XXIII_B-Abrete- Comunicación con Dios

Domingo XXIII del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 7, 31-37) 9 de septiembre de 2012


El mejor equipo de comunicación

“Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad”

 “El, apartándolo de la gente a un lado,
le metió los  dedos en los oídos
y con la saliva le tocó la lengua.
Y mirando al cielo, suspiró y
 le dijo: –Effetá (esto es, «ábrete»)”.

“El piano de Mozart tenía 85 teclas, entre blancas y negras. Y con ellas, el genio austriaco tocó los más extraordinarios conciertos jamás escuchados. Existe otro piano, un piano maravilloso, difícil de imaginar... ¿Quieres conocerlo?... El pabellón de la oreja parece una montaña rusa en miniatura.... Vueltas y vueltas para captar los sonidos por donde quiera que vengan... Ahora entramos al oído por un túnel estrecho, muy estrecho... Al final, una ventana herméticamente cerrada... Es el tímpano. El tímpano es como un tamborcito. En su membrana, bien estirada, rebotan las ondas sonoras. Detrás del tímpano, encontramos tres huesitos, los más pequeños del cuerpo humano: martillo, yunque y estribo. Sirven como amortiguadores y amplificadores del sonido. Y nos conducen a otra ventana... Ante nuestros ojos, el salón de música más increíble que se haya soñado... ¡el caracol del oído! En el centro, un piano fantástico. Pero no de 85 teclas como el de Mozart. Éste tiene 25 mil. Y su teclado, conocido como el órgano de Corti, no ocupa más de 25 milímetros de longitud. ¡25 mil teclas en 25 milímetros! Cada una de ellas está conectada con el cerebro a través de un hilo delgadísimo. Todos los hilos, unidos, forman el nervio auditivo. Las ondas sonoras que llegan del exterior hacen vibrar la membrana del tímpano. Vibran también los huesitos y vibra la endolinfa, el líquido que llena el caracol del oído. Y estas vibraciones mueven una u otra de las 25 mil células auditivas. En los lóbulos temporales del cerebro, mediante una alquimia asombrosa, las ondas sonoras se convierten en palabras de amor, en poesía, en ruidos, en música, los más diversos significados traducidos en milésimas de segundo. Ningún equipo de sonido logra una perfección semejante” (El mejor equipo de sonido. http://www.radialistas.net/clip.php?id=1300014) “Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad”


La maravilla del oído no puede privarse de la voz de su Creador, tampoco de los ritmos universales, menos de los sonidos naturales de nuestro mundo vital. No se puede ser sordo a las Buenas noticias, a palabras de esperanza en nuestro interior desolado, a la voz confiable para nuestro angustiado corazón, a las aguas abundantes en el desierto, a los torrentes en la estepa.

Cómo no va vibrar nuestra realidad humana ante las palabras llenas de misericordia en nuestro mundo utilitarista, Dios trastoca los planes de quienes se le enfrentan y sostiene la vida de quienes le buscan. Es un abrazo capaz de abrirse incluso clavado en la cruz. Y suena atrevido hoy decirlo que esos brazos son para todos, para quienes reniegan, lo niegan y le insultan (blasfemia); para fríos, tibios y calientes; para coherentes, lejanos e hipócritas. Hoy es mi oportunidad, “oído a la música”.

Jesús es capaz de meter la mano donde se ha perdido toda comunicación con él, ora a su Padre amoroso. Una incomunicación que hace sufrir, nos sumerge en la insatisfacción, nuestro corazón quiere bailar y no tiene pañuelo, nuestra sed no es calmada por el batido tropical más caro de “Mistura 2012” ni por la chicha más primitiva de algún “huarique”. Anhelamos un sonido y un sabor, Divinos.

Jesús impone las manos, ora a su Padre y hace lo que ningún judío se hubiera atrevido: introducir los dedos en los oídos del enfermo y tocar con saliva su lengua. Se pone en comunicación con el Padre para decir ¡Ábrete! Así, Jesús se involucra, recrea y hace posible que la vida sea nueva, con capacidad de una relación renovada con Dios como los semejantes. Al enfermo se le abren los oídos y se le suelta lengua.

“En el colmo del asombro decían:
Todo lo ha hecho bien:
hace oir a los sordos y hablar a los mudos.
 Además sin publicidad:
 ‘les mandó que no se lo dijeran a nadie’.
Es la conducta del amor sincero:
 ‘el amor es paciente y bondadoso,
no tiene orgullo ni jactancia’.
Gracias, Cristo nuestro, por todo el amor del mundo”.
(Homilética 2006/5. P 474.)

Les recomiendo, refrescar mirando el siguiente video: un cortometraje sobre el árbol de la música:

Es la historia de una niña que quiere aprender a tocar el violín pero su maestro le enseña a apreciar la música le rodea
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