Homilía y Reflexión

Homilía para "Reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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"Nos reúne hoy un feliz acontecimiento: la inauguración de un mosaico dedicado a la Santísima Virgen María y de una imagen de Santa Rosa de Lima aquí en los Jardines Vaticanos. Este gesto renueva los profundos lazos de fe y amistad que unen al Perú —como saben un país tan querido para mí— con la Santa Sede." (Papa León XIV)

Santa Rosa jardines Vaticano



El sábado 31 de enero de 2026, Papa León XIV presidió en los Jardines Vaticanos la inauguración y bendición de dos piezas dedicadas al Perú: una imagen/estatua de Santa Rosa de Lima y un mosaico mariano que reúne advocaciones con las que la Virgen es venerada en el país. 

El trasfondo inmediato es eclesial y pastoral: el acto cierra la Visita ad limina de los obispos peruanos. Por eso, además de ser una inauguración artística, es un gesto “institucional” de comunión entre Iglesia local y Sede Apostólica, aunque nunca se dudó. 

Las obras, según la crónica, fueron impulsadas por la Conferencia Episcopal Peruana y realizadas por jóvenes de la "Familia de Artesanos Don Bosco"; la estatua fue esculpida por Edwin Morales con travertino blanco de Huancayo. 

Significado del evento

Este tipo de actos en los Jardines Vaticanos funcionan como “memoria visible” dentro del espacio simbólico central de la Iglesia: no se trata solo de colocar una obra, sino de insertar una historia de fe —la peruana— en el corazón del catolicismo. En la misma ceremonia se explicitó así: el gesto “renueva los profundos lazos de fe y amistad” entre el Perú y la Santa Sede. 

Hay, además, una lectura pastoral muy clara: la inauguración es utilizada como plataforma para un mensaje que trasciende lo local. El Papa no se queda en el homenaje cultural, sino que lo convierte en una catequesis pública sobre la santidad cristiana hoy: “testimonio y ejemplo… en el mundo de hoy” y “nuestra propia santificación”. 

Mosaico perú

Finalmente, el evento condensa una identidad peruana católica “en mosaico”: diversidad regional y devocional articulada en torno a un mismo centro (Cristo, con María como figura de referencia). El mosaico, de hecho, está diseñado precisamente para mostrar esa pluralidad unificada: arriba la Virgen de la Puerta; al centro la Inmaculada; a la izquierda la virgen de la Candelaria; y a la derecha advocaciones marianas asociadas a protección (Merced, Carmen, Evangelización). 

RaiNews subraya el vínculo personal del pontífice con el país y menciona su etapa como obispo en Chiclayo, interpretando la intronización como un hito para el “camino mariano” en el Vaticano y un momento de fuerte emoción comunitaria.

Vocación a la santidad

En el discurso oficial del acto, la clave es la “vocación universal a la santidad”: el Papa conecta explícitamente las dos figuras —María y Santa Rosa— con una tesis central del Concilio Vaticano II, citando la constitución dogmática Lumen gentium: “todos los fieles… están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad”. 

Ahí aparece una idea teológica fuerte: la santidad no es un nicho, no es para especialistas o élites espirituales; es una vocación bautismal y concreta que se verifica en “la gloria de Dios y el servicio del prójimo”. Dicho de otro modo: el punto no es admirar una estatua, sino dejarse interpelar por lo que esa vida —y esas devociones— significan para el propio estilo de vida cristiano. 

También hay un segundo componente identitario: la catolicidad como comunión. La ceremonia integra obispos, diplomacia, vida consagrada y fieles; y el Papa agradece a los artistas y a la familia salesiana, situando la belleza artística dentro de una visión sacramental del mundo (“todo nos habla del Creador y de la belleza de lo creado”). 

Santa Rosa como Terciaria Dominica

La estatua fue concebida con una simbología programática, y ahí se ancla el hilo dominicano. La crónica explica que:

  • el rosario “evoca su pertenencia a la Tercera Orden de los Dominicos”; la Virgen del Rosario convertida en la Virgen de la Evangelización peruana.

