Las tentaciones en el desierto (Mt 4,1-11)

¿Quién eres? ¿Eres lo que pareces?
Ciclo A, Cuaresma I
Mt 4, 1-11

La cuaresma es el tiempo litúrgico que nos dice “detente un instante” mira como el arroyo de tu vida fluye en esta existencia que de por sí es un regalo de Dios o al menos así la deberíamos valorar. Los diarios y muchos libros hablan de la complejidad del ser humano, de su ímpetu insaciable, de su insatisfacción permanente, de su esfuerzo por aparentar lo que no es. Así, la vida del hombre se convierte (no a Dios) en un acto de suplantación de Dios, en un rechazo e indiferencia al hombre como imagen y semejanza de Dios.
¿En este mundo caótico cómo, dónde, cuándo encontramos un hálito de esperanza y alegría?
En este desierto de carencias, el primer domingo de cuaresma se centra en tres tentadoras propuestas que hace el diablo a Jesús (cf. Mt 4, 1-11).

1.       El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» Pero él le contestó, diciendo: «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."
Tentadora propuesta que podría solucionar el hambre del mundo. Facilito. Automático. Con un click puedes solucionar el problema. La respuesta destierra todo tipo de pereza, indiferencia, facilismo. Jesús centra en la razón de ser de la persona humana. Cómo es posible que Dios te creo inteligente, con manos, piernas, corazón, etc. Y quieras que te solucione los problemas para los que ya tienes los instrumentos. El hambre de Jesús es voluntario, no una obligación. Sufre el hambre. El hambre actual es por el egoísmo de la persona. Cada céntimo injusto se traduce en desnutrición, en muerte, en ignorancia. El pan del pobre es el banquete indigno de cada operario de la corrupción.
Los pájaros del campo no se preocupan por el grano, no hay vacas acumulando pasto para asegurar su futuro, ni conejos haciendo planificación familiar. Es un grito a la providencia, al desapego de aquello que se interpone para la libertad, para la humildad.

2.       Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."» Jesús le dijo: «También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios."» 
Jesús no necesita argumentos desesperados para dar seguridad de la existencia de Dios Padre, no tiene crisis de personalidad, ni su autoestima está en el nivel de la derrota para hacer uso de lo espectacular, de lo mágico, de efectos especiales.
La vida no depende más que de Dios. Los ricos aseguran sus bienes, los jugadores y modelos sus piernas y sus senos. Puedes asegurar que te pongan un ataúd de cedro (o color cedro) pero no la vida. Las aseguradoras ganan millones con la paranoia del abandono futuro.
La respuesta de Jesús apunta al límite del diablo, al límite de toda persona, aseguradora, bruja o algo parecido: No tentarás al Señor tu Dios porque de él depende la vida. El diablo sólo trae la muerte.

3.       Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras.» Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto."
Mucho se arrodillan por millones o por unos cuántos soles. Muy conveniente. Muy sabroso comer el pan del pobre. Viven la alienación de tener el mundo a sus pies. De solucionarlo todo con una tarjeta de crédito. Nos postramos ante lo indigno, lo sucio, la mentira, lo obsceno; pues “somos esclavos de nuestras pasiones”.

Está la búsqueda de otros dioses, el arrodillarse ante los reinos del mundo. Qué reina, qué te obsesiona, dónde está tu mayor riqueza. Las grandes capacidades de la justicia, libertad,  amor,   buena comunicación,   respeto,   consideración, la libertad de conciencia y otros valores que ya nos estamos olvidado ya no es parte importante de la vida sino algo para postergado porque saca alergia. El mal nos encanta aunque nos deje angustia y desolación. 
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