Homilía y Reflexión

Homilía para "Reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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"Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla"

Hay encuentros que desarman fronteras. Jesús y la mujer samaritana se encuentran en un lugar cargado de historia: un pozo, símbolo de identidad y de memoria. Allí donde la costumbre decía “no hablar”, nace un diálogo. Y en ese diálogo se revela algo decisivo: incluso con quienes han sido considerados enemigos tradicionales es posible abrir un camino nuevo, si hay verdad, si hay escucha, si hay deseo de vida.

Jesús y Samaritana

Jesús y la Samaritana - Barroco: Cristo y la Mujer Samaritana por Matteo Rosselli, c. 1620. Museo de Historia del Arte, Viena

III Domingo de Cuaresma. Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A) - Juan 4, 5-42

Samaritanos y judíos cargaban siglos de distancia. Sin embargo, Jesús no elige la ruta que evita Samaría. Pasa por allí. Se sienta. Espera. Y pide. No para imponerse, sino para comenzar desde la necesidad común: la sed.

 “Dame de beber”… o aprendamos a darnos de beber

El pozo de Jacob cobra sentido cuando aparece un sediento. Jesús, cansado del camino hacia Galilea, llega “deshidratado” y se coloca a la altura de la fragilidad humana. Y desde esa debilidad pide agua. El impacto del relato está en esto: dos personas educadas para no tratarse, se hablan; dos mundos que se evitaban, se escuchan; dos historias heridas, se tocan sin violencia.

La petición de Jesús abre una dinámica sorprendente: Él pide para poder dar. Pide un agua que calma la sed del cuerpo, para ofrecer el agua que calma la sed del alma. Y mientras habla de “agua viva” y de vida eterna, no desprecia las necesidades concretas. El Evangelio no separa lo humano de lo divino: la gracia no elimina la condición humana, la transfigura.

Por eso el agua viva no es un discurso “espiritualista” que ignora la tierra. Al contrario: el ser humano sigue necesitando ser hidratado por vínculos, por valores, por tradiciones sanas, por palabras que construyen. Y cuando esas fuentes se contaminan, la sed vuelve con más fuerza.

Un judío que no representa la cerrazón del judaísmo

La samaritana habla con franqueza. Su amabilidad no disimula la herida cultural: “¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí?” Es una pregunta que lleva dentro siglos de desprecio. Pero Jesús —sin negar su identidad— no encarna el prejuicio. No representa la religiosidad cerrada. No alimenta la división. No “gana” la discusión: la atraviesa con una verdad mayor.

Jesús cambia el enfoque: el problema no es quién tiene más razón histórica, sino quién deja espacio al Espíritu. Frente al choque de identidades, propone una fuente nueva: un Dios que no pertenece a un grupo, sino que se ofrece a todos.

En el pozo profundo, el agua estancada se vuelve imagen: religiones y comunidades pueden terminar bebiendo de aguas poco saludables—mezcladas con prejuicios, resentimientos y heridas del pasado—incapaces de saciar la sed auténtica. Y cuando el corazón está turbio, también lo está la palabra: se habla para herir, se escucha para responder, se discute para excluir.

Aquí aparece una clave hermosa del texto: Jesús pide para dar; pregunta para responder; tiene sed para ofrecerse como agua viva.

Un culto “en espíritu y en verdad”

Jesús conduce el diálogo al centro: el culto. No se trata solo de un lugar (Garizín o Jerusalén), sino de una manera de relacionarse con Dios. El culto verdadero no es geografía: es vida.

“En espíritu y en verdad” no significa algo etéreo o vago, sino una fe que nace del interior y se verifica en la realidad. Un culto sin espíritu ni verdad se vuelve máscara. Y cuando la religión se convierte en bandera, produce lo contrario de Dios: guerra, división, polarización, idolatría del propio interés.

Hoy también existen “cultos” alrededor de muchos pozos: ideologías que fabrican dioses a medida para justificar violencia, miedo o exclusión. El Evangelio no legitima esos cultos: los desenmascara. Porque donde se fomenta el hambre, el temor y la deshumanización, no está Dios, aunque se lo nombre.

El descubrimiento de la samaritana

La samaritana es un retrato de honestidad. No se defiende con discursos. No se esconde. Se deja tocar por la verdad. Lleva su barro—su historia real—y, precisamente desde allí, recibe el agua viva.

