Homilía y Reflexión

Homilía para "reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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“(...) por considerarse justos, despreciaban a los demás”

¿Sabes orar?

La pregunta parece sencilla, pero en realidad nos deja sin piso:
¿sabes orar?

En un mundo competitivo, donde uno presume de “saber de todo un poco”, la respuesta rápida sería: “sí, claro”.
Otros, en cambio, quizá dirían: “no”, porque nunca lo han intentado o no saben por dónde empezar.

La oración es un tema fuerte en el evangelio según san Lucas. Para él, la oración cristiana es una gran novedad… y también un motivo de escándalo.

Fariseo
The Pharisee and the Publican (De Farizeeër en de tollenaar), 1661, Barent Fabritius (Dutch Baroque Era Painter, 1624-1673), oil on canvas, 95 x 287 cm, Rijksmuseum, Amsterdam, The Netherlands. Large size here.



1. La novedad de Lucas

Lucas es autor del Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles.
No conoció personalmente a Jesús: bebió de la experiencia de san Pablo, como se ve en los Hechos, y según la tradición conoció también a la Virgen María. Por eso es quien mejor narra la infancia de Jesús, la visitación a Isabel, el Magníficat, la presentación en el templo… detalles que solo puede transmitir una madre o alguien muy cercano.

Lucas es un hombre de investigación:
no nació cristiano, se convirtió, viajó a Roma, conoció a Pedro y a Marcos. Su Evangelio está dirigido sobre todo a los no judíos, representados en ese “Teófilo” (“amigo de Dios”) del inicio de su obra.

Procede de un ambiente pagano, de una cultura donde la relación con la divinidad suele ser utilitarista: se ofrecen sacrificios para aplacar la ira de los dioses o para conseguir favores. Casi parece que la salvación depende de la ofrenda y de la iniciativa humana.

Cuando Lucas descubre a Jesús, la oración se le revela como algo completamente nuevo. Escucha cómo oraba el Señor, especialmente antes de las decisiones más importantes y antes de elegir a sus discípulos. Aprende de Él el valor de la oración de intercesión, de ponerse delante de Dios por otros. Así, la oración se convierte en encuentro consigo mismo, con los demás y con Dios.


2. El “ateo práctico” y la necesidad de orar

Podemos llamar “ateo práctico” a quien vive como si Dios no existiera, aunque tal vez no lo diga abiertamente. Suele ser agrio ante la oración, la ridiculiza o la considera inútil… aunque en el fondo la necesite.

La novedad para Lucas —y para nosotros— es que en la oración ya no se ofrecen cosas externas, sino la propia interioridad.
La salud espiritual ya no depende de ser privilegiado, sino de reconocer que somos criaturas de Dios:
el perdón vence al odio,
el amor vence a la venganza,
la humildad vence a la soberbia.

«Dios enaltece a los que se humillan y humilla a los que se enaltecen».

El ateo práctico no quiere orar porque la oración lo deja sin apoyos falsos:
no le gusta rascar en el silencio,
le teme a encontrarse consigo mismo.

En cambio, quienes descubren el sentido de la oración empiezan a notar frutos concretos:

  • ya no gritan tanto en casa,

  • no se desesperan por todo,

  • son más respetuosos y sensibles,

  • se identifican con los problemas de los demás y buscan soluciones.

La novedad no es simplemente “ser buenos” (también se puede ser buena persona sin fe), sino vivir con sentido de cielo, con vocación de santidad: algo que va más allá del mero optimismo, del voluntarismo, del positivismo o de la autosuficiencia. Es una vida apoyada en algo más que las propias fuerzas.


3. Una calidad de oración que escandaliza

También la calidad de la oración causa escándalo.

Los fariseos eran considerados muy religiosos:
famosos, fieles cumplidores de la Ley, puntuales en el diezmo.

Los publicanos, en cambio, eran vistos como traidores al servicio del Imperio Romano.

Pues bien, Jesús, en medio de un ambiente religioso, tiene la valentía de presentar como modelo de oración no al fariseo cumplidor, sino al publicano despreciado.
Es un escándalo para quienes se sienten seguros de su propia justicia. No es extraño que, ante este estilo de Jesús, acabaran decidiendo matarlo.


4. ¿Oras como el fariseo o como el publicano?

