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sábado, 23 de mayo de 2026

Domingo de Pentecostés (A): Pentecostés: las puertas abiertas del Espíritu

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos»

En esta fiesta se cumple la promesa de Jesús, se inicia la nueva alianza, el nuevo Sinaí, la nueva Iglesia. Pero, ¿qué significa para cada uno de los cristianos?

Pentecostés
Discesa dello Spirito Santo nel giorno di Pentecoste (Moretto)

Domingo de Pentecostés - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)- Juan 20, 19-23

Pentecostés abre puertas.

Se abren para entrar y para salir. Se abren para acoger a quienes buscan a Dios con el corazón herido o esperanzado; y se abren también para que los discípulos salgan al mundo llevando la alegría de la Buena Noticia. El Espíritu Santo no encierra: impulsa. No crea comunidades cerradas sobre sí mismas, sino discípulos capaces de vivir la conversión y el testimonio, la intimidad con Dios y el anuncio valiente del Evangelio, a tiempo y destiempo.

Signos misioneros

El relato bíblico presenta signos profundamente misioneros: el viento y el fuego. El viento irrumpe como fuerza que pone en movimiento; el fuego transforma las lenguas y convierte la confusión en entendimiento. Allí donde antes existía división, nace la posibilidad de comprenderse. Pentecostés manifiesta así una verdad fundamental: la Iglesia tiene como una de sus raíces más profundas la capacidad del encuentro y de la comunicación.

No se trata solamente de hablar distintos idiomas, sino de aprender a escuchar el corazón humano. El Espíritu Santo hace posible una comunicación que atraviesa barreras culturales, sociales y espirituales. Por ello, la Iglesia está llamada a preguntarse constantemente si sus espacios realmente permanecen abiertos para todos: para quienes creen con firmeza, para quienes dudan, para quienes observan desde lejos y buscan silenciosamente un sentido para sus vidas.

Por qué el Espíritu parece un misterio

Seguir el viento del Espíritu significa dejarse conducir por Dios. El Espíritu Santo no vino para convertirse en un misterio reservado a unos pocos ni en una experiencia reducida a ejercicios de autosuperación espiritual. Vino para señalarnos el camino, fortalecer nuestra humanidad y concedernos sus dones para vivir con mayor verdad, libertad y amor.

Los apóstoles comprendieron esta novedad y la transmitieron con su propia vida. Todo el Nuevo Testamento está atravesado por el dinamismo de comunidades que aprendieron a vivir unidas en medio de sus diferencias. La fe cristiana no se sostiene en el individualismo. Nadie puede construir el bien común sin hacer del Evangelio el fundamento de sus relaciones.

Una identidad auténtica

Dios ya ha dado a cada persona una identidad única; por eso, el verdadero desafío no consiste en aparentar originalidad, sino en responder de manera auténtica a la llamada de Dios. La oración personal encuentra su plenitud en la comunión fraterna. La intimidad de la comunidad es Cristo mismo, y la comunión alcanza su fuente más profunda en la vida del Dios Trino.

Pentecostés es, finalmente, la manifestación pública del Espíritu Santo que inaugura la Nueva Alianza. Desde ese momento, la Iglesia queda capacitada para anunciar las maravillas de Dios a todos los pueblos y para formar una comunidad viva en la fe, la conversión, el bautismo y la comunión. Allí donde el Espíritu encuentra puertas abiertas, nace siempre una vida nueva.


Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».


👉 La Pentecoste è un dipinto a olio su tela (249 × 167 cm) del Moretto, databile al 1543-1544 e conservato nella Pinacoteca Tosio Martinengo di Brescia.

Il dipinto, valutato positivamente solo a partire dalla critica novecentesca, è testimonianza del passaggio, nell'arte del Moretto, da forme rinascimentali a forme post-rinascimentali, fondendo i vecchi stilemi veneziani con particolari manieristici di scuola bresciana, con un attento utilizzo della luce nei suoi nuovi valori del tardo rinascimento.


domingo, 17 de mayo de 2026

VII Domingo de Pascua ( A): Ir, hacer discípulos, bautizar y enseñar: el dinamismo de la misión cristiana”

Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.


