Domingo XXIII del tiempo ordinario. Ciclo C (Lucas 14, 25-33). 5 de septiembre de 2010

“Este hombre empezó a construir, pero no pudo terminar”
En las grandes ciudades y pueblitos se han iniciado muchas obras. El cerebro más lento se puede percatar de que las verdaderas intensiones son electoreras. Y aunque esta intención subterránea puede ser incluso beneficiosa, el problema es que las obras no se han podido terminar.

El impacto de este azar polvoriento lo viven los taxistas, los negocios y toda la población. Las obras aparentan ser un buen currículo pero no necesariamente apuntan al desarrollo de la ciudad. El futuro electoral así, es una construcción sobre arena, plagada de salitre y en un suelo sísmico.

Pero más que un futuro electoral nos preocupa el del bien común. Hasta cuándo sufriremos de amnesia al elegir y de optar por el menso malo. ¿Quién nos podrá iluminar para discernir y darle sentido al futuro?

Los candidatos explotan las obras que hicieron como currículo para ser favorecidos con el voto, pero hay valores más profundos, necesarios y urgentes que debemos observar en candidatos y candidatas. Si la vida personal se enfanga de seguro que sus obras serán enfangadoras.

Ese lado no ven las encuestadoras, pero sí la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), presenta unos criterios éticos para elegir mejor a nuestras autoridades: “honestidad, conocimiento de las necesidades de la gente, propuestas claras y realistas, diálogo con la población, comprometido con la reconciliación y la justicia, comprometido con el progreso y el bien común”.

El festival de ofertas seguirá, estos criterios le pueden ayudar a decidir su voto y a los candidatos a examinar su proceder. Según el libro de la sabiduría el hombre que va con Dios es más que los “dioses” y se deben tomar decisiones radicales.

Nuestra realidad no está para jugar con el sistema, sino proponiendo cambios radicales en nuestras formas de votar, discernir perspectivas de futuro. No queremos dolor ni pobreza. Queremos ver el desarrollo humano, implementar todo lo necesario y apuntar todos a un mismo objetivo.

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