En nuestra oración podemos parecernos al fariseo o al publicano (cf. Lc 18,9-14):

  • El fariseo no se humilla, se compara, se siente superior. Habla con Dios, pero solo de sí mismo. Sus logros los vive como mérito propio, como prueba de autosuficiencia. En el fondo, parece que no necesita los favores de Dios y se comporta como si pudiera “dominarlo”.

  • El publicano, con mala fama y todo, se reconoce pecador. No se justifica, no se compara: se golpea el pecho, pide perdón y espera la misericordia de Dios.

La parábola está dirigida, precisamente, a “algunos que, por considerarse justos, despreciaban a los demás”.

Por eso, vale la pena revisar cómo es nuestra oración:

  • ¿Voy delante de Dios a demostrarle lo bueno que soy, o a dejarme mirar con verdad?

  • ¿Miro por encima del hombro a otros, o me reconozco tan necesitado como ellos?

La invitación de Jesús es clara:
recuperar la humildad que está inscrita en lo más hondo de nuestro ser,
caminar con esperanza desde lo sencillo,
vivir en la verdad de lo que somos —con luces y sombras—
y mantener un corazón lleno de gratitud por el amor incondicional de Dios.

Solo así la oración deja de ser un discurso vacío…
y se convierte en un verdadero encuentro que nos cambia por dentro.

Domingo Ordinario XXVII – Ciclo C (Lucas 17, 5-10) 6 de octubre de 2013
“Los apóstoles pidieron al Señor: – Danos más fe”


¿Cuáles son tus sueños? ¿Ya los realizaste? ¿Cuáles no, por qué? Estas preguntas se enganchan en la lectura de mis ilusiones. Desde el sueño de una buena dieta y una rutina en el gimnasio hasta los de escribir a tiempo este artículo, desde leer poesía hasta redactar la tesis que me falta, desde la angustia hasta el optimismo, desde el respeto hasta la práctica de las virtudes. Estos sueños laten cada día en el corazón, son aspiraciones difuminadas en el aire, que regresan para tener vida y, ojalá, en abundancia. Lo bueno es que los sueños pueden tener detractores pero nadie los puede evitar.

“Soñé que un día los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos amos se sentarían juntos en la misma mesa de fraternidad…” (Martin Luther King). Este sueño del Nobel de la Paz (1964) se cumplirá y por entonces el Papa Juan XXIII otorgó la canonización a San Martín de Porres (1962). Un poco antes Cristobal Colón soñó con descubrir al nuevo mundo, se desorientó en su viaje pero logró descubrir ese nuevo mundo que nos implica y está en nuestra historia. Los sueños se logran, con sacrificio pero nunca desmayando, a Luther King lo asesinaron (1968) y actualmente nos parece normal que Barack Obama sea el Presidente de Estados Unidos; los peruanos esperamos como tres siglos para que Martín de la Caridad sea declarado santo; Colón, espero como seis años para recibir el apoyo necesario de los Reyes Católicos (1492), y descubrirá recién en su  cuarto viaje (1502) las costas centroamericanas, y con ello la existencia de las llamadas “altas culturas” en el Nuevo Mundo.
Por ello, no dejemos de soñar, esto implicará confiar mucho en las virtudes y capacidades que Dios nos ha regalado. Sin embargo, nunca los objetivos son plenos al margen de Dios.
Confiar en uno mismo es difícil y en los demás se complica. Si analizamos en nuestra familia, la desconfianza ha dañado vidas, en los trabajos afecta a la productividad, en la vecindad algunos nunca dejan de pelear. La desconfianza hace sufrir a las personas “que se aman”; el orgullo puede más que la reconciliación, la soberbia más que la humildad, el prejuicio más que el entendimiento; la irá más que la paciencia,… ¡Necesitamos ser confiables!
Hasta los discípulos que están cerca sienten este vacío y le dicen a Jesús “Enséñanos a tener fe”. La fe va más allá de la confianza, es una respuesta, no se puede fingir la fe. En la confianza necesitamos ser confiables; en  la fe Dios ya es confiable, sólo falta creer. Es tan básico saber creer que Jesús antes de sanar a alguien siempre le pregunta “¿Crees que te puedo sanar?”. La desconfianza es causada porque la persona engaña sin escrúpulos y puede mirarte a la cara y decirte ‘te amo’, hace doble vida; en cambio la falta de fe es expulsar a Dios. El “piensa mal y acertarás” es propia de la desconfianza, pero en la fe es: “no me mueve mi Dios para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte,… aunque no hubiera cielo yo te amara y aunque no hubiera infierno te temiera”.
La fe es un don de Dios, de nuestra parte se necesita responder con caridad, con hechos concretos; sin condiciones; Todo lo que hagamos será sólo porque amamos el servicio. Así, la fe no tiene color, ni estatus, sólo tiene el amor de Dios. Haz algo, estamos en el año de la fe.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 5-10