  • el ancla funciona como signo de esperanza y remite a un episodio de protección de Lima (1615), reinterpretado en clave de esperanza (con mención del Jubileo 2025); (el Presidente de la Conferencia Episcopal sugiere la protección ante la corrupción y el sicariato que flajela al Perú)

  • la rosa remite a su nombre y a su identidad espiritual. La primera flor de santidad hispanohablante en el jardín. 

Esa referencia a la terciariedad no es un detalle ornamental: coloca a Santa Rosa dentro de una familia espiritual concreta, la de la Orden de Predicadores, y deja entrever un modo dominicano de vivir la santidad: oración intensa, amor a la verdad, piedad mariana (rosario) y una caridad que se vuelve testimonio.

Incluso el “momento” representado por la escultura —la escena mística en la iglesia de Santo Domingo de Lima, vinculada a la Virgen del Rosario— refuerza ese perfil: Santa Rosa aparece como una santa profundamente eclesial, enraizada en una tradición de predicación y contemplación que no se agota en lo interior, sino que irradia hacia la comunidad. 

En síntesis, la figura de Santa Rosa, leída como terciaria dominica, hace de bisagra entre tres planos: la identidad dominicana (pertenencia y espiritualidad), la identidad católica (santidad universal y caridad), y la identidad peruana (devoción plural con unidad de fe). Y justamente por eso el evento —más que una noticia de protocolo— se entiende como un signo: un recordatorio público de que la santidad es posible “aquí y ahora”, y que la fe de un pueblo puede dialogar con la universalidad de la Iglesia sin perder su propio rostro. 

Fuentes:

León XIV. “Inauguración de un mosaico mariano y de una estatua de Santa Rosa de Lima (Perú) (31 de enero de 2026).” Vatican.va. 31 de enero de 2026. Consultado el 1 de febrero de 2026. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/january/documents/20260131-inaugurazione-mosaico-statua.html.

Martinez, Renato. “El Papa: Todos están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la caridad.” Vatican News. 31 de enero de 2026. Consultado el 1 de febrero de 2026. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-01/papa-leon-xiv-inaugura-bendice-imagen-santa-rosa-de-lima-mosaico.html.

Martinez, Renato. “Santa Rosa de Lima y las Advocaciones Marianas del Perú en los Jardines Vaticanos.” Vatican News. 31 de enero de 2026. Consultado el 1 de febrero de 2026. https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2026-01/santa-rosa-de-lima-advocaciones-marianas-peru-jardines-vatticano.html.

Montoya, Roberto. “Papa Leone XIV presiede nei Giardini Vaticani l’intronizzazione dell’immagine di Santa Rosa de Lima.” RaiNews. 31 de enero de 2026. Consultado el 1 de febrero de 2026. https://www.rainews.it/articoli/2026/01/papa-leone-xiv-presiede-nei-giardini-vaticani-lintronizzazione-dellimmagine-di-santa-rosa-de-lima-d8f80eab-8870-4210-97ad-997d6f1a5483.html

“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”

Las bienaventuranzas suelen confrontarnos la vida, la fe y la confianza en Dios. Sin ellas no podemos construir el Reino, no nos edificamos.

Sermon del monte
El Sermón de la montaña. Carl Bloch, 1877.

IV Domingo del tiempo ordinario-Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Eres bienaventurado

Las bienaventuranzas son ocho mensajes vivos para hombres y mujeres de hoy. Jesús sube a la montaña, como Moisés, para mostrarnos el sentido profundo de lo que estamos llamados a hacer y a vivir. No habla solo para un pueblo “elegido”, sino para toda la humanidad. Habla también para ti.

En este sentido, tú eres bienaventurado, tú eres bienaventurada.

La palabra de Jesús despierta en tu interior una curiosidad distinta, como una lámpara que enciende luz en medio de tus oscuridades. Poco a poco te vas disponiendo a meditarla, a darle crédito, a confiar en que viene de Dios. Te toca el corazón y te trae una mezcla de paz, desafío, consuelo, bendición, seguridad.

Intuyes que tu corazón está siendo morada, no del odio ni de la indiferencia, sino del mismo Dios.

 ¿Qué hacen los bienaventurados?

Los bienaventurados no se quedan de brazos cruzados.

