Domingo de Pentecostés

¡Ven Espíritu Santo!

 
De Juan Bautista Maíno, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8482707

El les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que Yo les he dicho” (Jn. 16, 12 y 14, 26)

Homilía y Reflexión
Pentecostés
Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

“¡Ven Espíritu Santo! Por favor, te lo pido, por qué andas tan silencioso y escondido, mi corazón como tierra reseca necesita de tus aguas vivas.” 
Esta es mi oración en Pentecostés, porque no quisiera celebrar la fiesta como una Navidad sin Jesús.

Los discípulos, durante su vida con Jesús en la tierra, están animados, prendidos por la fuerza de la Palabra de Dios. Sin embargo, la muerte de Jesús les causa decepción y tristeza. Después, se abren las esperanzas con los testimonios de las apariciones del resucitado. En seguida, van confirmando la Resurrección, pero especialmente, fortalecen su entusiasmo en Pentecostés con el envío misionero.

Y ahora, necesitamos una “ayudadita” de ese “Espíritu de la Verdad”. A continuación, trataré de hacer un acercamiento humilde:

Les cambia la vida a los apóstoles. El miedo y la tristeza son superados gracias a las palabras de Jesús: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

La experiencia es comunitaria y personal. Jesús envía su Espíritu en medio de una comunidad con gente de diversos lugares y por tanto se necesita ser tolerante y comprensivo. Los idiomas son distintos, pero el lenguaje de alabar y agradecer a Dios, el de sintonizar, el de admirar, del entendimiento. Lo grande para Dios es que la sociedad multicultural se entienda. (Cfr. Hechos, 2, 1-11).

Romper el egoísmo y generar solidaridad. Cada ser humano tiene dones maravillosos, gracias a ellos hemos escuchado canciones, leído novelas y visto audiovisuales de la genialidad humana. Y con escándalo, todavía necesitamos superar el egoísmo en las familias, en las comunidades religiosas y en cada país. No vale buscar la diversidad sin la unidad, ni la unidad sin la diversidad.

Sanarse con el perdón. “el hombre es el lobo del hombre” decía un filósofo expresando la crueldad humana. Pedimos el espíritu del perdón al Hombre que libero a la humanidad, Jesucristo. Sin el perdón, hoy las familias incrementan la violencia. Sin el perdón nuestro corazón se atrofia y nuestros sufrimientos son estúpidos. Necesitamos del espíritu del perdón y del amor cada día, para iniciar, reiniciar,… Con la alegría de los apóstoles.

El Espíritu de la alegría. Reconocer a Jesús en el camino de Emaús causa tanta alegría. Hablar con Jesús aquella mañana triste iluminó la vida de las mujeres en el sepulcro. La alegría de Pedro y de Juan al comprender que todo ya tiene sentido. La confesión de fe de Tomás, “Señor mío, Dios mío”. La alegría de comprenderse en sus idiomas naturales en Pentecostés. La alegría de la madre a desatar los secretos de su corazón.

 Gracias a esa alegría generada por el Espíritu, la misión sigue provocándonos, nuestros corazones tienen esperanza y nuestros caminos necesitan de gente como tú. Al leer esta reflexión estás uniéndote a mi oración:

“¡Ven Espíritu Santo! Por favor, te lo pedimos, por qué andas tan silencioso y escondido, nuestros corazones como tierra reseca necesitan de tus aguas vivas.”

Homilía y Reflexión

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