En aquel tiempo, los Apóstoles dijeron al Señor:
–Auméntanos la fe.
El Señor contestó:
–Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.
Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor, cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa?»
¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid:
«Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»

Pasión por la verdad


La vorágine de la noticia sintetiza y hace actuar simultáneamente esta vocación que recorre las venas, bombea el corazón y oxigena el cerebro.


periodista

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¡Periodista! Sí, sin horarios, sin feriados, pura vocación, aventura humana, agenda inmediata, construcción de mensajes, búsqueda de sentido, corriente de opinión, mirada amplia, proactivo, innovador, luces, efectos, encuadres, cámaras, micrófonos, audífonos, grabadoras, programas, satélites, señal, al aire, grabando,… Más allá de los instrumentos, el aporte humano, el sentimiento, el arte, el patriotismo, el humanismo, la verdad, la justicia, la objetividad, la honestidad salen por los poros y se nutren con cada tecla, el roce del papel, el lapicero, la libreta, el celular,… 

Se tiene que vivir, deben brillar los ojos como los del que encuentra un tesoro, de esos que los buscas aunque percudas la camisa y la suela se gaste; de ese encuadre que nunca lo volverás a tener; hay que captarlo, siempre preparado para la oportunidad. Una mochila de novedades, de visiones distintas buscadas con el rigor y delicadeza de un arqueólogo, la perseverancia de la hormiga, la mirada de águila, la sencillez de la comunicación como las parábolas de Jesucristo.

En este día dedicado a ''La más noble de las profesiones o el más vil de los oficios'', un abrazo a los periodistas, profesionales y aficionados. La pasión por la verdad invade como un virus la existencia; en ese camino salvamos piedras y espinos con el casco soberbio de la mediocridad o con la desnudez de un niño sin prejuicios ni malas intenciones; como Adán y Eva antes o después de consumir la fruta prohibida, con fe o con la sola razón, con la búsqueda permanente o con el “copia”, “me gusta”, “compartir” de la anoréxica creatividad. Así somos, controvertidos, amados y aborrecidos como las palomas de Lima; pero nunca, eso sí nunca, lo que siempre he odiado es que nos traten como a pájaros volando tras la misma semilla, como palomas bebiendo de la misma fuente, alimentados de los mismos intereses; eso no es el bien común, no lo es, eso es servir a un señor, picotear su mano y reducir el vuelo a una cuantas manzanas de la ciudad.

Recientemente, el periodista italiano Eugenio Escalfari que se considera agnóstico recibió una carta extensa del Papa titulada “Recorrer juntos el camino” (4 setiembre 2013. En esta carta señala el Papa Francisco que la fe y la razón  han llegado a la incomunicabilidad, pero es indispensable relacionarlas: “se ve claro así que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al contrario, la verdad le hace humilde, sabiendo que, más que poseerla él, es ella la que le abraza y le posee. En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos» (n. 34: ECCLESIA 3.684 [2013/II], pág. 1090). En un diálogo abierto aparecen temas importantes para un periodista: la autoridad nacida del seno de Dios y con la cual Jesús predica, anuncia y denuncia, es criticado por su procedencia, incluso compromete su propia vida; la venida de Jesús tiene como objeto la comunicación, no la exclusión; “dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”.