Y ocurre un gesto decisivo: deja el cántaro. No es desprecio de lo cotidiano, sino señal de que ha encontrado una fuente más profunda. El cántaro era necesario para sacar agua; ahora, ella misma se convierte en “cántaro” que lleva la noticia. Deja la herramienta de siempre, porque ha recibido una palabra nueva.

Su testimonio oxigena la fe de toda una comunidad. La mujer que venía sola al pozo se vuelve puente para muchos. Quien buscaba agua para sobrevivir, encuentra al Salvador y se convierte en mensajera de vida.

Para orar y vivir esta semana

• ¿Qué fronteras sigo considerando “intocables”? ¿Con quién “no se puede hablar”?

• ¿De qué pozos estoy bebiendo últimamente: del resentimiento, del miedo, de la queja, del orgullo?

• ¿Qué cántaro necesito soltar para que la fe no sea rutina, sino encuentro?

Señor, dame esa agua. No solo para no tener sed, sino para aprender a dar de beber: con palabras limpias, con escucha verdadera, con misericordia que une lo que el prejuicio separó.


 Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:

«Dame de beber».

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:

«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó:

«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice:

«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

Jesús le contestó:

«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice:

«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

Él le dice:

«Anda, llama a tu marido y vuelve».

La mujer le contesta:

«No tengo marido».

Jesús le dice:

«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

La mujer le dice:

«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice:

«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice:

«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

Jesús le dice:

«Soy yo, el que habla contigo».

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:

«Maestro, come».

Él les dijo:

«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

Los discípulos comentaban entre ellos:

«¿Le habrá traído alguien de comer?».

Jesús les dice:

«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:

«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».


"Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo"

El camino hacia el monte, en la Biblia, siempre es un camino hacia lo sagrado. Moisés sube al Sinaí. Elías sube al Horeb. Jesús sube al monte con sus discípulos. Subir al monte significa acercarse al lugar donde Dios se deja contemplar y escuchar.

Transfiguración de Jesús
Icono de la Transfiguración de Teófanes el Griego, siglo XV

II Domingo de Cuaresma - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A) - Mateo 17, 1-9


En esta Cuaresma, la pregunta es directa:

• ¿Estás caminando hacia algún “monte” interior, un espacio sagrado, para contemplar y escuchar a Dios?

• ¿Crees que Dios tiene algo concreto que decirte para tu vida?

Camino a Jerusalén

Jesús ya ha iniciado su camino hacia Jerusalén, donde le esperan la pasión, la cruz y la resurrección. En medio de ese gran camino, hace una pausa con Pedro, Santiago y Juan.

Es una parada para fortalecer la fe y la confianza de los discípulos.

Jerusalén será después el punto de partida hacia otro monte: el Calvario, el Gólgota. Pero, antes de hablar de la cruz, es necesario iluminar el camino con una experiencia de gloria.

También en la historia de Israel, la experiencia de Dios en el monte se fue intensificando:

• Moisés, al bajar del Sinaí, encuentra al pueblo fabricando un becerro de oro. Tras la experiencia de la alianza, el pueblo se inclina a los ídolos.

• Elías, después de escuchar la voz de Dios en el Horeb, sufrirá la persecución de Jezabel.

Moisés y Elías vivieron la lucha ante la tentación de otros dioses.

Jesús también sufrirá los gritos de su propio pueblo:

«¡Crucifícalo!».

La transfiguración se sitúa en medio del camino:

no es un escape, sino una luz para afrontar lo que viene.

Contemplación que transforma

En el monte, la contemplación cambia la mirada de los discípulos.

La transformación luminosa de Jesús les provoca alivio, consuelo, ganas de quedarse allí. Pedro quiere “plantar tres tiendas”, hacer de ese momento algo permanente.

Junto a Jesús aparecen Moisés y Elías:

• Moisés, signo de la Ley que liberó al pueblo de la esclavitud.

• Elías, el gran profeta que hizo ver los cielos abiertos.

En Jesús se unen y se cumplen ambos:

• Es el Hijo de Dios,

• el profeta que habla en nombre del Padre,

• el nuevo Moisés, que no trae solo mandamientos, sino bienaventuranzas,

• el nuevo Elías, que hace que los cielos vuelvan a hablar al corazón humano.