Comienzan, a tiempo y a destiempo, a trabajar por el Reino de Dios:

• En lo cotidiano buscan actuar con justicia.

• Promueven la paz en su familia, en su entorno, en su comunidad.

• Sostienen la alegría, incluso en medio de las pruebas.

• Oran agradecidos y piden con confianza.

Su vida adquiere un matiz nuevo, un espíritu transformador. Perciben que vale la pena seguir luchando, que su presencia en el mundo no es pasiva, sino constructiva.

 

Bienaventurados…

• Los pobres en el espíritu

Son ricos en humildad. Reconocen que lo que son y tienen viene de Dios, y así se vuelven capaces de transformar el mundo desde abajo, sin imponerse, sin aplastar a nadie.

• Los mansos

No son débiles; son fuertes de otra manera. Saben administrar la tierra, cuidar la creación, hacer fecunda la semilla de Dios sin recurrir a la violencia.

• Los que lloran

Lloran por sus pérdidas, por sus heridas, por las injusticias… pero han descubierto que su futuro no depende solo de sus fuerzas, sino de Alguien que los supera en bondad y amor.

• Los que tienen hambre y sed de justicia

Llevan dentro un fuego que no se apaga. Trabajan por reconstruir un mundo roto por la indiferencia y la dureza de corazón. No se resignan al “siempre ha sido así”.

• Los misericordiosos

Van comprendiendo que su corazón está habitado por Dios. Por eso pueden perdonar, acoger, levantar a otros. Y en ese mismo gesto se ven colmados por una alegría que el mundo no puede dar.

• Los limpios de corazón

Descubren que ven más allá de sus pupilas: más allá del velo de la incredulidad y del egoísmo. Identifican los destellos de Dios en la vida diaria y reconocen la luz de la verdad.

• Los que trabajan por la paz

Saben que su tarea nunca termina, pero también que sería peor no empezar ni continuar. Son llamados hijos de Dios porque construyen paz donde otros siembran división, aunque los fratricidas lo dificulten.

• Los perseguidos por causa de la justicia

Siguen forjando justicia aun cuando les cuesta caro. Su vida se vuelve voz profética que anuncia el Reino y denuncia el mal, aunque eso les genere rechazo.

 

¿Y tú?

Jesús termina preguntándonos, de alguna manera:

“¿Y tú? ¿Estás entre los que reciben insultos, burlas, rechazo o persecución a causa de tu fe, de tu opción por el Evangelio, de tu compromiso con la justicia?”

Si es así, bienaventurado, bienaventurada,

porque no estás solo, no estás sola:

Dios camina contigo, te sostiene, te defiende.

No podrán contra ti, porque la última palabra no la tienen el odio ni la injusticia,

sino el amor fiel de Dios, que te mira hoy y te dice:

“Alégrate y regocíjate,

porque tu recompensa es grande en el cielo”.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu,

porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos,

porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran,

porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,

porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos,

porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón,

porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz,

porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».


 “Vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres”

Hoy la luz irrumpe en medio de un pueblo que vive alejado de Dios. Jesús comienza a predicar y a mostrar que existen un cielo, un Dios cercano, un Reino de justicia. Este acontecimiento no es un detalle más en la historia: exige un cambio profundo en los sentimientos y pensamientos de los seres humanos.

llamados

The Calling of the Apostles Peter and Andrew - 1308-1311- Duccio di Buoninsegna

III Domingo del tiempo ordinario - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Una oportunidad para el cambio

La vida, de cuando en cuando, necesita ser oxigenada, dinamizada, iluminada. Sin embargo, esos “cambios radicales” no bastan si no tienen un motivo más grande, si no asumimos, en conciencia, la oportunidad de mirarnos a fondo:

• para descubrir el agua interior en medio de tanta sequedad existencial,

• para reconocer quién es Aquel que realmente puede cambiar la vida.

Muchos se dan a sí mismos nuevas oportunidades; ejemplos sobran. Pero, cuando se intenta hacerlo al margen de Dios, el riesgo es quedar atrapados en la misma rueda de siempre: las mismas esclavitudes, los mismos vicios, las falsas ilusiones, los engaños con etiqueta de felicidad.

