XXI Domingo del tiempo ordinario (C): «Señor, ¿son pocos los que se salvan?»

Las puertas de una seudo religión se abren y se cierran, en ella, cada quien tiene la medida de su puerta y de su Dios.

 

Obra de Auguste Rodin titulada 'La puerta del Infierno'. Museo Soumaya, México.

XXI Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)


La seudo religión

 

Las crisis humanas y personales en su mayoría salen por las puertas anchas. El confort psicológico y humano que nos abrigan, en su mayoría, se están sostenido en las puertas anchas. Las puertas anchas crean la ilusión de la libertad y en realidad van esclavizando.

 

En cambio, para traspasar la puerta estrecha se necesita disciplina, saber llevar el volumen necesario. El sentido del camino angosto es manejar con firmeza y vigilancia, mantener el equilibrio y ser conscientes de los precipicios, las quebradas, los huecos, las curvas, las rocas en el camino.

 

La pregunta planteada es: ¿Quiénes/son pocos los que logran la salvación? (Lc 13,23). La primera respuesta será los disciplinados y quienes procuren pasar por la estrechez, la puerta de la disciplina. Pero también, la pregunta está mal planteada porque la salvación no depende del juicio o decisión del hombre, sino de la voluntad de Dios.  

 

 

Proclamación implícita de la fe

Quien pregunta implícitamente reconoce que es una pregunta correcta para Dios. El interlocutor anónimo se dirige a Jesús llamándolo "Señor" (Lc 13,23), no maestro (como el doctor de la ley), o rabino o lo que sea. "Señor" es un título desafiante. Es un apelativo que sólo puede dirigirse a Jesús reconociendo implícitamente su divinidad. Es un título que puede ser otorgado a Jesús por la Iglesia tras la profesión de fe en su resurrección. En otras palabras, es un anuncio de fe. Lucas, y la Iglesia con él, al dirigirse a Jesús diciendo "Señor" reconoce que si alguien puede hablar de lo que es la salvación y de lo que ocurrirá al final de la historia, es Jesús el Cristo.

 

"¿Son pocos los que se salvan?" (Lc 13,23). Si hay pocos o muchos los. que se salvan, deja asentada la vida eterna, con la muerte no se acaba todo. ¿Son pocos? Si se dirige a la cantidad sigue errada porque la vida no es sólo una estadística en la población del planeta, sino un sentido, debe tener calidad; si fuera por cantidad ya muchos hubieran reservado un asiento en primera fila en el cielo.

 

La seudo espiritualidad o lo seudo religioso esparcen clasificaciones, creen encapsulará a Dios, enseñan un Dios a su imagen y semejanza.

 

El rigor de conocer, contemplar a Dios, él ve lo que cada uno lleva en el corazón. una invitación a la conversión para pasar por la "puerta estrecha" (Lc 13,24). Cristo es la puerta estrecha (cf. también Jn 10,7). Dejarse transformar por Cristo es tomar su misma forma para pasar

 

Palabra del papa Francisco

 

Con estas palabras, Jesús deja claro que no se trata de una cuestión de número, ¡no hay «un número cerrado» en el Paraíso! Sino que se trata de cruzar el paso correcto desde ahora, y este paso correcto es para todos, pero es estrecho. Este es el problema. Jesús no quiere engañarnos diciendo: «Sí, tranquilos, la cosa es fácil, hay una hermosa carretera y en el fondo una gran puerta». No nos dice esto: nos habla de la puerta estrecha. Nos dice las cosas como son: el paso es estrecho. ¿En qué sentido? En el sentido de que para salvarse uno debe amar a Dios y al prójimo, ¡y esto no es cómodo! Es una «puerta estrecha» porque es exigente, el amor es siempre exigente, requiere compromiso, más aún, «esfuerzo», es decir, voluntad firme y perseverante de vivir según el Evangelio.

 

 

 

Lectura del santo evangelio según San Lucas 13, 22-30

En Jesús pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.
Uno le preguntó:
«Señor, ¿son pocos los que se salvan?».
Él les dijo:
«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo:
Señor, ábrenos;
pero él os dirá:
“No sé quiénes sois”.
Entonces comenzaréis a decir:
“Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”.
Pero él os dirá:
“No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.

Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos»


Obra de Auguste Rodin titulada 'La puerta del Infierno'. Museo Soumaya, México.

Las fuentes literarias que inspiraron La puerta son principalmente dos: la Comedia de Dante Alighieri y Las flores del mal de Charles Baudelaire, uno de los poetas malditos.

La influencia dantesca emerge en el tema del Infierno y en tres personajes:

  1. El pensador, figura en el centro del tímpano, es considerado una referencia al mismo Dante y fue titulado inicialmente como El poeta. Desnudo y completamente absorto en pensamiento.
  2. Paolo y Francesca cuya desventura está narrada en el canto quinto de la Comedia. En un inicio Rodin dispuso a la pareja en el momento en que sucumben al pecado. Sin embargo, al considerarla una representación dulce y poco atormentada, el artista decidió separarla del conjunto escultórico y la crítica la llamaría El beso. Los amantes Paolo y aparecen en la hoja izquierda, en un torbellino.
  3. Ugolino y sus hijos, en su posición horizontal, da cuenta de la bestialidad que sorprendió al conde Ugolino cuando, desesperado por el hambre, asaltó a sus hijos. Este sujeto, como los mencionados precedentemente, fue representado de manera recurrente sobre todo durante el romanticismo. En la obra de Rodin en particular destaca la influencia de su maestro Jean Baptiste Carpeaux, quien también plasmó el célebre personaje en una escultura homónima.

La influencia de Baudelaire emerge sobre todo en la sinuosidad de las poses. El portal está poblado en su mayoría por mujeres cuya desesperación se expresa en formas seductoras. Cabe mencionar que el escultor ilustró entre 1887 y 1888 la primera edición de Las flores del mal perteneciente entonces al bibliófilo Gallimard. Este ejemplar se sumó al acervo de Museo Rodin en 1931 enriqueciendo así la vasta colección del artista. 15​ La mayoría de los dibujos que ilustran los poemas fueron realizados por Rodin a partir de esculturas preexistentes. Gran parte de estas figuran en La puerta del Infierno.

Tratando de realizar una gran alegoría del amor y la condena. Tal vez, y dada la dedicación del autor una vez cancelado el encargo a esta obra inacabada, se trate de una reflexión sobre la condición humana, con sus luces y sombras. Romanticismo y simbolismo se aprecian en esta obra, que precisamente por su temática se aleja de los intereses de los impresionistas, a los que, sin embargo, se acerca dada su preocupación por los efectos de la luz y por afinidad artística y personal.

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