Pero esa contemplación, que comienza siendo consoladora, termina llenándolos de temor: la nube, la voz, el misterio los sobrepasan.

Y entonces se escucha la voz del Padre:

«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

No se trata solo de confirmar a Jesús, sino de confirmar a los discípulos: su Maestro no es un profeta más, es el Hijo amado del Padre. Por eso, el mandato es claro: escuchadlo.

No se trata de construir tres tiendas en lo alto y quedarse allí. La contemplación en el monte está al servicio de la misión en el valle.

 Bajando al camino real

Después de la visión, Jesús toca a los discípulos, los levanta y los invita a bajar.

Vuelven al polvo del camino, a la historia real:

• la comunidad con sus problemas,

• las incomprensiones,

• las discusiones,

• el miedo ante lo que viene: la cena, la traición, la captura, el juicio, la crucifixión,

• y, más allá de todo, la resurrección y la misión de la Iglesia.

La transfiguración es una anticipación de Pascua: un adelanto de la gloria para sostener la fe en los momentos de oscuridad.

Subir, contemplar… y bajar

En este Domingo de la Transfiguración, la invitación es muy concreta:

• Subir al monte: buscar tiempos y espacios para la oración, el silencio, la escucha de la Palabra.

• Contemplar a Jesús transfigurado: dejar que su luz ilumine nuestras dudas, miedos, sufrimientos y decisiones.

• Bajar a la vida real: volver a la familia, al trabajo, a la comunidad, con un corazón renovado.

Se trata de trabajar por el bien, difundir el amor cristiano, y anunciar con la vida y la palabra a Jesús transfigurado, el Hijo amado del Padre, al que estamos llamados a escuchar.

Que esta Cuaresma no sea solo un “subir”, ni solo un “bajar sin rumbo”, sino un movimiento completo: subir para escuchar, bajar para vivir lo escuchado.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:

«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

«Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:

«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».





«No tentarás al Señor, tu Dios»

Jesús también tuvo su “cuaresma”: cuarenta días de ayuno en el desierto. Al final, siente hambre. Con el estómago vacío, la vulnerabilidad se vuelve terreno propicio para la tentación.

Algo parecido nos pasa a nosotros: cuando llegamos “con el depósito vacío” —cansancio, soledad, preocupaciones— aparecen propuestas fáciles, atajos, promesas espectaculares que no vienen de Dios.

Tentaciones
Las Tentaciones de Cristo  (Tentazione di Cristo) , Sandro Botticelli

I Domingo de Cuaresma (Ciclo A) - Año litúrgico 2025–2026 – Mateo 4, 1-11

Pero el Evangelio de hoy nos recuerda algo muy importante:

después del desierto viene la misión.

La Cuaresma no es una trampa, sino un entrenamiento del corazón para amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.

Dios es bondadoso con el hombre

Desde la creación, la Biblia nos muestra a un Dios que no se cansa de ser bueno: Toma barro y le da su aliento. Levanta una y otra vez al que cae. Oxigena nuestra mente, da vida, palabra, esperanza, fe. Aunque el ser humano se deje seducir por el mal muchas veces, Dios vuelve a salir a su encuentro.

Las tentaciones en el desierto no son solo una prueba de que Jesús es Hijo de Dios, sino también un mensaje claro para nosotros: el mal sigue intentando invadir corazones y mentes; aunque reces, ayunes, lleves “medallitas” protectoras.

Sabemos que el mal trae dolor, tristeza, angustia… y aun así, nos tienta el camino fácil, el poder, el placer sin límites.

Por eso, esta Cuaresma es una oportunidad para volver a la bondad de Dios y aprender a amarle de verdad.

Amar con el corazón: convertir piedras en pan

Primera tentación: “Di que estas piedras se conviertan en panes”.

En la vida tropezamos con muchas piedras: problemas, límites, fracasos, injusticias. Nos gustaría que todo se convirtiera en pan fácil y rápido. También conocemos a quienes juegan con el hambre de los demás: prometen pan y tiran piedras, usan la necesidad ajena para manipular, ganar votos, enriquecerse.

Cuando el corazón se aleja de Dios, el corazón de carne, hecho para amar, se va endureciendo hasta convertirse en roca para odiar.

Jesús responde con la Palabra: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». No se trata de despreciar el pan. La dignidad del trabajo humano está en ganar el pan con el sudor de la frente, no en conseguirlo a cualquier precio.