El evangelio según san Mateo nos presenta este momento como una gran oportunidad de cambio, con una motivación decisiva: todo lo que anunciaron los profetas se cumple en Jesús.

Él es la oportunidad de salvación para Pedro y Andrés, para Santiago y Juan… y también para ti.

Anunciar la Buena Noticia

A todos nos gustan las buenas noticias. De las malas ya estamos saturados; cada vez queremos sufrir menos. El gran desafío es discernir qué es realmente una buena noticia:

• algo que riegue nuestro corazón, incluso con lágrimas,

• que entusiasme nuestro futuro,

• que nos convenza de que responde a la sed más profunda de nuestra vida interior.

Jesús anuncia la Buena Noticia a Pedro, Andrés, Santiago, Juan y a todos los que le escuchan. Ellos intuyen que no se trata de una simple excursión entre amigos, ni de un juego de exploradores, y mucho menos de un grupo de guerreros que, a pedradas, expulsarán al imperio opresor. La alegría que sienten es otra: una mezcla de ilusión y desconcierto, entre lo que imaginan que puede ser y lo que irán descubriendo que realmente es.

Renunciar o no renunciar

Quien sigue a Jesús sabe que renunciar forma parte del camino. Todos, de alguna manera, renunciamos o nos privamos de algo, pero en este caso la renuncia alcanza a la misma vida. No van de paseo, dispuestos solo a “ver qué hay”; van dispuestos a entregar la vida, a afrontarla como Jesús la presenta y la guía: con sus alegrías, sus dudas, sus tristezas, sus conflictos…

Poco a poco aprenderán de Él y llegarán incluso a estar dispuestos a dar la vida por sus propias convicciones.

Ese es también nuestro reto hoy:

• saber donar el tiempo,

• gastar las fuerzas,

• entregar la vida al servicio del anuncio del Evangelio,

al anuncio de la Buena, y no de la mala, Palabra.

Que este domingo, al escuchar de nuevo: “Vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres”, renovemos nuestra disponibilidad para seguir a Jesús y dejarnos transformar por Él, para que nuestra vida misma se convierta en una buena noticia para los demás.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles.

El pueblo que habitaba en tinieblas

vio una luz grande;

a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,

una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

«Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.


“He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”

Señor Jesús, Cordero de Dios,

que quitas el pecado del mundo,

abre nuestros ojos para reconocerte

presente en medio de nosotros.

Enséñanos la humildad de Juan el Bautista,

para no predicarnos a nosotros mismos,

sino señalarte siempre a Ti

como el único Salvador.

Que tu Espíritu renueve en nosotros

la gracia del bautismo,

nos libere del pecado que nos ata

y nos haga vivir como verdaderos hijos de Dios.

Amén.

Juan Bautista

Tríptico abierto: Busto de Cristo, san Juan Bautista y san Pedro. Cerrado: San Juan Evangelista y santa Columba. Antoniazzo Romano. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

II Domingo del tiempo ordinario-Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Un profeta mensajero

Juan el Bautista, fiel a su estilo humilde, rompe las expectativas de los espías enviados para controlarlo. Por un lado, los tranquiliza cuando afirma que no es alguien de quien deban tener miedo, que no es el Mesías, sino solo un servidor. Pero, al mismo tiempo, los llena de inquietud cuando añade:

"Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno al que ustedes no conocen, que viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia" (Jn 1, 26-27).

Juan no será el gran problema para los guardianes del templo ni para Herodes, pero su palabra conserva toda la fuerza del espíritu profético. Habla de lo que ha visto y oído, en nombre de Dios, con una autoridad que pesa más que las preguntas temerosas de quienes lo vigilan.

Como profeta, Juan da testimonio de que el bautismo en agua que él administra es solo un signo: manifiesta la voluntad de conversión del pecador y su súplica de perdón dirigida a Dios. Pero él sabe –y lo anuncia con claridad– que este bautismo está destinado a ser superado por otro más grande: el bautismo que no solo sumerge en el agua, sino en el mismo Espíritu de Dios.

