¿Qué criterio?

¿Qué criterio?
“Yo no la saludo, qué vergüenza, mis amigos qué pensarán” “Ese señor es el gerente, voy a saludarlo, de paso le daré mi tarjeta; el otro no, no me interesa, con ella ‘paso’ por hoy”। “Qué nivel ah, no habla bien pero tiene poder”. “Ese caballero es muy hablador, pero es influyente”. “Ufff no sabe vestirse, así ni a la esquina…”. “Ah mire, qué interesante, llámeme cuando guste, que yo también admiro la buena cocina, la pintura, la poesía,… (mil oficios)”.

No, no, no, no, no soy tartamudo, sino que frases como éstas rondan en mi pensamiento cuando las ceremonias son “elegantes”, también en las poco elegantes decimos: “soy ‘cholo’ pero no tan ‘indio’ y feo como tú”। Realmente no sé a qué llamar “elegante” o de “alta alcurnia”, pero usted y yo entendemos nuestras categorías que clasifican y discriminan por cómo nos vemos y cuánto tenemos.

“Esta señorita no me cae muy bien porque no me deja hablar”। “Él es una persona bien ilustrada, tiene tanto que decir que nunca escucha”. “Ella está hablando de sus ex – novios, de los lugares lindos que conoce, de la elegancia y éxito en su vida, de sus capacidades, de su salario (ojala pague la cuenta), del tipo de esposo que quiere (adoptará una mascota), incluso ya ‘sabe lo que opino y cómo soy’, cree saberlo.

Tú has asistido a un anecdotario acompañado de buena o mala presencia, de una café capuchino con sándwich o hamburguesa; incluso de un “cevichito” o de una gaseosa con galleta, si gustas de “un combinado al paso” (tallarín, papa a la huancayna y ceviche de pescado)। En todo sitio se cuecen habas, se habla mucho y no se dice algo, se escucha poco y no hay claridad.

Eso hablo de mí, cuido poco mi conciencia, me es difícil la sinceridad más profunda। Pongo el dedo donde surgen las ideas y las intenciones, donde se incuba los proyectos de vida. Pero sucede que cuando me manifiesto único me quedo solo, la bulla de mi vida me hace hablar lo que llevo por dentro, somos un poco de lo que hablamos.

Mis criterios no son claros, la ambivalencia, lo indefinido, lo oscuro, lo confuso, lo corrupto,… me hacen sufrir y no lo quiero aceptar. Por encima de las apariencias, de los prejuicios, de las modas, de los partidos políticos, de las habladurías de los vecinos, de mi ceguera ante la vida, de mi sordera ante Dios, la familia y la sociedad está mi conciencia. Necesito abrirme a Dios, a la familia, a la sociedad. Necesito reeducarme y tener otros criterios del valor de la vida.

DOCUMENTO DE APARECIDA
“El encuentro con Jesucristo en os pobres es una dimensión constitutiva de nuestra fe en Jesucristo. De la contemplación de su rostro sufriente en ellos y del encuentro con él en los afligidos y marginados, cuya inmensa dignidad él mismo nos revela, surge nuestra opción por ellos. La misma adhesión a Jesucristo es la que nos hace amigos de los pobres y solidarios con su destino”. (Documento de Aparecida 257).
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