Dios está cerca de los que tienen pan y de los que no lo tienen; pero a todos nos recuerda que, sin su Palabra, aunque el plato esté lleno, el corazón puede estar vacío.

En esta Cuaresma, amar a Dios con el corazón significa: No vender el corazón por un “pan” fácil. No endurecerlo en el odio o el resentimiento. Dejarse alimentar cada día por la Palabra de Dios.

Amar con toda el alma: no poner a Dios a prueba

Segunda tentación: “Tírate abajo… porque Dios te va a salvar”.

El mal pierde la vergüenza y se atreve a usar incluso la Escritura para tentar. También hoy se manipula la fe, se citan versículos a conveniencia, se pretende obligar a Dios a actuar según nuestros caprichos.

Tentar a Dios es: Jugar con la gracia, vivir imprudentemente pensando “Dios me perdona igual”, exigir milagros sin querer cambiar nada. Es como dispararse en el pie, como marcarse un autogol espiritual.

El alma es el lugar más íntimo de encuentro con Dios. Cuando uno se acostumbra a ponerlo a prueba, poco a poco se va apagando la paz interior: crecen la angustia, la tristeza, la desconfianza.

Jesús responde con firmeza: «No tentarás al Señor, tu Dios».

Amar a Dios con toda el alma significa: Confiar en Él sin manipularlo. Obedecer su Palabra, aunque vaya contra nuestros cálculos.

No usar a Dios como “seguro espiritual” para justificar decisiones irresponsables.

Amar con todas las fuerzas: el Reino de Dios vs. el reino del mal

Tercera tentación: todos los reinos del mundo a cambio de una sola cosa: postrarse ante el tentador.

Basta mirar las noticias para ver cuántos “reinos” han perdido el sentido de humanidad: corrupción, violencia, vidas descartadas, dinero por encima de la dignidad de las personas.

Ahí surge la pregunta: ¿estos son los reinos del mal?

¿Dónde queda aquello de: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto»?

Los reinos del mal quieren: Dominar, tener a todos postrados,

comprar conciencias con beneficios, privilegios, silencios. El diablo, soberbio, no reconoce que es una creatura caída; incapaz de examinarse, de arrepentirse, de cambiar.

Y, sin embargo, encuentra servidores dispuestos a darle culto: los que lo sacrifican todo por poder, dinero o prestigio.

Jesús corta en seco: «Vete, Satanás».

Amar a Dios con todas las fuerzas significa: No arrodillarse ante ídolos de poder, éxito o dinero. No vender la conciencia por un “beneficio”. Poner nuestras energías en construir el Reino de Dios, un Reino de justicia, verdad y paz.

Para vivir esta Cuaresma

Te propongo tres preguntas para la oración personal:

Con el corazón:

¿Qué “piedras” de mi vida quiero que Jesús transforme en pan de confianza, esperanza y reconciliación?

Con el alma:

¿En qué momentos he querido “probar” a Dios en lugar de confiar en Él?

Con las fuerzas:

¿A qué “reino” estoy sirviendo de verdad con mis decisiones, mi trabajo, mi modo de usar el dinero y el tiempo?

Pidamos al Señor, en este primer domingo de Cuaresma,

la gracia de amarle con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas, para no dejarnos seducir por las voces del tentador y preparar el corazón para la alegría de la Pascua.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

“Conviértanse y crean en el Evangelio”

El Miércoles de Ceniza marca la puerta de entrada a la Cuaresma. En 2026 cae el miércoles 18 de febrero, y con él la Iglesia inicia cuarenta días de oración, ayuno y caridad, en preparación para la Pascua.

No es solo una fecha en el calendario: es una gracia que se nos ofrece cada año para resetear el corazón, revisar la vida y volver al Señor con verdad.

ceneri

Mercoledì delle Ceneri

¿Qué celebramos el Miércoles de Ceniza?

El Miércoles de Ceniza es un día de oración y ayuno que abre el tiempo de Cuaresma. Para muchos cristianos es una jornada de gran intensidad espiritual: se participa en la Eucaristía, se escucha la Palabra y se recibe en la frente el signo de la cruz trazado con ceniza.