Respecto a la verdad, el periodista considera que no existe una verdad absoluta. “Yo no hablaría –ni siquiera para el que cree– de verdad «absoluta», en el sentido de que «absoluto» es lo que está desvinculado, es decir falto de toda relación. En cambio, la verdad, según la fe cristiana, es el amor de Dios por nosotros en Jesucristo. ¡La verdad es, por lo tanto, una relación! Tan es así, que incluso cada uno de nosotros capta la verdad y la expresa partiendo de sí mismo: de su historia y cultura, de la situación en que vive, etc. Ello no significa que la verdad sea variable y subjetiva, antes al contrario. Pero significa que esta se entrega a nosotros siempre y solo como un camino y una vida. ¿No dijo tal vez el propio Jesús: «Yo soy el camino, la verdad, la vida»? En otras palabras, la verdad, al formar, en definitiva, una sola cosa con el amor, requiere humildad y apertura para ser buscada, acogida y expresada…”

Otro texto inspirador que se ajusta a la misión de un periodista por ejemplo es: “vivir y testimoniar a Jesús: a aquél que fue enviado por el  Abba «a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4, 18-19).

Un gran día del periodista, del profeta actual, de quien vive al servicio de la ciudadanía.

Domingo Ordinario XXVI – Ciclo C (Lucas 16, 1-13) 29 de septiembre de 2013

Opción por los pobres

Conga, Bagua, Oroya, los depredadores en la Amazonia peruana,… entre otros llamados "conflictos sociales" han sido fortalecidos por la participación de algunos obispos, religiosos y laicos católicos. Éstos han sido enjuiciados por atentar contra el orden público, calificados como comunistas, amenazados. Estos defensores no sólo quieren el respeto a los Derechos Humanos, sino principalmente que Jesucristo se siga encarnando y siendo una Buena Noticia a favor de los pobres, una sociedad en justicia y paz.


En los años 70, en pleno vigor de la guerra fría y en medio de agudas contradicciones políticas en América Latina, en el Chimbote de Arguedas, una conferencia daría inicio a la Teología de la Liberación, tan criticada, prejuiciada; acusada de querer dividir a la iglesia, de ser la voz del comunismo. En un retiro y en varias conversaciones le pregunté el tema a Fray Gustavo Gutiérrez, O.P. y él señalaba con lucidez el nacimiento de la TL en el Evangelio de Jesucristo, él tiene una opción preferencial por los pobres.

Entonces es claro el Evangelio del amor por los pobres está siendo retomado por la elocuencia y sencillez del Papa Francisco, quien recibió al P. Gustavo en una audiencia privada. Con un Papa argentino y un teólogo peruano con méritos de sobra, -especialmente porque supo arrostrar con humildad y coraje las duras críticas- se va cumpliendo la intuición del Beato Juan Pablo II: “América Latina es el continente de la esperanza”.

Es de la esperanza y nos queda tener absoluta confianza en Dios, no en la mera fama. Nos alegramos con humildad que Dios signifique su presencia como fuente de vida, de bendición y de ayuda. Para Jesucristo el Reino de Dios, la felicidad, la gloria, el sentido está en los pobres. Esto no es aceptado en nuestro interior por eso que hay iglesias que ligan el éxito económico a la bendición de Dios, convirtiendo a Jesús en el amuleto de los ricos.

Un ejemplo de esta actitud ya lo señala el profeta Amós (6), Sión y Samaria son los principales centros de culto, famosos y casi de categoría. Se ofrecen cultos a Dios justo pero niegan el apoyo a los desfavorecidos. Es más, se benefician de los pobres para enriquecerse. Han convertido al santuario en un amuleto. Considerarse dueños de Dios y merecedores de su bendición por la ofrenda que hacen; despreocuparse de la suerte del pueblo, abandonarse en banquetes, son comportamientos que si no cambian serán castigados como los otros pueblos. Su seguridad está en las jugosas ganancias pero el destierro por el imperio Asirio se encargó de llevar y saquear en las casas lujosas haciéndoles entender que la seguridad no está en forrarse de oro y plata, sino que la inversión debe ser a favor de los demás.

Los ricos deben sentirse tristes porque Jesucristo siempre les pone al filo del infierno. Pero el problema no es la riqueza, sino el mal uso de las riquezas. Si la riqueza está sólo orientada al disfrute personal y no a remediar los problemas humanos lleva a la perdición. El rico que no es presentado con un nombre determinado lo cual significa que puedo ser yo (aunque sin dinero). Entonces no es la riqueza, sino cómo administra su riqueza. El rico es un perfecto egoísta, se preocupa de pasarla bien, y no de ayudar al pobre que tiene a su puerta, ni siquiera se compadeció, es más ni le miraba porque el pobre no podía cruzar la puerta de la casa lujosa. Es un rico enfrascado en sus propios placeres, el brillo de las riquezas le ha deslumbrado, le ha ofuscado, vive al margen del amor verdadero. Esta es su tragedia.

