III Pascua: Los discípulos de Emaús

 “Quédate con nosotros”

III Domingo de Pascua
Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)
De Rembrandt - The Yorck Project (2002) 10.000 Meisterwerke der Malerei (DVD-ROM), distributed by DIRECTMEDIA Publishing GmbH. ISBN: 3936122202., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=157809
 Homilía y Reflexión, 

Estamos desconcertados con lo que sucede en el mundo y en nosotros mismos. Ya no queremos creer en la infopandemia, en la nueva guerra fría de la ciencia y de la política económica. Ahora, más que nunca necesitamos visibilizar ese lugar teológico del compartir el pan con los pobres. Pese a todo, el sufrimiento no podrá más que la esperanza.

Muchas casas, ahora son un altar de oraciones elevadas al Peregrino de Emaús, necesitamos que nuestros corazones ardan en una nueva mirada de optimismo, en un camino de aprendizaje y redescubrimiento de aquello que pueda desatar los nudos de nuestras dudas y decepciones.

En este viral periodo, nos preguntamos: ¿por qué mueren miles de justos? La pandemia del Covid-19 evidencia cada día las injusticias y el hambre. Las empresas millonarias no creen en las tumbas vacías. La educación es más un negocio que un derecho o un aporte a la sociedad. Entonces, la corrupción sigue agudizando el hambre y el dolor, antes y durante la pandemia, y seguramente después. Si recordamos las guerras, los ataques terroristas y otras calamidades que nos pusieron de rodillas a lo largo de la historia ¿nos han cambiado la vida?

 Ojalá sea diferente. La vida continúa. “Dame Señor ojos nuevos para leer esta historia”. Como en el camino de Emaús, sácanos de nuestras propias ideas, de nuestro profundo egoísmo, de nuestra incapacidad para comprender la vida, los caminos de Dios, el misterio de saber vivir.

La insensatez y la dureza de corazón, supongo, llega con pesimismo, con el empleado despedido, con la decepción de los propios amigos, con la violencia, el estrés, el olvido, … tan sentidos en la crucifixión de Jesucristo. Tan religiosos los discípulos y necesitaban de ver para creer, y de comprender para ver. ¿Tan religiosos nosotros y nuestra mirada se centra en las alcancía más que en la misión del Resucitado? Es hora de que las miradas mercantilistas sean más cristianas no de que los cristianos miren las 30 monedas, quizá Jesús regrese para azotarnos. 

En muchos países, las políticas laborales han cambiado para proteger a las empresas. Y muchas, no han desamparado a sus empleados; pero otras, evitan sus responsabilidades justificando con leyes injustas. Cómo comprender que existen personas decididas a seguir buscando dinero (a veces innecesario) y ponen en riesgo a su familia. Cómo no orar por quienes exponen su vida dejando a su familia por amor al servicio de los más necesitados. En muchas decisiones movidas por la generosidad aparece vivo el Jesucristo peregrino de Emaús.

Hoy quiero pedirle a Jesús que se quede con nosotros y nos ayude a ablandar los corazones. Necesitamos ser su pan para ser compartidos. Para alimentar la esperanza, reforzar las decisiones, aclarar la misión de una gran humanidad. Nos podremos quedar pobres entre los pobres. Odiados por anunciar la verdad. Perseguidos por denunciar las injusticias. Anunciadores de la vida auténtica del servicio. Señor Jesús quédate con nosotros o camina a nuestro lado porque lejos de ti nos atolondramos.

 
                                                                                                                                                                                                                         Homilía y Reflexión, 



Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios;
iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.
Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


  Homilía y Reflexión, 

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