La ceniza nos recuerda dos cosas muy importantes:

  1. Nuestra fragilidad

    Cuando el sacerdote dice:

    “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”,
    nos recuerda que nuestra vida es limitada, que no somos eternos en este mundo. Eso no es para asustarnos, sino para despertarnos: no podemos vivir como si Dios no existiera ni como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.

  • La llamada a la conversión

    La otra fórmula que puede usar el sacerdote es: “Conviértete y cree en el Evangelio”. 
Aquí la ceniza se vuelve símbolo de un corazón que quiere cambiar: dejar el pecado,  cortar con lo que esclaviza,  abrir espacio para el amor de Dios. 
 Ash Wednesday, en la tradición occidental, es el primer día de Cuaresma: desde ese momento comienza el tiempo fuerte de conversión que nos lleva paso a paso hasta la Semana Santa.

Calendario de Cuaresma 2026: un camino hasta Pascua

En 2026 la Cuaresma se desarrolla así (rito latino):

  • Miércoles de Ceniza: 18 de febrero

  • I Domingo de Cuaresma: 22 de febrero - 

    I DOMINGO DE CUARESMA (A): LAS TENTACIONES DE JESÚS. "VETE, SATANÁS, PORQUE ESTÁ ESCRITO..."

  • II Domingo de Cuaresma: 1 de marzo - 

    II DOMINGO DE CUARESMA ( A ): "LEVÁNTENSE, NO TEMAN" , LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS

  • III Domingo de Cuaresma: 8 de marzo - 

    III DOMINGO DE CUARESMA(A) : «SOY YO, EL QUE HABLA CONTIGO» JESÚS Y LA SAMARITANA

  • IV Domingo de Cuaresma (Laetare): 15 de marzo : 

    IV DOMINGO DE CUARESMA (A): "ME PUSO BARRO EN LOS OJOS, ME LAVÉ Y VEO" EL CIEGO DE NACIMIENTO

  • V Domingo de Cuaresma: 22 de marzo: 

    V DOMINGO DE CUARESMA (A). LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO EN BETANIA. “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA”

  • Domingo de Ramos: 29 de marzo - 

    DOMINGO DE RAMOS (A) INICIA LA SEMANA SANTA

  • Jueves Santo (Misa de la Cena del Señor): 2 de abril - 

    JUEVES SANTO: EL LAVATORIO DE LOS PIES. "SI NO TE LAVO, NO TIENES PARTE CONMIGO"

  • Viernes Santo (Pasión del Señor): 3 de abril - 

    VIERNES SANTO: LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS. «¿A VUESTRO REY VOY A CRUCIFICAR?»

  • Sábado Santo (Vigilia Pascual): noche del 4 de abril - 

    DOMINGO DE RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO. “VIO Y CREYÓ”

  • Domingo de Pascua de Resurrección: 5 de abril - 

    ¿QUÉ ES LA RESURRECCIÓN? CRISTIANISMO, JUDAÍSMO, ISLAMISMO


Mercoledì delle Ceneri



 “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”

“Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión” es el tema del mensaje del Papa León XIV para esta Cuaresma 2026. En pocas líneas, el Papa condensa dos movimientos profundamente evangélicos: dejar que la Palabra llegue al corazón y ayunar para ordenar los deseos y sanar las relaciones.
En el centro está la escucha: escuchar a Dios, escuchar la realidad, escuchar el grito de los pobres. Y, como fruto de esa escucha, el Papa propone un gesto muy concreto y muy actual: ayunar de palabras que hieren, especialmente en la familia, en el trabajo y, de manera explícita, en las redes sociales.
Cuaresma, entonces, puede ser para nosotros un tiempo para resetear los oídos y reeducar la lengua (y el teclado) 💻
Abstinencia
La Abstinencia. Ramón Bayeu y Subías .Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

Escuchar: dejar que la Palabra nos alcance

“El camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu”, recuerda el Papa. No se trata solo de “oír cosas religiosas”, sino de darle un lugar real a Dios en nuestra vida: que su Palabra pueda corregirnos, consolarnos y movernos.
El mensaje subraya que Dios mismo se revela como Aquel que escucha: "He visto la opresión de mi pueblo… y he oído sus gritos de dolor" (Ex 3,7).
Antes de “hacer cosas” en favor de su pueblo, Dios escucha el clamor; y esa escucha abre una historia de liberación. La escucha de la Palabra en la liturgia -dice el Papa- nos educa para una escucha verdadera de la realidad, capaz de reconocer “la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia” para que no quede sin respuesta.
En clave cuaresmal podríamos decir:
  • 👂hay que resetear los oídos para no escuchar solo lo que me gusta,
  • 👂no oír solo a quienes piensan como yo,
  • 👂no alimentar únicamente mi burbuja emocional o ideológica. “desarmar al algoritmo” 👀
Escuchar la Palabra, escuchar a los pobres, escuchar a quienes sufren, escuchar también a quien piensa distinto… es el primer gran ejercicio de esta Cuaresma.
 

