VI Domingo de Pascua (Ciclo C): “ El Espíritu Santo se les enseñará todo ”

Para no andar en las nubes ni en las burbujas ideales, para no desconectarse de la historia viva y cotidiana, para mantenerse en relación con el prójimo y Dios, hoy con unas palabras de despedida y al corazón, Jesús promete la venida del Espíritu Santo.


La venida del Espíritu Santo. FLANDES, JUAN DE. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

VI Domingo de Pascua

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)


La promesa del Espíritu Santo

Enseñar y recordar

Durante la pandemia y en los rezagos del virus todavía hay preguntas que ojalá el Espíritu ayude a responderlas. Por ejemplo, el valor sacramental de las transmisiones on-line, la eucaristía espiritual, las razones sanitarias y sacramentales para la comunión bajo las dos especies, la comunión para los laicos, los sacramentos y las redes sociales, la eclesiología, la ‘salvación de las almas’,… Talvez la tolerancia religiosa y la frescura comunitaria de las primeras comunidades cristianas nos ayuden en el soplo de enseñanza que da el Espíritu Santo.

 

Jesús atribuye al Espíritu dos funciones: "les enseñará todo y les recordará todo lo que les he dicho" (Jn 14,26). Puesto que "enseñará", el Espíritu sitúa su acción en continuidad con la enseñanza y la revelación de Jesús: lleva a comprenderla en profundidad y amplitud. Puesto que "se acordará", el Espíritu no sólo trae a la memoria sino que, junto y más allá, revive las palabras de Jesús en el corazón del creyente, haciéndolas vivas en su vida, carne en su carne.

 

Ante las preguntas incómodas el discernimiento es un don grande.

 

El amor anima

Si el acto de amar anima a las personas, el amor que fluye entre Dios y el hombre complementa la dinámica de la alegría y vida abundante (cf. Jn 14,23). Esta intimidad del corazón del hombre con Dios, de su dimensión espiritual con la Trinidad que la sostiene, se eleva en una vida dinámica, transformadora, novedosa.

 

Siguiendo esta dinámica, los discípulos asustados por las amenazas y la crucifixión que se viene son consolados, respaldados, fortalecidos. Ya no deben sentirse -jamás- solos ni huérfanos ante la traición, persecución, prisión y muerte. Sus actos ya no son un compendio de alto rendimiento para tener un like divino, sino auténticos actos de amor y humildes corazones ante la voluntad de un Dios cercano.

 

La fuerza de la Palabra

La palabra es sagrada en las promesas, al menos eso se decía en los tratos o alianzas humanas. “Honrar la palabra” significa ser serios y justos al cumplirla. La fuerza de la Palabra significa que cada acto humilde y amoroso tuyo es fruto de la observancia y consecuencia de la reflexión de la Palabra de Dios (cf. Jn 14,23). Es así, cómo Dios va escribiendo su palabra, en tus pensamientos y acciones.

 

La paz espiritual

La paz no como negociación, aunque también lo necesitamos tanto en un contexto de guerras. Tiene que ver con la tolerancia, se une a la capacidad del discernimiento, por ejemplo, las primeras comunidades se plantean cómo conciliar el origen judío con la apertura misionera a los paganos. 

 

Pues la paz que nos deja y nos da incluye también los problemas y conflictos, y especialmente es la humilde certeza de la fe, la convicción de que el Padre Dios nunca abandona. 

 

En ese Espíritu de apertura e inspiración se logrará una salida a la diferencia de opiniones que les convoca en el llamado Concilio de Jerusalén (Hechos 15:28).En esta historia, el Espíritu ayuda a no traicionar la obra redentora de Jesús para todos y sin exclusividad de unos. Por ello, en la diversidad la unidad se fortalece porque depende también de la calidad espiritual de los seres humanos.

 

¿Qué sucedería entonces si la iglesia dejase de ser misionera? ¿Qué sucede cuando una parroquia sólo celebra sacramentos? ¿Qué sucede en la vida de la persona cuando no tiene una espiritualidad con Palabra y obra? Te invito a rezar con el Salmo 67: "Que los pueblos te alaben, oh Dios, que todos los pueblos te alaben".

 

Palabra del Papa Francisco

 

Jesús promete que rogará al Padre que envíe «otro Paráclito» (v. 16), es decir, un Consolador, un Defensor que tome su lugar y les dé la inteligencia para escuchar y el valor para observar sus palabras. Este es el Espíritu Santo, que es el don del amor de Dios que desciende al corazón del cristiano. Después de que Jesús muriera y resucitara, su amor se da a aquellos que creen en Él y son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 

(Regina Caeli, 17 mayo 2020)

 

 

Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo, Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis». (Fuente)


Pintura:

La venida del Espíritu Santo

FLANDES, JUAN DE

Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

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