La Transfiguración de Jesucristo.

Homilía II Domingo de Cuaresma Año litúrgico 2018 - 2019 - (Ciclo C)

Metamorfosis en tu riachuelo

Autor: Rafael Sanzio15171520. Temple y óleo sobre madera. 
Renacimiento. 405 cm x 278 cm. En Museos Vaticanos. 



Si tú eres de los que aman la naturaleza y quieres subir a la cumbre para contemplarla, hoy es tu día de suerte. Ora, mira, ...

Podrías hacer un ejercicio mental. Sentarte al borde de un riachuelo, mirar cómo la historia fluye. Pero esa historia es tu vida. ¿en qué momento subes a la cumbre?

Mira cómo comienzas a comer, a decir tu primera palabra, a empaparte, a rabiar, reír,… Mira en esa historia a ese amor eterno de mamá, de papá, los abuelos, los tíos y los primos.

En ese riachuelo de tu vida, mira el agua turbia que te hizo sufrir. Tus momentos indecisos, de incomprensión, de angustia, de sobresaltos,… Mira, cómo las burbujas se pierden cual sueños dorados.

Si miras bien no será vano, pero si no miraste y ahora miras, entonces ha pasado la vida más rápido que el Dakar 2030. No te alucines todavía, regresa y mira cómo pasa, mira qué calma aparenta, cual Río Amazonas, pero sabes que los remolinos van por dentro arrastrando lo más liviano y perforando lo más débil de su cauce.

Cuántos de esos recuerdos ya no te friegan la vida, y cuántos los anhelas. Seguro que quisieras hacer funcionar la máquina del tiempo para corregir. Pero, eso sólo sucede en las películas de ficción. En la realidad, las modificas o reseteas la historia.

Sigue mirando el riachuelo de tu vida, hay historias que no quisieras repetir nunca. No puedes escapar de esta historia, sólo superarla, asumirla, y mejorarla. Y así, renace la ilusión, de vivir, del buen vivir teñido de la sabiduría encontrada en aquel riachuelo turbio o calmado (Contemplar).

Esas ganas locas de mejorar la historia no es un mero egocentrismo, no es el orgullo de presentarte como “el superado” o “lo único y suficiente”. Esas ganas nacen del encuentro contigo mismo. En ese encuentro está tu gente, tu Dios. Ese riachuelo tiene un cauce veloz porque viene de lo alto, de aquella montaña, del Tabor, del lugar donde elevas tu mirada para decir: “gracias Dios mío, qué bien me siento aquí”. Así, como Pedro, anhelas ese momento místico de estar ante el riachuelo de tu vida, ante el Dios que fortalece tu cauce.

Y Dios, misterioso y plausible, te hace ver que el riachuelo tiene piedras, palos, barro, microorganismos, etc. Puedes mirar las tonalidades verdes de la rivera, el canto de los pájaros, la biodiversidad que genera vida. Aunque, quizá la mariposa no recuerde que fue un gusano; la vaca, una ternera.  Ahora puedes reconocer tu vida en el paisaje y éste en un universo, no estás solo, tienes una misión, un mar dónde ser parte del todo, eres eterno. Hay larvas que cambian la historia. Abraham el anciano, el carpintero Jesús, los desaliñados apóstoles, etc

Dios ha dado motivos para ser ciudadanos, no sólo del “nuevo continente virtual”, sino del cielo. A Abraham, le dio un hijo por quién vivir, una descendencia cuál estrellas del cielo. Dios mismos, tiene su Hijo metido en nuestra historia, para mostrarnos su Palabra de vida, la dinámica del cambio. 

Esto podría llamarse: un camino a la conversión ecológica integral. Valorar y entusiasmarse por la vida resplandeciente ante Dios, ante el prójimo, ante la naturaleza. A continuar la historia!

(homilía, reflexión)


Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 28b-36

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.

De repente dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
–Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:
–Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle.
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.




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