Ayunar: del estómago… a la lengua

La segunda palabra del Papa es “ayunar”. El ayuno de alimentos, dice, es “un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible” en el camino de conversión: involucra el cuerpo y hace visible de qué tenemos realmente hambre, qué consideramos esencial.
El ayuno:
  • 👐ayuda a discernir y ordenar los “apetitos”;
  • ✋mantiene despierta el hambre y sed de justicia;
  • 👍libera el deseo de la resignación y lo transforma en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
Pero el Papa advierte: para que el ayuno sea evangélico no puede convertirse en exhibición espiritual. Debe vivirse con fe y humildad, arraigado en la comunión con el Señor: "No ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios".
Y añade algo muy actual: el ayuno debe incluir también otras formas de privación que nos lleven a un estilo de vida más sobrio, porque “solo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana”.
En este contexto llega la invitación que toca directamente nuestro modo de comunicarnos: 
👉“Abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo… desarmar el lenguaje… renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias.”
Y la propuesta positiva:
👍“Esforzarnos por medir las palabras y cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.”
Ayunar, entonces, ya no es solo cuestión de plato, sino también de palabra… y de teclado.
 

Redes sociales: lugar de misión, lugar de conversión

El Papa menciona expresamente las redes sociales como uno de los espacios donde necesitamos aprender a medir las palabras y cultivar la amabilidad.
No es casual:
  • En las redes se amplifica el insultos
  • se viraliza la burla,
  • se normaliza el juicio rápido,
  • se difunde información dudosa sin verificar.
Con frecuencia, detrás de un pantalla se nos hace más fácil herir, ironizar, desprestigiar o ridiculizar. Nos acostumbramos a un lenguaje duro, agresivo, polarizante, que poco a poco va endureciendo también el corazón.

Cuaresma 2026 puede ser para ti un tiempo para preguntarte:

• ¿A quién estoy escuchando más: a la Palabra de Dios o al ruido constante de notificaciones, polémicas y tendencias?
• ¿Cuál es el tono habitual de mis comentarios: ¿agradecido, respetuoso, dialogante, o más bien sarcástico, hiriente, despectivo?
• ¿Cómo uso mi perfil: para construir, o para descargar frustraciones?
Resetear los oídos significa también revisar a quién le doy mi atención y mi credibilidad.
Ayunar de palabras hirientes supone convertir mi presencia digital en un lugar de esperanza y paz.
 

"Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos,
no entraréis en el Reino de los cielos" (cf. Mt 5,20).


La sabiduría de Jesús se despliega en el Sermón de la Montaña. Hoy, el Evangelio nos habla del respeto en las relaciones con el prójimo y con Dios: una relación que no puede fundarse en la falsedad, sino en la verdad; no en las triquiñuelas de los “listos”, sino en el poder transformador del Espíritu Santo.
José y María

José y María buscan posada a su llegada a Belén. Abel Grimmer. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

VI Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

La sabiduría de vivir

Si alguien te preguntara: “¿Es sabio lo que estás haciendo con tu vida?”, probablemente pensarías enseguida en tu nivel académico o en tus conocimientos. Pero, frente a la inmensidad del saber humano, todos nos quedamos cortos.
Sin embargo, hay otra sabiduría más alta y más cercana: la sabiduría de Dios. No es un lujo reservado a unos pocos intelectuales, sino una luz que quiere impregnar la mente y el corazón.
En la historia de la salvación, Dios ha elegido casi siempre a lo pequeño y sencillo: Los grandes personajes bíblicos no pertenecían a la élite del saber ni de la economía. Muchos santos nacieron en cunas pobres, con escasa formación académica.
La sabiduría santa pasa por la sencillez, la disponibilidad, la humildad. Es, sobre todo, una obra de Dios en quienes se dejan moldear por Él. Donde el corazón se llena de soberbia, Dios apenas encuentra espacio.
Esta sabiduría no nace de elucubraciones enciclopédicas, sino de lo que el Espíritu Santo provoca en las personas. Y eso abre las puertas a todos los hijos de Dios, también a ti.
 