"El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29)

Cuando Juan señala a Jesús como «el Cordero de Dios», evoca la memoria de la Pascua: el cordero inmolado cuya sangre salvó a los israelitas del ángel de la muerte en Egipto. Ese cordero era signo de liberación y paso de la esclavitud a la libertad.

Además, Juan habla del «pecado del mundo», no solo de las faltas individuales, sino de todo aquello que se opone a Dios: el poder del Mal, el influjo de Satanás, las estructuras de pecado. Y no duda en afirmar que Jesús, el Hijo de Dios, es el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo.

La misión del Cordero de Dios se cumplirá en la nueva Pascua, cuando Jesús sustituya el sacrificio del cordero pascual por el sacrificio de su propia vida. Su entrega en la cruz merecerá de Dios el perdón de los pecados de toda la humanidad, desde Adán hasta el último hombre.

Todo esto es posible porque el Hijo eterno de Dios –que por eso es "primero" que el Bautista en todos los sentidos, incluso en el tiempo– se hizo carne. Asumió nuestra humanidad para hacer de nosotros, si lo acogemos con fe, hijos de Dios a su imagen.

La vida llama

Para nuestra vida, esta página del Evangelio nos invita a dos cosas muy concretas:

• A mirar a Jesús como el Cordero de Dios, el único que puede quitar de raíz el pecado que nos ata.

• Y a aprender de Juan el Bautista la humildad del verdadero testigo: señalar a Cristo, no a nosotros mismos; prepararle el camino en el corazón de los demás, sabiendo que el protagonista de la salvación no somos nosotros, sino Él.

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo:

«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.

Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:

“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.

Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».


“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”

Juan el Bautista nos da mensajes de humildad y cuestiona la poca capacidad de conversión en nuestros días. Es la desgracia de cada criatura que quiere anular a su creador.
Bautismo de Jesús
Bautismo de Cristo. Herp, Willem van II. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado
El Bautismo del Señor-Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Juan Bautista, desconcertado ante la humildad de Dios

El bautismo que ofrece Juan Bautista es un gesto penitencial: implica reconocer el propio pecado, arrepentirse y decidirse por una vida nueva, más justa y coherente. El agua purifica y simboliza un nuevo comienzo. Sin embargo, Juan queda profundamente desconcertado cuando ve a Jesús haciendo fila entre los pecadores para ser bautizado. Él mismo quisiera ser bautizado por Jesús.
El profeta que había impactado a muchos con la austeridad y la humildad de su vida queda ahora impactado por una humildad aún mayor: la del Hijo de Dios. Jesús “se rebajó” para hacerse uno de nosotros y aceptó solidariamente nuestra condición humana, anticipando ya el camino de la cruz (cf. Flp 2,7). Este gesto desconcierta porque revela un Dios que no se impone desde lo alto, sino que entra en comunión con la humanidad desde abajo. Su anonadamiento manifiesta su perfecta sintonía con el Padre y con los hombres, y recibe la confirmación divina: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mt 3,17).

La importancia del Bautismo

Los sacramentos nacen del misterio pascual de Cristo. De su costado abierto brotaron sangre y agua: vida nueva para el mundo. En el bautismo cristiano se derrama el amor de Dios y se inicia la vida de la gracia, la misma vida de Cristo, entregada al servicio de los demás. Como afirma san Pablo: “Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y formar para sí un pueblo puro, fervoroso en buenas obras” (Tt 2,14).
En el bautismo recibimos el fundamento de la vida, el sentido profundo de nuestra existencia y la orientación hacia la vida eterna. ¿Cómo privar a un niño de este horizonte trascendente? Todo ser humano es amado por Dios desde la eternidad y puede decir con verdad: “El Señor me plasmó desde el seno materno para ser suyo” (cf. Is 49,5).
Con frecuencia nos lamentamos de la violencia, la desunión y la pérdida de valores en el mundo, pero al mismo tiempo bloqueamos el acceso a la comunión con Dios. El anhelo profundo de la criatura por conocer a su Creador queda sofocado por ideologías que confunden libertad con vacío espiritual. ¿Cómo pedir discernimiento si se ha negado la luz interior? ¿Cómo hablar de humanidad, diálogo y esperanza si se ha debilitado la semilla de la fe? ¿Cómo valorar la familia como Iglesia doméstica si se la vacía de su dimensión espiritual?

