Domingo XVIII del tiempo ordinario - Ciclo C (Lucas 12, 13-21) - 1 de agosto de 2010

"... Pobre delante de Dios"

Nuestras conversaciones en torno a las ciudades en su mayoría tratan de los súper mercados, rara vez se escucha hablar de la inversión en salud o en educación. Los grandes mercados famosos en nuestro país parecen ser sinónimos de desarrollo, comodidad, capacidad de compra, éxito,...

Los mensajes publicitarios nos bombardean la idea de que el éxito se mide en tarjetas de crédito, en los puntos acumulados,… Realmente pueden hacernos sentir los divos o las divas de la farándula. Así, el éxito es la felicidad y depende de cuánto tienes, consumes y aparentas. No siempre la comodidad es sinónimo de dignidad.
Las empresas de seguros se llenan de dinero porque la mayoría de personas queremos asegurar nuestro futuro. Es común asegurar la salud, el carro, los inmuebles, hasta las mascotas. Con el espanto del seguro social las empresas privadas se presentan como la solución de vida, al respecto las historias decepcionantes son conocidas.

Muchas de las personas que se consideran exitosas giran su vida en función de cuánto ganan, de sus amistades “de clase”. Es más, intercambian agendas con personajes saludables, llenos de proyectos de cara al futuro: “'¿Qué haré? No tengo dónde guardar mi cosecha.' Y se dijo: 'Ya sé lo que voy a hacer. Derribaré mis graneros y levantaré otros más grandes, para guardar en ellos toda mi cosecha y todo lo que tengo. Luego me diré: Amigo, tienes muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, goza de la vida.'”

Parece que todo lo dicho hasta el momento se centra en “vanidad de vanidades”. Cuidamos tanto nuestra vida y está muy bien hacerlo, pero sería mejor saber cómo vivirla. La vida es un regalo de Dios para compartirla, para ponerla al servicio de los demás. El servicio es el gran termómetro del sentido de la vida.

En el proyecto de la vida es imprescindible considerar la variable de la muerte. Es una variable que pone a prueba nuestra sensatez. La fragilidad de la existencia humana, y los valores profundos de la vida nos lleva a preguntarnos: ¿Cuál, donde, cómo, quién es nuestro tesoro?

Pero Dios le dijo: 'Necio, esta misma noche perderás la vida, y lo que tienes guardado, ¿para quién será?' Así le pasa al hombre que amontona riquezas para sí mismo, pero es pobre delante de Dios. (Lucas 12, 13-21).

RSD - CHIMBOTE

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