Ir, hacer discípulos, bautizar y enseñar: estos son los verbos de la misión cristiana. No se trata simplemente de una conclusión del Evangelio de Mateo, sino de un envío permanente. La Palabra de Jesús tiene un dinamismo que empuja, como el río que sigue su cauce, y siempre vuelve a presentarse como novedad para la vida del creyente.


ascensión del Señor

La Ascensión. Anónimo. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

VII Domingo de Pascua, Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A). Mateo 28, 16-20

Ir

La historia de la Iglesia está llena de hombres y mujeres que salieron de sí mismos para servir a los demás. Los misioneros dejaron su tierra, su cultura y sus seguridades para encarnar el Evangelio en otros pueblos. Allí descubrieron que la fe no es teoría, sino vida concreta; que la contemplación y la espiritualidad deben tocar la realidad de las personas.
Ir significa salir de la propia comodidad para construir comunidad. Significa reconocer que la fe no puede vivirse encerrada, sino compartida. El discípulo sale porque sabe que no camina solo: Cristo lo envía y promete acompañarlo.

Hacer discípulos

Para hacer discípulos, primero hay que ser discípulo. Nadie puede enseñar lo que no ha aprendido ni conducir a otros por un camino que no ha recorrido. Muchos descubren, en el servicio y en la misión, sus propias fragilidades espirituales e intelectuales. Allí se replantean su vocación y su relación con Dios.
Jesús mismo buscaba constantemente el silencio y la oración. Subía al monte para encontrarse con el Padre. Pero después de la contemplación regresaba al encuentro de la gente. Cuando Pedro quiso quedarse en la experiencia luminosa de la Transfiguración, Jesús lo hizo volver a la realidad.
La vida cristiana necesita equilibrio: contemplación y acción, oración y servicio. Separadas, se vacían; unidas, dan fruto.

Bautizar

Jesús manda bautizar «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». El bautismo no es una simple tradición social ni un requisito cultural; nace del mandato de Cristo y de la fe de la Iglesia.
Muchas veces se busca el bautismo por motivos secundarios: la presencia de un padrino, una costumbre familiar o incluso una exigencia escolar. Sin embargo, la razón profunda del bautismo es sacramental: introducir a la persona en la vida de Dios Trinidad y en la comunidad cristiana.

Enseñar

Enseñar es un servicio. Supone preparación, experiencia, estudio y vida interior. Un maestro, una religiosa, un catequista o un misionero no solo transmite información: forma personas y acompaña procesos humanos y espirituales.
Pero nadie puede enseñar sin antes aprender. Se necesita entrar en el misterio del ser humano para ayudarle a descubrir el misterio de Dios. La enseñanza cristiana exige formación intelectual, madurez espiritual y coherencia de vida.
En conclusión, hoy Jesús asciende al cielo, pero no abandona a sus discípulos. No nos deja huérfanos. Antes de partir, deja una misión clara: ir, hacer discípulos, bautizar y enseñar.
La Ascensión no es una despedida, sino el comienzo de la responsabilidad del discípulo. Cristo asciende, pero sigue actuando en la tierra a través de quienes anuncian su Evangelio con la palabra, el testimonio y la vida.

Conclusión del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

domingo, 10 de mayo de 2026

Reflexión VI Domingo de Pascua (A): “No los dejaré huérfanos”: el amor que permanece

"El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él".

La perseverancia te convierte en morada de Dios, en caminante tras el amor de sus mandamientos y su Palabra.

domingo, 3 de mayo de 2026

Reflexión para V Domingo de Pascua (A): Sostener la vida hoy, mañana y siempre

“Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.”

El Evangelio de hoy presenta una síntesis decisiva: camino, verdad y vida. No son conceptos abstractos, sino dimensiones concretas de la existencia humana.