Corpus Christi: “Denles ustedes de comer”

Celebramos en la solemnidad del Corpus Christi, Cuerpo de Cristo, la fiesta de la Eucaristía. Jesús tomó el pan, oró elevándolo al cielo, lo partió y compartió.

 

Procesión de cofradías incas de San Juan Bautista y San Pedro


Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)


Corpus Christi


Una mujer con gafas negras y una gorra seguía la procesión para recibir la eucaristía. Al llegar el padre la miró y preguntó:

¿deseas comulgar? 

  • El padre la miró dudoso: “no te vi durante la misa”,
  • No padre, no me vio, llegué tarde’ –
  • ¿Viniste después del evangelio?
  • Entonces no puedes comulgar. 
  • La mujer retrocedió y se retiró confundida.

 

Acoger a los demás

Un gesto de acogida no sólo es el saludo y las palabras de bienvenida, también puede ser un vaso de agua y compartir el pan. Es una buena práctica la de algunos párrocos que esperan para saludar y despedir a los fieles que llegan especialmente a las misas dominicales. Acoger en tu casa, o en la iglesia, es seguir el talante del Corpus Christi:  “Jesús hablaba a la gente del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación”

 

Como también puede ser una mala práctica: saludar unos y prescindir de otros.Es decir, el chorro de palabras sugerido está dirigido a la salvación, no a las desgracias de los demás. ¿Cómo crear una comunidad -eucarística- donde el centro sea la Palabra de Jesús, la corresponsabilidad para el pan y la Palabra?

 

La mujer de la historia nos da luces de acogida. Ella, después, se acercó a la iglesia y se mostró sin gorra y sin gafas. Tenía cáncer. Ella quería recibir a Cristo, pero sintió que le negaron. No pudo llegar temprano porque sus horarios médicos no le permiten. 

 

Dar de comer

Muchas personas, por diferentes motivos se acercan a la eucaristía o la evitan. ¿Cómo hacer de la eucaristía un reino de acogida? Lo que sí es claro, la eucaristía no es sólo para los perfectos. Si se cree que la eucaristía es sólo para la élite de los santos entonces habrá que releer el evangelio.

 

El Corpus Christi debe ser una respuesta al hambre de comida, de salvación, de la Palabra. El hambre te pone también en camino, en la fila de los que van a recibir el pan, en el momento íntimo, en un solo latido con el corazón misericordioso de Dios. 

 

Juan Pablo II en su visita a Villa el Salvador en Perú (5 de febrero de 1985) improvisó algunas palabras: 

 

Entonces, entonces, a vosotros pueblos jóvenes, Villa El Salvador, todos los pueblos jóvenes del Perú, yo deseo que el hambre, el hambre de Dios permanezca, que el hambre de pan se haga resolver, se encuentren los medios para dar este pan.

 

 El «dadles de comer» pronunciado por Cristo, sigue resonando en los oídos de la Iglesia, del Papa, de los Pastores y colaboradores. Es la voz de Jesús, ayer y hoy. La Iglesia quiere ser, con esa voz de Cristo, abogada de los pobres y desvalidos. Ofrece su doctrina social como animadora de auténticos caminos de liberación. No cesa de denunciar las injusticias, y quiere sobre todo poner en movimiento las fuerzas éticas y religiosas, para que sean fermento de nuevas manifestaciones de dignidad, de solidaridad, de libertad, de paz y de justicia. Ella ayuda en lo que puede a resolver los problemas concretos, pero sabe que sus solas posibilidades son insuficientes. 

Por ello quiere lanzar desde aquí, a través de mi voz, una urgente llamada a las autoridades y a todas las personas que disponen de recursos abundantes o pueden contribuir a mejorar las condiciones de vida de los desheredados. El «dadles de comer» ha de resonar en sus oídos y conciencias. Dadles de comer, haced todo lo posible por dar dignidad, educación, trabajo, casa, asistencia sanitaria a estas poblaciones que no la tienen. Redoblad los esfuerzos en favor de un orden más justo que corrija los desequilibrios y des proporciones en la distribución de los bienes. Para que así, cada persona y familia pueda tener con dignidad el pan cotidiano para el cuerpo y el pan para el espíritu.

(Juan Pablo II, 5 de febrero de 1985) 

 

Palabra del papa Francisco

La petición que él hace a los discípulos es perentoria: «Dadles vosotros de comer» (Lc 9,13). Tratemos de imaginar el razonamiento que habrán hecho los discípulos: “¿No tenemos pan para nosotros y debemos pensar en los demás? ¿Por qué deberíamos darles nosotros de comer, si a lo que han venido es a escuchar a nuestro Maestro? Si no han traído comida, que vuelvan a casa, es su problema, o que nos den dinero y lo compraremos”. No son razonamientos equivocados, pero no son los de Jesús, que no escucha otras razones: Dadles vosotros de comer. Lo que tenemos da fruto si lo damos —esto es lo que Jesús quiere decirnos—; y no importa si es poco o mucho. El Señor hace cosas grandes con nuestra pequeñez, como hizo con los cinco panes. No realiza milagros con acciones espectaculares, no tiene la varita mágica, sino que actúa con gestos humildes. La omnipotencia de Dios es humilde, hecha sólo de amor. Y el amor hace obras grandes con lo pequeño. La Eucaristía nos los enseña: allí está Dios encerrado en un pedacito de pan. Sencillo y esencial, Pan partido y compartido, la Eucaristía que recibimos nos transmite la mentalidad de Dios. Y nos lleva a entregarnos a los demás. Es antídoto contra el “lo siento, pero no me concierne”, contra el “no tengo tiempo, no puedo, no es asunto mío”; contra el mirar desde la otra orilla. 

En nuestra ciudad, hambrienta de amor y atención, que sufre la degradación y el abandono, frente a tantas personas ancianas y solas, familias en dificultad, jóvenes que luchan con dificultad para ganarse el pan y alimentar sus sueños, el Señor te dice: “Tú mismo, dales de comer”. Y tú puedes responder: “Tengo poco, no soy capaz para estas cosas”. No es verdad, lo poco que tienes es mucho a los ojos de Jesús si no lo guardas para ti mismo, si lo arriesgas. También tú, arriesga. Y no estás solo: tienes la Eucaristía, el Pan del camino, el Pan de Jesús. También esta tarde nos nutriremos de su Cuerpo entregado. Si lo recibimos con el corazón, este Pan desatará en nosotros la fuerza del amor: nos sentiremos bendecidos y amados, y querremos bendecir y amar, comenzando desde aquí, desde nuestra ciudad, desde las calles que recorreremos esta tarde. El Señor viene a nuestras calles para decir-bien, decir bien de nosotros y para darnos ánimo, darnos ánimo a nosotros. También nos pide que seamos don y bendición.

Corpus Christi, 23 de junio de 2019 

 

 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 11b-17

En aquel tiempo, Jesús hablaba a la gente del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación. El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron:
«Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado».
Él les contestó:
«Dadles vosotros de comer».
Ellos replicaron:
«No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente».
Porque eran unos cinco mil hombres.
Entonces dijo a sus discípulos:
«Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno».
Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos. Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.


Pintura:

Procesión de cofradías incas de San Juan Bautista y San Pedro




 

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