“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
El riesgo de una fe sin corazón
Queridos hermanos y hermanas:
En la vida cotidiana a menudo corremos el riesgo de confundir el medio con el fin. Nos concentramos tanto en las reglas, las rutinas y la eficacia externa, que terminamos olvidando el motivo profundo que nos puso en marcha. Esto, que ocurre en la convivencia humana, puede suceder de forma silenciosa en la vida espiritual. Podemos multiplicar nuestras prácticas de piedad, asistir fielmente a la liturgia y cumplir con rigor nuestras tradiciones, y aun así estar viviendo una religión distante del Dios vivo.
XXX Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A). Evangelio: Mateo 22, 34-40

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