Pero hay algo más, el rico no era malo, banqueteaba y vestía espléndidamente, eso no es pecado. Ante sus propios ojos, el rico se sentía disfrutando de la vida, en la tranquilidad de conciencia. Su único pecado es la omisión. Estos también son graves, omitir a las personas, hacerlas invisibles, ser inaccesibles.

La opción por los pobres es propio del evangelio de Jesucristo, hoy Lázaro encarna a estos preferidos, ser como ellos no es fácil, perder seguridades menos, pero no debemos permitir que la tragedia invada nuestra vida: sin Dios, sin sentido, engordando con la indiferencia, sal a tu puerta y siempre encontrarás un Lázaro, comparte tu pan, una palabra de aliento, no te pierdas la vida, tóma en serio a las personas.

Película


Domingo Ordinario XXV – Ciclo C (Lucas 16, 1-13) 22 de septiembre de 2013

“El que se porta honradamente en lo poco (...)”


Hoy la honestidad no se despega de la buena administración. No somos dueños, sino administradores de nuestro tiempo, afectos, amistades,… esa libertad es un camino a la autenticidad.
En mi habitación puedo dejar caer todavía sin preocupación las monedas, nadie ingresa y recurro al piso cuando necesito algunas; es como un gesto de mi despreocupación por el dinero. “La moneda que se cae hay que entregarle a su dueño o preguntar de quién es”, nos aconsejaba mi mamá, incluso uno podía ser castigado si no hacía respetar esta norma de buena convivencia en el hogar, en la escuela y en todas partes.
Sin duda, la administración se desarrolla de manera exitosa cuando se lleva con transparencia y honradez. El profesor de moral fundamental decía que el dinero es el ‘estiércol del diablo’ para prevenirnos del cuidado, del mal olor, asfixiante y fácil de enlodarse. Los escándalos por la mala administración de parte de las autoridades, los diezmos, los gastos de representación, los incentivos, los viáticos, entre otros gastos se convierten, con frecuencia, en una oportunidad para enlodarse en la piscina de la avaricia. Un aparente respiro va tupiendo nuestras narices con la codicia fratricida de unos soles, pesos, dólares,…
La codicia opresiva, descontrolada en el consumismo se refleja cada día. Por ejemplo: prestas dinero, no te quieren devolver; estafadores al telefonazo, vendiendo gato por liebre; inescrupulosos cobrando a los pobres lo que no les corresponde; cómplices mezquinos cargando el peso a los más indefensos. Es preocupante, cuando las cuentas no son claras, de seguro, ya se está adorando a dos señores, se está haciendo una caja secreta o distribuyendo por dos cajas, desvalijando a una, a la más ingenua. El profeta Amós dice: “Escuchen esto los que exprimen al pobre, despoján a los miserables,… Disminuyen la medida, aumentan el precio, usan balanzas con trampa, compran por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la Gloria de Jacob que no olvidará jamás sus acciones”.(8, 4-7). El clamor de los pobres será un delirio de infelicidad aunque con la barriga llena y la persona puede ser tan pobre que lo único que tiene es dinero.
La sagacidad del administrador le ha permitido acumular riqueza, si medida. Pero ha llegado la hora de dar cuentas y no se ha percatado de lo importante y sustentable en el tiempo: la aceptación de los demás. Se va quedar con las manos vacías porque a su gestión le comienza a inyectar prudencia, sabiduría y equidad con los deudores. La riqueza le resulta engañosa, la auténtica es hacer amigos, hacer el bien a los necesitados. La Mammona (dinero) brinda una aparente seguridad pero roba la armonía y equidad. Es mejor servir al Señor haciéndose amigo de los hombres. El administrador ante la pérdida de su puesto encontró una forma de garantizarse un futuro. Una corrección a posteriori de su gestión ha puesto en evidencia la injusticia con los pobres.
“Todo lo que se puede comprar con dinero es barato”. ¿Quién puede comprar el abrazo de un ser querido que ha fallecido? ¿O el perdón verdadero de una persona a la que hemos hecho daño? ¿O la salud? No debemos olvidarnos de las cosas cuya gestión también requiere nuestro esfuerzo, y que a veces descuidamos.

