La sabiduría de Jesús se despliega en el Sermón de la Montaña. Hoy, el Evangelio nos habla del respeto en las relaciones con el prójimo y con Dios: una relación que no puede fundarse en la falsedad, sino en la verdad; no en las triquiñuelas de los “listos”, sino en el poder transformador del Espíritu Santo.
José y María buscan posada a su llegada a Belén. Abel Grimmer. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado
VI Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)
La sabiduría de vivir
Si alguien te preguntara: “¿Es sabio lo que estás haciendo con tu vida?”, probablemente pensarías enseguida en tu nivel académico o en tus conocimientos. Pero, frente a la inmensidad del saber humano, todos nos quedamos cortos.
Sin embargo, hay otra sabiduría más alta y más cercana: la sabiduría de Dios. No es un lujo reservado a unos pocos intelectuales, sino una luz que quiere impregnar la mente y el corazón.
En la historia de la salvación, Dios ha elegido casi siempre a lo pequeño y sencillo: Los grandes personajes bíblicos no pertenecían a la élite del saber ni de la economía. Muchos santos nacieron en cunas pobres, con escasa formación académica.
La sabiduría santa pasa por la sencillez, la disponibilidad, la humildad. Es, sobre todo, una obra de Dios en quienes se dejan moldear por Él. Donde el corazón se llena de soberbia, Dios apenas encuentra espacio.
Esta sabiduría no nace de elucubraciones enciclopédicas, sino de lo que el Espíritu Santo provoca en las personas. Y eso abre las puertas a todos los hijos de Dios, también a ti.
Una ley “sabia” que necesita ir más allá
Jesús presenta las llamadas “antítesis” (“Habéis oído que se dijo… pero yo os digo…”). No viene a abolir la Ley, sino a llevarla a su plenitud. Y eso significa ir más allá del mínimo legal.
a) La violencia contra el prójimo
La Ley pretendía frenar la violencia, pero el corazón humano sigue siendo terreno de odios y rencores. Hablamos de “cultura del odio”, aunque en realidad no merece el nombre de cultura: muestra hasta qué punto hemos vaciado de sabiduría fraterna nuestras relaciones.
Vivimos tiempos peligrosos:
• En nombre de la “pureza” se insulta.
• La violencia se camufla en chistes, comentarios irónicos, burlas sutiles.
• Ideologías y miedos se encapsulan en frases aparentemente inocentes.
También en tu familia o en tu comunidad puede haber violencia solapada, falta de respeto, silencios agresivos. Pedir perdón se queda muchas veces en un ideal hermoso… pero no practicado.
En este contexto resuena con fuerza la advertencia de Jesús:
“Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos,
no entraréis en el Reino de los cielos”.
Es un reto enorme: ellos se sentían dueños de la Ley… y, sin embargo, no bastaba.
b) Una ley que protege el núcleo familiar
Desde la tradición judía, el adulterio es un golpe grave a la familia. Hoy, en tiempos de “San Valentín” comercial, entre carnavales y diversiones, el mensaje sigue siendo actual:
que la gente se divierta, sí, pero que cuide su familia. Varones y mujeres, iguales en dignidad ante Dios. Respeto mutuo, fidelidad, cuidado del otro.
Jesús no nos invita a cortar manos o arrancar ojos literalmente, sino a tomar decisiones radicales para proteger el amor: que tus ojos y tus manos no destruyan, sino que sepan mirar el futuro y actuar para ayudar, bendecir y construir.
La ley y la verdad
El juramento busca dar peso a la palabra. Pero sabemos bien que se puede jurar en falso y usar el nombre de Dios para justificar mentiras o manipulaciones.
Jesús va al corazón: No maltratar “en nombre de la ley”. No engañar “en nombre de Dios”. La auténtica justicia busca la verdad, pero deja de ser justicia cuando se deja dominar por la mentira. Y, sin embargo, vemos cada día cómo la mentira construye poder, fama y riqueza.
La misión del cristiano es otra: construir un Reino de justicia y de paz fundado en la verdad. Aunque parezca menos rentable a corto plazo, es lo único que permanece en pie ante Dios.
Un nuevo estilo de relación
Al final, todo el Evangelio de hoy apunta a esto: entablar nuevas relaciones con Dios y con el prójimo.
• No solo relaciones “legales”, mínimas, para cumplir.
• Sino relaciones verdaderas, limpias, transparentes, reconciliadas.
En la base de todo está Jesús, que proclama su verdad y su justicia, y nos invita a no contentarnos con la “justicia” de los escribas y fariseos: una justicia de fachada.
Para examinar el corazón
Te pueden ayudar estas preguntas para tu oración:
• ¿En qué aspectos mi “justicia” se parece a la de los fariseos (cumplir por fuera, pero guardar resentimientos o mentiras por dentro)?
• ¿Hay violencias solapadas en mi lenguaje, en mis gestos, en mis silencios?
• ¿Qué decisiones concretas puedo tomar para cuidar mejor mi familia y mis relaciones?
• ¿Construyo la verdad, o a veces prefiero el camino fácil de la apariencia?
Pide hoy al Señor la sabiduría del Espíritu Santo, para que tu justicia sea más grande que la pura apariencia, y puedas vivir ya desde ahora como ciudadano del Reino de los cielos.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo:
“No cometerás adulterio”.
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que se repudie a su mujer, que le dé acta de repudio.” Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
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Abel Grimmer
Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado