Homilía y Reflexión

Homilía para "reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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Virtudes para un perfil de líder en comunicación institucional

Las dinámicas comunicativas de la sociedad digital han revelado la urgencia de fortalecer la figura del director de comunicación en las instituciones religiosas. Algunas instituciones ya vienen renovando sus estrategias organizativas y la formación de sus líderes. Después de la pandemia, la pregunta es inevitable: ¿cómo responder a los desafíos pastorales planteados en lo que se refiere a “una Iglesia en salida” y “una Iglesia sinodal”?

Lider

Alegoría del Buen Gobierno - Ambrogio Lorenzetti

Se requiere la capacidad de mirarse en el espejo institucional, escuchar, abrir puertas y ventanas para oxigenar el diálogo y caminar juntos. Este ejercicio comunicativo, desarrollado en círculos concéntricos y consciente del poliedro eclesial orientado hacia las periferias, constituye un proceso de maduración pastoral progresiva.

En este marco pastoral e histórico surge la pregunta por el perfil del líder en comunicación. El comunicador es un predicador entre predicadores: humilde servidor, vigilante a tiempo y a destiempo, contemplativo de la realidad humana y prudente artesano de la confianza. Es alguien capaz de profundizar en la prudencia para madurar en los siete hábitos. Cada hábito se relaciona con una o más virtudes; la principal es la prudencia y, en su grado más alto, la caridad.

Antes de profundizar en los siete hábitos del líder en comunicación, conviene recordar que tanto Stephen R. Covey como Josef Pieper parten de una misma convicción: la realidad es el escenario de la verdad.


La prudencia: realidad y bien

El esquema es sugerente: el líder prudente traduce el conocimiento de la realidad en la realización del bien. De la prudencia dependen la lucidez y la objetividad necesarias para identificar los verdaderos problemas, reconocer los círculos de influencia y ejercitar un proceso de transformación desde dentro hacia fuera. Se trata de aprender a aprender, tener el coraje del cambio e identificar modelos de ejemplaridad.


En el ámbito institucional surgen algunas preguntas decisivas: ¿qué lugar ocupa la oficina de comunicación en el organigrama institucional? ¿El líder institucional y el director de comunicación diseñan juntos estrategias de confianza y reputación? Estas cuestiones conducen al perfil ideal del director de comunicación: ¿conoce realmente los objetivos institucionales y orienta su gestión hacia ellos? ¿Cuál debería ser su perfil humano y profesional?

En cualquier institución, el perfil fundamental es el de una persona prudente. La prudencia es el arte de decidir bien y tiene como horizonte moral el obrar rectamente. El camino de la integridad exige ser buena persona y excelente profesional. Nadie puede presumir de sabio si no posee las virtudes del hombre prudente: fidelidad a la memoria, libertad creativa y objetividad ante lo inesperado.

Después de todo, la verdad no se maquilla; es como una lámpara colocada en alto que ilumina desde el interior los hábitos de la persona altamente efectiva.

La prudencia es, por tanto, la virtud cardinal de un líder que busca la sinergia, el justo medio (justicia), la fortaleza interior y el dominio de sí mismo (templanza). En la perspectiva de Santo Tomás de Aquino, existe una prudencia superior: la caridad, es decir, el amor al que están llamados los comunicadores cristianos. “Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará lleno de luz” (Mt 6,22).


1. De la reacción a la proactividad: la justicia

La llegada de un nuevo líder suele generar expectativas. Sin embargo, toda institución posee una historia y personas con experiencia acumulada. En este contexto, la frase de Josef Pieper —“bueno es lo que antes ha sido prudente”— funciona como un criterio para distinguir entre liderazgos reactivos y liderazgos proactivos.

Por ejemplo, un nuevo responsable puede convocar inmediatamente a su equipo para imponer reglas y exigir resultados sin haber comprendido antes la cultura institucional. Comienza a “talar árboles” sin conocer el bosque. Ese es el típico líder reactivo.

El líder reactivo busca afirmar su autoridad, controlar a los demás y generar dependencia. Atribuye el éxito únicamente a sí mismo, pero muchas veces vive fuera de control emocional, oscilando entre la euforia y la frustración. La avaricia y el afán de resultados inmediatos terminan afectando su capacidad de discernimiento.

Esopo ilustra esta actitud en la fábula de “La gallina de los huevos de oro”: el granjero se preocupa más por la producción que por la gallina misma. La pérdida del equilibrio destruye aquello que debía cuidarse.

En cambio, el líder prudente observa atentamente la realidad, capitaliza las experiencias del pasado, analiza las circunstancias presentes y prevé el futuro. Ese es el líder proactivo. Posee formación e información para tomar iniciativas y reconoce que su verdadera fuerza está en actuar sobre aquello que realmente puede transformar.

Se interesa más por “ser” que por “tener”. Es un líder inspirador, orientado hacia lo justo, lo valiente y lo moderado.


2. Comenzar con un fin en mente: la fortaleza

La prudencia exige claridad respecto del futuro y fidelidad a la verdad. Resulta escandaloso encontrar instituciones sin objetivos definidos; pero todavía más grave es encontrar líderes sin valores fundamentales.

¿Cuáles son los objetivos y valores esenciales de un líder? Un ejemplo claro es el papa Francisco y su insistencia: “no olvidarse de los pobres”.

El Evangelio de Lucas presenta dos administradores: uno necio, que acumula bienes sin verdadera riqueza (cf. Lc 12,20-32), y otro corrupto, temido y rechazado (cf. Lc 16,1-13). Ambos quedan desenmascarados al final de su camino. Sus intenciones eran egoístas y utilizaron la astucia para maquillar la realidad.

El líder sin objetivos claros termina “dorando la píldora” a los demás. Allí donde está el centro de su vida, allí se encuentran también su seguridad, su guía y su poder.


3. Poner primero lo primero: la templanza

La prudencia permite al líder analizarse desde dentro hacia fuera. El líder crea y recrea realidades, visualiza posibilidades y proyecta el futuro.

La templanza le permite gobernar su voluntad, superar las adversidades cotidianas, mantener sus compromisos y construir integridad personal.

“Primero lo primero” significa organizar y ejecutar según prioridades. Si un líder desea preservar las relaciones y alcanzar resultados duraderos, debe revisar cómo distribuye su tiempo entre lo urgente y lo importante, lo urgente y no importante, lo importante y no urgente, y aquello que no es ni urgente ni importante.

El trabajo institucional siempre involucra personas: colaboradores, profesionales, familias y comunidades.


4. Pensar en ganar–ganar: el justo medio


La verdadera justicia busca que todos ganen. Los acuerdos deben ser mutuamente beneficiosos y satisfactorios.

El peligro aparece cuando predomina una lógica autoritaria basada en ganar-perder o perder-ganar. Allí desaparece la confianza.

La vida institucional no puede reducirse a competir con colaboradores, amigos o vecinos. Necesita relaciones interdependientes y cooperación auténtica. La justicia, desde todos sus ángulos, exige relaciones prudentes y transparentes.


5. Buscar primero comprender y luego ser comprendido: abrir puertas y oxigenar

El líder empático sabe escuchar. Oxigena las emociones y genera espacios de aprecio y respeto.

El riesgo contrario es la autorreferencialidad: considerarse el modelo absoluto para todos y negarse a la autoevaluación.

La escucha se expresa también a través de los ojos, la postura corporal y los gestos. El recurso humano es tan importante como los factores técnicos y económicos.

Como afirma el papa Francisco, se trata de “escuchar con los oídos del corazón”.


6. Sinergizar: compromisos auténticos y caridad

El líder prudente posee el coraje de decidir y comprometerse con la verdad. Busca soluciones reales y trabaja desde una lógica de cooperación.

En un contexto que exige constantemente seguridad y predictibilidad, el líder aprende a prescindir de sí mismo para dar espacio a la justicia y a la misión compartida.

La sinergia libera creatividad, fortalece la cooperación y construye confianza. En este hábito aparece la forma más alta de prudencia: la caridad, entendida como comunión.


7. Afilar la sierra: renovación permanente


Covey narra la historia del hombre que dedica todo su esfuerzo a cortar un árbol, pero nunca se detiene a afilar la sierra.

El líder necesita “filo”. Nadie puede hacerlo por él. Debe entrar continuamente en una espiral ascendente de aprender, actuar, comprender, comprometerse y volver a aprender.

Al final, se cosecha lo que se siembra. Una conciencia moral cada vez más educada impulsa al líder hacia la libertad, la seguridad interior, la sabiduría y la prudencia: madre de los hábitos de la persona altamente efectiva.

Afilar la sierra implica una disciplina integral en cuatro dimensiones:

1. Dimensión física: proporciona resistencia, energía y salud.

2. Dimensión espiritual: mantiene viva la unión con la fuente de sentido y fortalece la vida interior.

3. Dimensión mental: exige lectura, análisis crítico y discernimiento frente a las noticias falsas y las campañas de odio.

4. Dimensión social y emocional: fortalece el liderazgo interpersonal, la comunicación empática y la cooperación creativa.

La clave permanece en el “círculo de influencia”: concentrarse en aquello que realmente puede transformarse y trabajar con visión de largo plazo.

Finalmente, el aprendizaje nunca termina. El objetivo es la verdad y el obrar se orienta hacia el bien. En su forma más alta, la comunicación encuentra su modelo en Dios Trinidad: unidad en la diversidad, comunión en la caridad.


Bibliografía

  • Josef Pieper, "La Prudenza", Massimo Editore, 1999.
  • Stephen R. Covey, "Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva", Planeta, Madrid, 2019.

Alegoría del buen gobierno

En el muro del Buen Gobierno el eje principal es la personificación de la paz, ubicada entre este último y la justicia, pero empezaremos por la descripción de la alegoría del buen gobierno, la luz en todas las escenas en antinatural ya que no hay sombras y la luz tiene un origen desconocido. Los frescos del buen y mal gobierno han supuesto una valiosa fuente información para conocer las costumbres de la época, la vestimenta y la forma de construir.

En esta parte del fresco se observa la alegoría del buen gobierno, se puede ver a la izquierda a la justicia sentada en un trono representando el equilibrio sosteniendo en cada lado de la balanza al bien y al mal respectivamente. A la derecha según entramos en la estancia está la personificación del Buen Gobierno, significando al mismo tiempo Siena y la representación del bien común. Debajo de la justicia se ha representado a la concordia trenzando una cuerda que llevan los personajes situados en procesión en la parte inferior, estos eran los 24 consejeros de la ciudad y sus rostros son retratos fidedignos de las personas que ocupaban esos cargos en aquella época.


«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos»

En esta fiesta se cumple la promesa de Jesús, se inicia la nueva alianza, el nuevo Sinaí, la nueva Iglesia. Pero, ¿qué significa para cada uno de los cristianos?

Pentecostés
Discesa dello Spirito Santo nel giorno di Pentecoste (Moretto)

Domingo de Pentecostés - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)- Juan 20, 19-23

Pentecostés abre puertas.

Se abren para entrar y para salir. Se abren para acoger a quienes buscan a Dios con el corazón herido o esperanzado; y se abren también para que los discípulos salgan al mundo llevando la alegría de la Buena Noticia. El Espíritu Santo no encierra: impulsa. No crea comunidades cerradas sobre sí mismas, sino discípulos capaces de vivir la conversión y el testimonio, la intimidad con Dios y el anuncio valiente del Evangelio, a tiempo y destiempo.

Signos misioneros

El relato bíblico presenta signos profundamente misioneros: el viento y el fuego. El viento irrumpe como fuerza que pone en movimiento; el fuego transforma las lenguas y convierte la confusión en entendimiento. Allí donde antes existía división, nace la posibilidad de comprenderse. Pentecostés manifiesta así una verdad fundamental: la Iglesia tiene como una de sus raíces más profundas la capacidad del encuentro y de la comunicación.

No se trata solamente de hablar distintos idiomas, sino de aprender a escuchar el corazón humano. El Espíritu Santo hace posible una comunicación que atraviesa barreras culturales, sociales y espirituales. Por ello, la Iglesia está llamada a preguntarse constantemente si sus espacios realmente permanecen abiertos para todos: para quienes creen con firmeza, para quienes dudan, para quienes observan desde lejos y buscan silenciosamente un sentido para sus vidas.

Por qué el Espíritu parece un misterio

Seguir el viento del Espíritu significa dejarse conducir por Dios. El Espíritu Santo no vino para convertirse en un misterio reservado a unos pocos ni en una experiencia reducida a ejercicios de autosuperación espiritual. Vino para señalarnos el camino, fortalecer nuestra humanidad y concedernos sus dones para vivir con mayor verdad, libertad y amor.

Los apóstoles comprendieron esta novedad y la transmitieron con su propia vida. Todo el Nuevo Testamento está atravesado por el dinamismo de comunidades que aprendieron a vivir unidas en medio de sus diferencias. La fe cristiana no se sostiene en el individualismo. Nadie puede construir el bien común sin hacer del Evangelio el fundamento de sus relaciones.

Una identidad auténtica

Dios ya ha dado a cada persona una identidad única; por eso, el verdadero desafío no consiste en aparentar originalidad, sino en responder de manera auténtica a la llamada de Dios. La oración personal encuentra su plenitud en la comunión fraterna. La intimidad de la comunidad es Cristo mismo, y la comunión alcanza su fuente más profunda en la vida del Dios Trino.

Pentecostés es, finalmente, la manifestación pública del Espíritu Santo que inaugura la Nueva Alianza. Desde ese momento, la Iglesia queda capacitada para anunciar las maravillas de Dios a todos los pueblos y para formar una comunidad viva en la fe, la conversión, el bautismo y la comunión. Allí donde el Espíritu encuentra puertas abiertas, nace siempre una vida nueva.


Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».


👉 La Pentecoste è un dipinto a olio su tela (249 × 167 cm) del Moretto, databile al 1543-1544 e conservato nella Pinacoteca Tosio Martinengo di Brescia.

Il dipinto, valutato positivamente solo a partire dalla critica novecentesca, è testimonianza del passaggio, nell'arte del Moretto, da forme rinascimentali a forme post-rinascimentali, fondendo i vecchi stilemi veneziani con particolari manieristici di scuola bresciana, con un attento utilizzo della luce nei suoi nuovi valori del tardo rinascimento.


Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.


Ir, hacer discípulos, bautizar y enseñar: estos son los verbos de la misión cristiana. No se trata simplemente de una conclusión del Evangelio de Mateo, sino de un envío permanente. La Palabra de Jesús tiene un dinamismo que empuja, como el río que sigue su cauce, y siempre vuelve a presentarse como novedad para la vida del creyente.


ascensión del Señor

La Ascensión. Anónimo. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

VII Domingo de Pascua, Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A). Mateo 28, 16-20

Ir

La historia de la Iglesia está llena de hombres y mujeres que salieron de sí mismos para servir a los demás. Los misioneros dejaron su tierra, su cultura y sus seguridades para encarnar el Evangelio en otros pueblos. Allí descubrieron que la fe no es teoría, sino vida concreta; que la contemplación y la espiritualidad deben tocar la realidad de las personas.
Ir significa salir de la propia comodidad para construir comunidad. Significa reconocer que la fe no puede vivirse encerrada, sino compartida. El discípulo sale porque sabe que no camina solo: Cristo lo envía y promete acompañarlo.

Hacer discípulos

Para hacer discípulos, primero hay que ser discípulo. Nadie puede enseñar lo que no ha aprendido ni conducir a otros por un camino que no ha recorrido. Muchos descubren, en el servicio y en la misión, sus propias fragilidades espirituales e intelectuales. Allí se replantean su vocación y su relación con Dios.
Jesús mismo buscaba constantemente el silencio y la oración. Subía al monte para encontrarse con el Padre. Pero después de la contemplación regresaba al encuentro de la gente. Cuando Pedro quiso quedarse en la experiencia luminosa de la Transfiguración, Jesús lo hizo volver a la realidad.
La vida cristiana necesita equilibrio: contemplación y acción, oración y servicio. Separadas, se vacían; unidas, dan fruto.

Bautizar

Jesús manda bautizar «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». El bautismo no es una simple tradición social ni un requisito cultural; nace del mandato de Cristo y de la fe de la Iglesia.
Muchas veces se busca el bautismo por motivos secundarios: la presencia de un padrino, una costumbre familiar o incluso una exigencia escolar. Sin embargo, la razón profunda del bautismo es sacramental: introducir a la persona en la vida de Dios Trinidad y en la comunidad cristiana.

Enseñar

Enseñar es un servicio. Supone preparación, experiencia, estudio y vida interior. Un maestro, una religiosa, un catequista o un misionero no solo transmite información: forma personas y acompaña procesos humanos y espirituales.
Pero nadie puede enseñar sin antes aprender. Se necesita entrar en el misterio del ser humano para ayudarle a descubrir el misterio de Dios. La enseñanza cristiana exige formación intelectual, madurez espiritual y coherencia de vida.
En conclusión, hoy Jesús asciende al cielo, pero no abandona a sus discípulos. No nos deja huérfanos. Antes de partir, deja una misión clara: ir, hacer discípulos, bautizar y enseñar.
La Ascensión no es una despedida, sino el comienzo de la responsabilidad del discípulo. Cristo asciende, pero sigue actuando en la tierra a través de quienes anuncian su Evangelio con la palabra, el testimonio y la vida.

Conclusión del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

"El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él".

La perseverancia te convierte en morada de Dios, en caminante tras el amor de sus mandamientos y su Palabra.

“Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.”

El Evangelio de hoy presenta una síntesis decisiva: camino, verdad y vida. No son conceptos abstractos, sino dimensiones concretas de la existencia humana.

La antropología de la intimidad y el lenguaje profético de Catalina de Siena en la era de la inteligencia artificial

La expansión de la Inteligencia Artificial (IA) ha intensificado una profunda mutación del ecosistema comunicativo. Sin embargo, el problema decisivo no es técnico, sino antropológico: la reducción del sujeto a dato y la sustitución de la relación por la mera interacción. En este contexto, la propuesta de Catalina de Siena ofrece una arquitectura coherente para repensar la comunicación desde la persona: una palabra que nace en la interioridad, se orienta al prójimo como servicio y se proyecta en el espacio público como responsabilidad profética. 

Xilografia rappresentante Caterina sul frontespizio dell'edizione aldina delle Lettere (1500)

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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

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Javier Abanto Silva
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