Domingo XIX del tiempo ordinario- Ciclo C (Lucas 12, 32-48)-8 de agosto de 2010

"Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el hijo del hombre".


Los administradores saben que la vigilancia, la proactividad y la esperanza no deben estar ausentes. Cada noche al pensar en la seguridad de las puertas, en las partes vulnerables, al leer las noticias de los últimos asaltos no queda más que tener la esperanza en que Dios nos protege nos guarda y a la vez en tomar las debidas precauciones.

Cuidar la casa implica estar atento a los ruidos, conocer los pasadizos y las llaves, dormir vestidos, conocer los planes de escape y las zonas seguras. Hay que prender las luces para poder ver quién se acerca para abrirle o asegurar la puerta.

Pueden llegar los ladrones y robar todo, la polilla roer, los estafadores, los sizañeros, mentirosos,… ya el domingo anterior se decía: “Vanidad de vanidades” pero si nos hacemos ricos ante Dios, si somos personas con vocación de servicio, no nos podrán robar, es principalmente hacerse rico ante Dios.

A nivel social estamos ya sufriendo la contaminación sonora de los altoparlantes que tocan canciones conocidas con la letra cambiada de quienes se presentan como una gran opción para el desarrollo. A este nivel, las esperanzas están quebradas. Esperamos que Dios salga a nuestro encuentro como a los israelitas cuando estaban en Egipto en una situación si salida.

Vale despertar al análisis de la historia, del presente y del futuro. Hay expectativas humanas y sueños por caer en la clase de los “acomodados”, hay que ser positivos y optimistas, Dios ama a los pobres, pero no la pobreza. Sin embargo, me esfuerzo y me choco con una crisis de esperanza y de seguridad.

La confianza en las expectativas humanas, nos hacen imaginar un gran desarrollo que nos incluya, pero hay un aso importante que es pasar a la confianza en Dios. Es un salto a la fe y una expresión concreta de la caridad.

Volviendo al sueño de los administradores no vale sumirse en la crisis de la escasez, en la acumulación injusta e inmisericorde. Vale la pena vivir para servir, es el gran capital humano.

Es bueno asegurar las puertas, preparar el ambiente y al amanecer abrirlas para brindar un mejor servicio, un nuevo día que va confirmando el sentido del servicio donado e ilusionado. La confianza y la seguridad en Dios están presentes en la vida, Dios sale siempre a nuestro encuentro, sigamos atentos.

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