Escribir sobre el amor duele!

“Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas” 

Domingo XXXI del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 12, 28b-34) – 5 de noviembre de 2006

Escribir sobre el amor duele. Hay que madurar para amar adecuadamente. Por lo general es un camino largo, perseverante, desconocido, palpitante, ilusionado, desconfiado, … Si quieres ser feliz, recórrelo, ten fe, camina seguro.

Ese tramo de misterio en el amor, quizá nos lleve a ser esquivos, “criollitos”, no auténticos, a jugar a la ruleta, a cuestionarnos: cómo un amor que es puro nos puede llevar a sentirnos impuros, un amor libre nos lleve a ser esclavos, un amor exclusivo nos lleve a la infidelidad. 

El amor está sembrado en nosotros desde cada célula hasta cada pensamiento. Respiramos el amor y somos quietud, nos pica el desamor y nos desubicamos. Cada gesto, palabra, acción son frutos que caen maduros o corruptos, con sabor o con gusanos, con paz interior o con frustraciones, en la disponibilidad o en el egoismo.

¿Será posible que todavía pensemos en dividirnos para amar?

El amor eterno que viene desde el Creador, el amor tan existencial, tan dinámico, tan motivador, no puede traducirse en un selfie, en un delirio de autosuficiente. El amor eterno se hace vasija en cada corazón terreno, es barro insuflado por el aliento de Dios. Cada corazón terreno se llena de ese amor eterno no para añejarse en su soledad, sino para alimentar a los demás.

Quizá, no estás lejos de Dios. Yo no me atrevería a preguntarte.

Tampoco escribiría, pero necesito del amor para vivir. En eso soy dogmático: el mundo no cambia con el desamor.


Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un letrado se acerco a Jesús y le preguntó: –¿Qué mandamiento es el primero de todos?
Respondió Jesús:
–El primero es: «Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que estos.
El letrado replicó:
–Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
Jesús, viendo que había respondido sensatamente le dijo:
–No estás lejos del Reino de Dios.
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
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