«Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo» (Mateo 26–27)
El Domingo de Ramos abre la puerta a la Semana Santa con una imagen llena de contraste. Por un lado, vemos la alegría de los ramos, la fiesta, las esperanzas de un pueblo que aclama a Jesús. Por otro, casi sin transición, nos adentramos en el relato de la Pasión: dolor, traición, injusticia, violencia.
Fresco ortodoxo oriental en la Natividad de la Iglesia Theotokos, Bitola , República de Macedonia del Norte
Domingo de Ramos Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A) Mateo (26-27)
Entre la fiesta y la cruz, así es también nuestra vida.
Hay momentos de entusiasmo, de fe luminosa, de proyectos que florecen… y, de pronto, aparecen la cruz, las dudas, las caídas, las heridas que cargamos por dentro.
La liturgia de hoy no nos deja quedarnos en la superficie. Nos invita a entrar en lo profundo: a mirar de frente la Pasión de Cristo… y también nuestra propia pasión.
Mi pasión: ¿en qué personaje me reconozco?
Muchas veces hemos visto o escuchado la Pasión de Jesús. Y casi siempre tendemos a identificarnos con los “buenos”: con Juan, con María, con quienes permanecen fieles.
Pero el Evangelio tiene una fuerza especial: nos confronta.
En silencio, despierta una pregunta incómoda pero necesaria:
- ¿En qué personaje me reconozco realmente?
- ¿En Pedro, que promete fidelidad pero luego niega?
- ¿En Judas, que traiciona por intereses o desilusiones?
- ¿En Pilato, que sabe la verdad pero no se atreve a defenderla?
- ¿En la multitud, que cambia fácilmente de opinión?
- ¿En los que huyen cuando llega el momento difícil?
Nadie se declara “malo”, pero el Evangelio nos permite hacer un ejercicio honesto: reconocer que, en distintos momentos de la vida, hemos sido un poco de cada uno.
Jesús, incómodo para el poder
Jesús resulta insoportable para las autoridades. No porque haga daño, sino porque desinstala, porque revela la verdad. Habla con una autoridad que no depende de cargos ni de estructuras. Se presenta como Hijo de Dios en un contexto donde eso es considerado blasfemia.
Rompe esquemas: no es un Dios encerrado en el templo, sino un Dios que camina, que se sienta a la mesa, que se acerca al herido, que entra en la historia concreta de las personas.
Por eso deciden eliminarlo.
Querían evitar el escándalo en plena fiesta… pero, paradójicamente, Jesús muere en la Pascua, como el verdadero Cordero. Lo que parecía fracaso se convierte en el corazón del plan de salvación.
La Pasión no es solo sufrimiento: es amor llevado hasta el extremo
Al leer la Pasión, podemos quedarnos en la violencia, en la injusticia, en el dolor. Pero el Evangelio nos invita a ir más allá.
Dios no quiere el sufrimiento por sí mismo. La voluntad de Dios no es el dolor de su Hijo, sino la salvación del ser humano.
Jesús no es una víctima pasiva. Es libre. Es obediente. Ama hasta el extremo. Vive su entrega con una profundidad que transforma el sentido mismo del sufrimiento.
Y entonces surgen preguntas que siguen resonando hoy:
- ¿Por qué ninguno de los discípulos fue más allá del “¿seré yo, Señor?”?
- ¿Por qué Pilato, aun reconociendo la inocencia de Jesús, se lava las manos?
- ¿Por qué el pueblo elige a Barrabás?
Son preguntas antiguas… pero también actuales. Porque siguen reflejando el misterio del corazón humano: capaz de amar, pero también de construir violencia, injusticia y rechazo.
Nuestra historia, también marcada por la cruz
Nuestro mundo sigue estando herido: guerras que derraman sangre,
violencia que rompe familias, injusticias que claman al cielo, heridas personales que llevamos en silencio.
Dios no está ausente de esos escenarios. Pero su Reino no se construye desde la violencia, sino desde: la paz, el perdón, la reconciliación, la unidad.
La Pasión de Cristo no justifica el sufrimiento; lo transforma desde dentro con el amor.
Una invitación para esta Semana Santa
Este Domingo de Ramos nos invita a algo muy concreto:
Reconocer nuestra propia pasión.
Identificar nuestras heridas, nuestras caídas, nuestras contradicciones.
Pedir a Jesús que nos libere de la violencia que llevamos dentro.
Dejar que su amor toque lo más frágil de nuestra historia.
Y, sobre todo, abrirnos a la esperanza:
Que Cristo no solo muera en nuestra vida, sino que resucite en nosotros.
Que renazca la confianza.
Que se reconstruyan los vínculos.
Que comience, incluso en medio de nuestras cruces, un mundo distinto.
Que esta Semana Santa no sea solo un recuerdo, sino un camino interior.
Y que, acompañando a Cristo en su Pasión, aprendamos también a caminar hacia la luz de la Resurrección.
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14 – 27, 66
Cronista - C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
Sinagoga/pueblo - S. «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
C. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».
C. Él contestó:
Jesús + «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
C. Ellos muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro
S. «¿Soy yo acaso, Señor?».
C. Él respondió:
+ «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!»....
.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpeg)
.jpg)
