Domingo XI del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 4, 26-34) 17 de junio de 2012




“(...) lo mismo de noche que de día, la semilla nace y crece sin que él sepa cómo”

 

Con amor a nuestro papá. Con amor a los hijos. Con esperanza y fe para la caridad en los hogares.

Hoy es un día especial, es el día del papá. Algo que nunca podremos negar en nuestra vida es su importancia para nuestra existencia. Nuestro rostro, cada gesto, la mirada, la forma de proceder,… cuales sean son el rostro y el gesto del hogar, de la presencia o ausencia de papá.

Seguramente, muchos piensan en la ruina o en lo malo de su historia. Los Israelitas al estar en una situación más caótica necesitan de Dios Padre, él es capaz de sacar lo nuevo de lo viejo y pone como analogía la arrogancia de un cedro para sacarle un tallo, plantarlo en la cima y tener un árbol noble. Cada día la nobleza, la sencillez, la confianza, la prudencia ayudan a desterrar lo caótico de la existencia y a tener cualidades para fortalecer las familias.

Un papá hace posible que no vayamos a la nada, Dios Padre nos garantiza que hemos sido creados, hemos nacido, para la vida y no para la muerte.

En el hogar, nos preocupan los “fracasos”, las malas noticias; incluso en el proceso de formación puede llevarnos a la desesperación. San Pablo destaca la esperanza. Estamos invitados a profundizar en la esperanza, sin ella, la caridad muere; el amor con la imprudencia se ahoga.

Así como una semilla crece sin depender de quien la sembró, así puede un hogar crecer y fortalecerse. La semilla crece por la tierra preparada, fertilizada y naturalmente su crecimiento es un milagro de Dios. San Pablo aplica esta imagen a la formación de una comunidad o de un hogar que crece gracias a la semilla de la Palabra de Dios, del tipo de tierra que son sus integrantes. Depende de todos pero no absolutamente de una persona; Dios hace crecer la semilla, la Palabra, el amor.

Felicitaciones a papá por: no traernos a la nada, por sacrificar su vida y libertad, por ahorrar cada céntimo para procurar nuestro desarrollo, por ser nuestro héroe, nuestro cómplice, por abrazarnos, … somos su semilla hecha árbol frondoso, un cedro noble que es plantado en la cima de la montaña.

Gracias Señor, gracias Dios Padre misericordioso por sembrar la vida, la esperanza, la fe, el amor, la inteligencia,... todo para construir, no para destruir.


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