Una oración necesaria

En este día, elevemos una oración profunda por quienes necesitan fortalecer su fe y redescubrir la belleza de su vida cristiana; por quienes luchan por permanecer fieles a Cristo, sacerdote, profeta y rey; por las familias y las comunidades llamadas a ser espacios de fe viva.
Que la Virgen Madre acompañe a todos sus hijos en el camino de maduración humana y espiritual, fortalezca la salud del cuerpo y del alma, y nos ayude a ser testigos creíbles de santidad, amor y esperanza en el mundo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

"Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia"

La Palabra divina existe antes de la creación, pues no es una realidad creada, sino creadora de todo cuanto existe. El prólogo del Evangelio de Juan, denso en símbolos y significados, ofrece una síntesis teológica del conjunto de su Evangelio, al presentar a la Palabra eterna como principio de vida, luz y salvación.

Juan BautistaSan Juan Bautista en un paisaje- Maíno, Fray Juan Bautista - Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

II Domingo de Navidad - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Esta Palabra creadora y eficaz se manifiesta de modo culminante en la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios. En ello se funda la dignidad humana, la singularidad irrepetible de cada persona y su pertenencia a una totalidad querida por el Creador. La historia de la salvación revela, además, un misterio aún más profundo: Dios mismo se hace hombre en Jesucristo. El ser humano, creado inteligente y libre, es así llamado a ser artífice responsable del bien y del mal, capaz de discernir y de elegir.

Hombre de fe

A lo largo de la historia, el ser humano ha desarrollado la técnica, la ciencia y múltiples formas de progreso. Sin embargo, como criatura, no puede prescindir de su Creador. En lo más profundo de su interioridad, el corazón humano anhela descubrir su origen y su sentido último. En este camino, la Palabra del Creador orienta y acompaña; más aún, la Palabra hecha carne, Jesucristo, se presenta a sí mismo como camino, verdad y vida para toda la humanidad.

El lenguaje humano puede comprenderse dentro de una evolución histórica y cultural; el lenguaje de Dios, en cambio, solo puede manifestarse plenamente como amor dirigido a la humanidad. En Cristo, Dios no solo habla, sino que se entrega.

Hombre de bien

El ser humano ha sido creado para el bien, pero no se trata de una mera filantropía superficial. Los gestos filantrópicos pueden, incluso, encubrir profundas incoherencias morales. Tampoco se trata de una piedad aparente, semejante a la denunciada en la actitud de los fariseos. La inteligencia y la libertad capacitan a la persona para discernir, reflexionar y actuar de manera coherente. El creyente auténtico busca hacer el bien por el bien mismo, en toda circunstancia, no por reconocimiento ni por conveniencia.

Dios ha elegido al ser humano, y este necesita aprender a acoger esa elección. Muchas veces, la tristeza profunda nace de sentirse elegido y, al mismo tiempo, indigno de ser amado. El amor de Dios incomoda, pero es absolutamente necesario. Más allá del mero cumplimiento moral, Dios abre un horizonte más amplio y denso: las obras realizadas con fe generan alegría profunda, gratitud, libertad interior, paz de conciencia, coherencia de vida, esperanza y sentido de eternidad.

Santa Teresa de Calcuta expresó esta verdad con sencillez y radicalidad al afirmar que reconoce y sigue a Cristo quien, en la vida cotidiana, ama a quien lo odia, perdona a quien busca venganza, es justo donde reina la injusticia, honesto donde impera el robo, limpio donde abunda la corrupción y sobrio donde domina la avaricia y el despilfarro.

En este contexto, Juan el Bautista ofrece una lección permanente de humildad y claridad. Humildad, porque no se atribuye el papel del Salvador; claridad, porque señala sin ambigüedades a Jesucristo como el Mesías esperado y el Salvador de la humanidad.

Hoy, ante la escasez de cristianos coherentes, esta realidad se convierte también en una llamada personal: es tu oportunidad de vivir la fe con autenticidad y de dar testimonio del bien.


Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:

«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.


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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

Gracias por leer y compartir, no olvides comentar.

Javier Abanto Silva
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