad.

Por eso hace falta valentía. Pero una valentía cristiana con rasgo propio: es humilde. El profeta no impone su ideología. No habla para lucirse. Habla “bajo la verdad”, buscando lo que edifica, lo que abre camino a la justicia y a la paz. La parresía evangélica no es agresividad: es franqueza con caridad.


5) La homilía: palabra recibida y entregada

Este texto ilumina de modo especial la homilía. Con facilidad la homilía puede degradarse: convertirse en un discurso bonito, en una catequesis improvisada, en una clase moral, en un comentario personal, o incluso en un espacio para ajustar cuentas indirectas.

Sin embargo, la homilía, en su sentido más profundo, es un acto de comunicación eclesial. Un puente. Un servicio. Nace de la escucha de la Palabra, se confronta con la vida real del pueblo y vuelve a la asamblea como alimento.

No se trata de hablar mucho. Se trata de hablar desde Dios. Eso exige oración, discernimiento, y también libertad interior: predicar no para agradar, sino para servir. No para exhibirse, sino para conducir hacia Cristo. No para reforzar bandos, sino para reunir en comunión.


6) “No lleven nada para el camino”

El título —“les ordenó que no llevaran nada para el camino”— puede leerse en continuidad con Amós. El mensajero de Dios no puede cargar con demasiadas seguridades. Cuanto más “dependo” de algo, más vulnerable soy a ajustar el mensaje. Cuanto más necesito conservar una posición, más fácil es domesticar la Palabra.

La pobreza apostólica no es solo material. Es también interior: libertad frente a la aprobación, al miedo y al cálculo. Esa pobreza es la condición de una palabra limpia.

Amós lo resume con sobriedad: no soy profeta de oficio. Soy trabajador. Y Dios me envió.


Para la oración final

Señor, danos la gracia de escuchar tu voz en medio del trabajo y la vida cotidiana.
Purifica nuestra palabra para que no busque aplausos, sino verdad.
Haznos humildes para hablar con caridad.
Y libres para anunciar el Evangelio sin “profecías a la carta”.


 

domingo, 8 de julio de 2012

Busca un profeta en el caso Conga

Domingo XIV del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 6, 1-6) 9 de julio de 2012

“No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.”

Hablar del espíritu del verdadero profeta es un imperativo en nuestro contexto nacional. Me encantaría nombrar el profeta o los profetas anónimos que luchan por la justicia y la paz. Es una tentación señalara buenos y malos, a “profetas” y a quienes negocian los intereses comunes. Rompería todo pronóstico señalar decididamente que los medios de comunicación cumplen un papel profético.
Señalo algunas cualidades del espíritu del profeta: recibe el Espíritu del Señor, no se vende a nadie, ni a los reyes ni a los poderosos, sino que su corazón, su alma y su palabra pertenecen al Señor. En la historia, los profetas siempre han sido perseguidos, su ‘patología’ es vivir y abrirse a la verdad en medio de un pueblo acostumbrado a los falsos y mentirosos profetas. Esta sería una verdadera misión para los medios de comunicación social, aunque serían puestos en entredicho, pero no tendrían miedo porque su debilidad es la gracia (Charis) que le hace fuerte.
Estas cualidades de un profeta, según el Espíritu de Jesús, parece ilógico aplicarle al papel que cumplen los medios de comunicación en la cobertura del conflicto Conga. En Celendín y en Bambamarca la policía ha matado a 5 personas, ha detenido a varios líderes y les trasladan fuera de su jurisdicción para juzgarles. En este contexto, ya quisiéramos señalar profetas.
Pero el papel de los profetas no es sólo criticar, también avivan la esperanza. Los líderes de Cajamarca y el gobierno están de acuerdo que el Monseñor Hector Cabrejos y el P. Gastón Garatea sean quienes faciliten el diálogo. Ambos han expresado su disponibilidad. El Mons. Cabrejos ha invocado a los involucrados en el conflicto a la serenidad y a participar de buena voluntad en el diálogo. Esperamos que sea profeta en su tierra, como buen Chotano.
Tanto ha esperado la torpesa política para designar o pedir ayuda en este diálogo clamado a voz viva y desesperada por los cajamarquinos. El Mons. Cabrejos como presidente de la Conferencia Episcopal demostró sagacidad y prudencia en temas difíciles; obviamente le viene una misión difícil, facilitar el diálogo entre mudos y a sordos, sangrando y llorando, impotentes y perseverantes,... Jalarles la lengua y darles a cada uno su turno va ser una misión que con el espíritu de Dios llegará a buenas conclusiones.
El P. Gastón Garatea voceado ya por la Defensoría del Pueblo, por la Primera Dama y por el mismo Santos también abre la esperanza en este gran salón violento y penoso donde el aprendizaje con sangre está entrando.
Tú y yo estamos también llamados a vivir y aprender del espíritu profético. No esperes que se te bajen los bonos para tomarte tragos amargos, tampoco que alguien muera para preocuparte. La violencia siempre aumentará la violencia; la buena comunicación llevará al desarrollo humano.

domingo, 1 de julio de 2012

Domingo XIII del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 5, 21-43) 1 de julio de 2012


Amigo de la vida

Cuando caminamos por las calles de la ciudad “gorreamos” los diarios que agresivamente son presentados frente a nosotros con los grandes titulares “sesudamente” dirigidos. Si no hay una noticia de conflicto social, de corrupción, de muerte,... ¿evidecia desarrollo? ¿Cómo hablar de democracia? ¿Cómo fortalecer la esperanza? ¿La fe puede generar cambios?

La vida, un derecho inalienable y que debe ser garantizado por el estado es afectada por las diferentes tendencias que la atentan. “Dios creó al hombre incorruptible, le hizo imagen de su misma naturaleza”. Si somos de la misma naturaleza de Dios entonces deberíamos hacer lo que hace Dios: amar, perdonar, acompañar, buscar la unión y el desarrollo humano.

El proyecto de Dios es que tengamos “vida en abundancia”, los proyectos de gobierno ¿será la vida en abundancia? La calidad de vida parece estar por debajo del interés económico envuelto con frases o discursos filantrópicos. La calidad parece no tener la abundancia del proyecto de Dios.

El proyecto debe ser de desarrollo integral, ¿Cómo superar el subdesarrollo decorado con el crecimiento económico? ¿globalizamos la solidaridad?

Los conflictos sociales actuales ya van cobrando, en el actual gobierno, cerca de doce muertos. Obviamente los conflictos no están planteados por quienes tienen la riqueza del país o por los beneficiados con migajas de las grandes empresas. Los pobres pierden tierras, tranquilidad, fuentes de sobrevivencia,… Incluso los encargados de guardar el orden en estas situaciones tienen como única arma su fusil porque por dentro van desarmados, torturan ensañados a quienes protestan para justificar su doble sueldo (del estado y de la empresa), castigan a sus hermanos, pobres , no reconocidos, no valorados, …como ellos.

Pueden tener buenas intenciones, muchas obras, discursos,… pero si no hay fe en Dios y en las personas… ¡sin fe no tiene sentido la vida! Se ama al perú con solidaridad, defendiendo la vida.