TO 28 C: Jesús sana a los 10 leprosos

¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?


Tres puntos en la vida:
   - “Id a presentaros a los sacerdotes”.
      - “Se volvió alabando a Dios y dando gracias”.
      - “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”

XXVIII Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2018 - 2019 - (Ciclo C)

Curación del leproso, 1481-82. Cosimo Rosselli
Fresco, 349 x 570 cm.  Capilla Sixtina, Vaticano
Homilía y Reflexión


Hola, gracias por leer y compartir estas reflexiones. Te confieso que me “revienta” encontrar personas que no son agradecidas.  Quizá me proyecto en ellas, a veces soy 9 veces “desagradecido”, pero por lo general trato de que me salga el “leproso agradecido” y salvado obviamente. Es curiosa esta historia: 10 leprosos juntos para pedir la “compasión” y sólo uno logra la salvación.

Ante lo que se llame “lepra” o margine, nosotros también somos indiferentes con los que piden limosna, con los extranjeros, los locos. Me pone furioso cuando en una calle solitaria alguna persona al verme asegura su cartera de manera automática. ¿Qué tipo de leprosos somos?

Tras de cada leproso hay una historia. En el tiempo de Jesús, la lepra era considerada consecuencia del pecado de la misma persona o de sus antepasados. Es una sociedad exclusiva y excluyente, no distinta a la nuestra. La lepra expresada como consecuencia d la lejanía de Dios, de la injusticia, de la pobreza, de la indiferencia.

Quizá debamos poner más el dedo en la llaga de los “leprosos desagradecidos”. Vienen unas tradiciones y vivencias encajadas un engranaje familiar y social. Lo peor que les ha podido suceder es haber sido sacados de ese engranaje. Entonces, su vida gira buscando regresar al engranaje. Jesús los deja limpios, después de acudir al sacerdote y con ese acto religioso les parece suficiente, regresan desesperados a su engranaje, de pieles limpias.

Los “desagradecidos” han regresado al engranaje desde donde se sienten puros (sin necesidad de limpieza), religiosos (sin necesidad de Dios). Están moralmente sanados, y por tanto seguirán juzgando, condenando. Nunca dirán que tuvieron lepra, no se preguntarán si la infección les afiebra o ya se quitó por milagro de Jesús.

Esa es la desgracia, sentirse integrados en un engranaje comunitario con pocas ventanas para la vivir la vida con libertad, con madurez. Es el error de un espíritu consumista que con 30 monedas “compra” la salvación. Es la bipolaridad del “intachable” en el día y del “abierto de mente” por la noche. Dios espera el regreso no del despilfarrador sino del humilde y agradecido.

Los “desagradecidos” se sienten incapaces de reconocer a quien les hizo el regalo de volver a su “engranaje”. Los motivos pueden estar desde el menosprecio, la envidia, la desautorización, la autosuficiencia. No han entendido que dar gracias es la respuesta a quien donó su tiempo, su pensamiento, sus palabras, parte de su vida. Escucharon las palabras pero no apreciaron la compasión.

En este sentido, Jesús, es el pobre Nazareno, medio “loco”, “se cree Dios”, hijo de un carpintero, … no tiene la suerte de los grandes juristas del Sanedrín (Saduceos), ni de los hijos predilectos (Fariseos), tampoco la preparación académica de los escribas, etc. “A la chusma no se le agradece” supera a “de bien nacidos es ser agradecidos”. Siguen enfermos con pieles limpias. Es decir, ante su “engranaje puro” tienen caras pulcras, pero ante “los leprosos” siguen clavando puñales. 

Finalmente, el “leproso agradecido” es extranjero, sigue al margen, no le basta regresar al engranaje, tiene limpia la piel, pero necesita una salud interna. “Se volvió alabando a Dios y dando gracias”. Ha descubierto a Dios, para él no le sanó el brujo, ni los astros, ni el azar; le ha sanado Jesús: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”.
La mirada misericordiosa de Jesús no sólo lo ha curado, sino que le va salvar: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. No basta con maquillar la piel, si la lepra es consecuencia de algo, necesita sanar esa fuente misteriosa que margina, juzga, condena, enferma, ... 

Cuidado, seamos los leprosos que somos sanados con la familia, la luz, el amor, el dinero, … pero no tengamos la salvación, la misericordia del mismo Dios. No olvides de pedirle, obedecerle, darle gracias a gritos y asumir con humildad: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. Esa es la verdadera religión: ser agradecidos.


Jesús sana a los diez leprosos
Homilía y Reflexión

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19


Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
–Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.
Al verlos, les dijo:
–Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
–¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?
Y le dijo:
–Levántate, vete: tu fe te ha salvado.


Homilía y Reflexión
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