Domingo XXIV del tiempo ordinario C (Lucas 15, 1-32): Predicar la gracia
«Hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte…»
1. Humildad y gracia
«Estoy feliz de que me aceptes como soy, de que perdones el daño que te hice».
Así habla quien ha experimentado el perdón de verdad.
También tú, si llevas dentro resentimientos, culpas o recuerdos que duelen, puedes decirle hoy al Señor:
«¿Lo intentamos de nuevo?
¿Me aceptas para reiniciar mi vida?»
Eso es abrirse a la gracia: reconocer la propia verdad delante de Dios y dejar que Él empiece algo nuevo.
Domingo XXIV del Tiempo Ordinario – Ciclo C
(Lucas 15, 1-32)
2. Una oveja, una moneda y un hijo
En el Evangelio de hoy, Jesús nos cuenta tres historias:
- una oveja perdida,
- una moneda perdida,
- y un hijo perdido.
En las tres, cuando lo perdido es encontrado, hay fiesta.
- Con la oveja y la moneda, es Dios quien sale a buscar.
- En el hijo pródigo, el Padre espera con paciencia, con los brazos abiertos.
No hay libertad más grande que decidir volver al Padre,
ni gesto más divino que esperar a alguien para abrazarlo cuando vuelva.
Mientras tanto, los fariseos y escribas critican:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
La gracia de Dios escandaliza a quienes se creen dueños de la verdad y de la religión,
pero es buena noticia para quien se sabe herido y necesitado de misericordia.
3. ¿Dios favorece el mal?
Dios no aplaude el pecado, pero se vuelca con el pecador.
Jesús se acerca a quienes todos etiquetan como “casos perdidos” y les devuelve dignidad.
La pregunta incómoda es:
¿Me escandaliza que Dios sea tan bueno con los demás… o me alegra que también conmigo tenga tanta paciencia?
Si alguna vez te has sentido lejos, juzgado o marginado,
las parábolas de la oveja, la moneda y el hijo pródigo te susurran algo muy concreto:
Dios no se ha cansado de ti.
4. Predicar la gracia
Predicar la gracia de Dios es:
- no avergonzarse de acercarse a los pecadores,
- saber ver y decir lo bueno que hay en cada persona,
- preferir la misericordia al chisme y a la murmuración.
Porque Dios es, ante todo, gracia, amor y perdón.
Y Jesús lo resume así:
«Hay más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierte
que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión» (cf. Lc 15,7).
Dejémonos encontrar por Él y aprendamos también nosotros a alegrarnos de corazón por cada regreso a la casa del Padre.
La Virgen de la Humildad es un cuadro del pintor florentino Fra Angelico pintado ya en plena madurez del artista entre el 1433 y 1435. Pertenece al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid pero se expone habitualmente en régimen de depósito en el MNAC de Barcelona.



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