Una ley “sabia” que necesita ir más allá

Jesús presenta las llamadas “antítesis” (“Habéis oído que se dijo… pero yo os digo…”). No viene a abolir la Ley, sino a llevarla a su plenitud. Y eso significa ir más allá del mínimo legal.

a) La violencia contra el prójimo

La Ley pretendía frenar la violencia, pero el corazón humano sigue siendo terreno de odios y rencores. Hablamos de “cultura del odio”, aunque en realidad no merece el nombre de cultura: muestra hasta qué punto hemos vaciado de sabiduría fraterna nuestras relaciones.
Vivimos tiempos peligrosos:
• En nombre de la “pureza” se insulta.
• La violencia se camufla en chistes, comentarios irónicos, burlas sutiles.
• Ideologías y miedos se encapsulan en frases aparentemente inocentes.
También en tu familia o en tu comunidad puede haber violencia solapada, falta de respeto, silencios agresivos. Pedir perdón se queda muchas veces en un ideal hermoso… pero no practicado.
En este contexto resuena con fuerza la advertencia de Jesús:
“Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos,
no entraréis en el Reino de los cielos”.
Es un reto enorme: ellos se sentían dueños de la Ley… y, sin embargo, no bastaba.

b) Una ley que protege el núcleo familiar

Desde la tradición judía, el adulterio es un golpe grave a la familia. Hoy, en tiempos de “San Valentín” comercial, entre carnavales y diversiones, el mensaje sigue siendo actual:
que la gente se divierta, sí, pero que cuide su familia. Varones y mujeres, iguales en dignidad ante Dios. Respeto mutuo, fidelidad, cuidado del otro.
Jesús no nos invita a cortar manos o arrancar ojos literalmente, sino a tomar decisiones radicales para proteger el amor: que tus ojos y tus manos no destruyan, sino que sepan mirar el futuro y actuar para ayudar, bendecir y construir.

La ley y la verdad

El juramento busca dar peso a la palabra. Pero sabemos bien que se puede jurar en falso y usar el nombre de Dios para justificar mentiras o manipulaciones.
Jesús va al corazón: No maltratar “en nombre de la ley”. No engañar “en nombre de Dios”. La auténtica justicia busca la verdad, pero deja de ser justicia cuando se deja dominar por la mentira. Y, sin embargo, vemos cada día cómo la mentira construye poder, fama y riqueza.
La misión del cristiano es otra: construir un Reino de justicia y de paz fundado en la verdad. Aunque parezca menos rentable a corto plazo, es lo único que permanece en pie ante Dios.

Un nuevo estilo de relación

Al final, todo el Evangelio de hoy apunta a esto: entablar nuevas relaciones con Dios y con el prójimo.
• No solo relaciones “legales”, mínimas, para cumplir.
• Sino relaciones verdaderas, limpias, transparentes, reconciliadas.

En la base de todo está Jesús, que proclama su verdad y su justicia, y nos invita a no contentarnos con la “justicia” de los escribas y fariseos: una justicia de fachada.
Para examinar el corazón
Te pueden ayudar estas preguntas para tu oración:
• ¿En qué aspectos mi “justicia” se parece a la de los fariseos (cumplir por fuera, pero guardar resentimientos o mentiras por dentro)?
• ¿Hay violencias solapadas en mi lenguaje, en mis gestos, en mis silencios?
• ¿Qué decisiones concretas puedo tomar para cuidar mejor mi familia y mis relaciones?
• ¿Construyo la verdad, o a veces prefiero el camino fácil de la apariencia?
Pide hoy al Señor la sabiduría del Espíritu Santo, para que tu justicia sea más grande que la pura apariencia, y puedas vivir ya desde ahora como ciudadano del Reino de los cielos.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo:
“No cometerás adulterio”.
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que se repudie a su mujer, que le dé acta de repudio.” Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

🎨🎨🎨

José y María buscan posada a su llegada a Belén

Abel Grimmer

Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado


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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

Gracias por leer y compartir, no olvides comentar.

Javier Abanto Silva
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