Homilía/Reflexión. La regla de oro



"La medida que uses, 
la usarán contigo"



Séptimo domingo del Tiempo ordinario – Ciclo C (Lucas 6, 27-38) – 24 de febrero de 2019

Se conocieron en la flor de la vida, ambos tratando de escalar en la sociedad, aunque este camino no siempre te hace madurar o ser más humano.

Se casaron, tuvieron dos hijos. Abuelos y tíos estaban felices, sus fotografías los muestran inseparables.

Y como muchos hogares que no saben equilibrar lo necesario con la vanidad hizo que uno trabaje mucho fuera de casa. Compraron una casa suficiente para su descendencia, un carro, electrodomésticos, etc.

Decidieron que él siga en el trabajo y ella se encargue de la educación de los niños, ayudada por una señora.

Ella, se quedaba en casa, salía con sus amigas, intentaba seguir la dinámica social. Él seguía trabajando y adorándoles cada tarde o día libre con su familia. Muchas veces llegaba ebria y molesta, argumentaba: “tengo derecho a divertirme, no quiero alejarme de mis amigos, me siento aburrida en casa, yo soy de mejor nivel que tú, etc.”

Una mañana, él trabajaba en su estudio y escuchaba unos llantos, miraba por la ventana cómo los vecinos sigilosos se acercaban. Él salió molesto porque escuchaba que una mujer pedía auxilio. Su sorpresa, y la de los vecinos, fue descubrir que era su esposa. 

Pasaron unos meses y descubrió unos mensajes “románticos” en su celular. Ella se sintió muy ofendida y él pidió perdón por invadir su privacidad. Salía y no contestaba las llamadas, incluso tenía un número que él no conocía. 

A los pocos días, ella desapareció. Él la buscaba y fue a la policía para reportar su desaparición, pero su sorpresa fue que él estaba denunciado por violencia doméstica. Finalmente se supo que ella fue a vivir a otra ciudad con un vecino, cuya esposa se encargó de descubrirlos.

Como tenían hijos la relación de padres siguió. Un día, ella, sabiendo que él estaba con sus hijos fuera de casa, llevó los electrodomésticos. Ella le dijo que se ha quedado sin dinero, él le comenzó a colaborar con algún dinero. 

Después, ella pidió que quiere la repartición de la casa. Fueron a una conciliación y él decidió pagar la mitad por una suma exagerada y caprichosa.

Ella necesitaba encontrarse con sus hijos, según la conciliación. Él no pidió las llaves. Un día, ella le pidió que por favor le preste las facturas de los gastos de la manutención y educación de los ya adolescentes porque necesitaba bajar el impuesto de sus gastos. Ella, usó los documentos para difamarlo como un gran sinvergüenza y decir que ella pagaba todo en la casa y mostraba los comprobantes.

Ella iba para ver a sus hijos y les contaba su historia hasta hacerles renegar de su padre. Entonces, los hijos comenzaban a culpar a su padre de todo. Él estaba entre los hijos y la decencia.

Después de muchos años, los hijos son profesionales y viven en el extranjero. Él sigue solo y ella, viuda.

¿Cómo entender?

“Trata a los demás como quieres que ellos te traten” … “les verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uses, la usarán contigo.»



Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 
—«A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra;al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale;al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. 
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. 
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados;no condenéis, y no seréis condenados;perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. 
La medida que uséis, la usarán con vosotros.»
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