Domingo Ordinario XXIII – Ciclo C (Lucas 14, 25-33) 8 de septiembre de 2013
El verdadero discípulo de Jesús tiene que amar lo que él ama.
Una agenda llena es imagen de un gran trabajador y eso sí ama Dios. Pero hay agendas sin tiempo para Dios. Al finalizar la jornada regresamos como máquinas programadas a nuestros hogares, al mismo sillón, la búsqueda inútil de algo interesante en los canales denigrantes. La almohada no siempre puede responder a las grandes preguntas, las preferencias, los proyectos,… ¿quién soy? ¿Qué soy frente a Dios? ¿Quién soy frente a la economía? El sentido de la vida y la libertad no está en la agenda de un Smartphone.
Caminamos apurados buscando saciar nuestra vida, hay un deseo natural de trascendencia, llevamos algo en el corazón, y punza urgente en el correr de los años, parece que la vida se escapa. Por ello, algo tiene que vivir, nunca con los conservantes de la comida rápida para triplicar la durabilidad.
Esta sed es la de la libertad. Se cuenta que mientras Pablo estaba prisionero  llega un esclavo, Onésimo, que había huido de la casa de su patrón, Filemón. El esclavo se hace libre espiritualmente, se convierte al cristianismo. Pablo entiende perfectamente, y busca también su libertad social. No había, en aquel tiempo, una propuesta “jurídica” ante el terrible problema de la esclavitud. Entonces Pablo recurre a Filemón para pedirle que trate al esclavo como a un hermano porque también es hijo de Dios con todas sus consecuencias.
No hay peor lacra en la esclavitud que el sentirse esclavo y sin salida. Pablo, Onésimo, Filemón, son hijos de Dios y fieles seguidores de Jesucristo y, por tanto, marcan una característica importante como propuesta para ser libres. Tratarnos como hijos de Dios, lo somos.
 Para ser libres hay que liberarse o ser liberados. Cada día andamos atados por los compromisos, las responsabilidades, el trabajo; los afanes aparentan agilizar nuestras manos, nuestro cerebro, nuestra vida. ¿No es triste pretender ser libre cuando uno libremente ha cavado su esclavitud? ¿Hay oportunidad para construir la libertad? Sí. San Pablo entendió bien la libertad cristiana, se dio cuenta que no podrá ser el gran apóstol si está dominado por las preferencias familiares, las ataduras sociales y culturales.
Radicaliza la libertad. No significa que odia a su familia, la sigue amando pero no en el sin sentido de la glotonería y la ambición; crueles cadenas de esclavitud y “grandes cruces” en las familias que se desintegran porque no ven la utilidad de ser libres. Las esclavitudes suelen ser cunas abrigadas, engañosas, con proyecciones pero siempre tienen como centro el egoísmo porque es un proyecto meramente humano, Dios no aparece. ¿Qué es le hombre frente a Dios?
En esta sed de libertad, nos queda pedir la capacidad para discernir y pensarlo bien cuando queramos  construir una torre, cuando – como el rey- pretendamos ir a la guerra. Esta radicalización parece escandalosa, pero la buena nueva está en que con esas grandes renuncias puede mejorar el bien común, solucionarse la pobreza, destruir la injusticia. El mundo es injusto por culpa de los que aman la riqueza y el poder. Sacrificamos vidas por culpa del egoísmo. Estas preferencias, a veces,  nos enseñan en la familia, ¿lideres? en ese sentido Jesús pide una renuncia radical a la familia. Así es, el Reino de Dios es un escándalo.
En consecuencia, para la actitud de los cristianos en el mundo contra la injusticia, la guerra, el mercantilismo o una globalización inmisericorde, debe ser la verdadera alternativa de identidad. Si no lo hacemos, por no traicionar el entorno de “los nuestros”, habremos perdido nuestra identidad como seguidores de Jesús y de su evangelio.
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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

Gracias por leer y compartir, no olvides comentar.

Javier Abanto Silva
javierabantosilva@gmail.com

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