XXII Domingo del tiempo ordinario (C): “El que se humilla será enaltecido". Comportarse en la boda.

Los anfitriones e invitados a una boda reciben unas parábolas para la vida con ojos en la humildad, con el valor superior de la gratuidad.




Maldiciendo a los fariseos (1886-94), por James TissotMuseo BrooklynNueva York.


XXII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)

 

Anfitriones de la gratuidad

Los novios suelen plantearse una pregunta durante la preparación de su boda: ¿Quiénes serán nuestros invitados? Naturalmente, van configurando relaciones ya significativas y que también serán importantes para su proyecto matrimonial. Los criterios tienen variantes culturales, pero la selección no suele iniciar por los menesterosos ni por los más humildes.

 

El principio de reciprocidad tan útil para la consideración y la revaloración de la persona es limitado. El “te invito porque tú me invitaste” o “te invito para que me invites” tiene un trueque utilitarista. El sentido pragmático es la gratuidad, pues, la parábola pone el acento en la esperanza de que Dios es el que paga, el desinterés en lo que puedas recibir y la confianza en la justicia divina.


La parábola del comportamiento en la mesa por parte de los anfitriones y los invitados tiene un público entusiasmado por ocupar los puestos de “honor” o principales. Cuántas veces antes de iniciar algunas ceremonias/misas el protocolo no funciona adecuadamente, y por ello, el sentido de la ceremonia termina en un jaleo de desubicados. 

 

Invitados humildes

En algún momento se construyeron templos en forma semicircular de tal manera que mejore el sonido y visión, y todos tengan un lugar para orar. Se busca una asamblea religiosa de iguales, de hermanos, cada uno con sus riquezas humanas y espirituales, por ello no importaría el lugar del asiento. 

 

El comportamiento de los invitados suele ser una evidencia del círculo de los anfitriones. En tiempos de Jesús, seleccionaban mucho a sus invitados de tal manera que cumplan los ritos culturales y religiosos para el culto y la mesa. Pero Jesús ve más allá del rigor humano o la exclusividad, unos invitados desesperados por los puestos de honor, además con arrogancia, con una ilusión de visibilidad, con la bulla de una carreta vacía, embriagados de baja autoestima, llenos de sí mismos.

 

Humildad superior

El criterio es claro: humildad. La humildad del mismo Jesús; un Dios, un Maestro, el Salvador caminando por los caminos de la humanidad.

 

La humildad es la gran potencialidad a explorar en nuestra propia vida, es la generosidad interior para vaciar el narcisismo, la auto-referencialidad. Ser humilde no implica postergarse ni estancarse, tampoco dejar de aspirar a ser mejores personas, profesionales, etc. 

 

Los humildes desarrollan la escucha, la mirada aguda para comprender los contextos y respetar el punto justo. Los humildes son libres, no tienen deudas de favores, tampoco apariencias que cubrir. Los humildes esperan con el corazón y la mente en un Dios generoso.

 

Se cuenta que a la madre Teresa, una mujer santa con palabras de protesta social, respondió a un periodista que le manifestó su repugnancia a los leprosos: "Yo no haría lo que usted hace ni por un millón de dólares", le dijo un periodista; a lo que ella respondió: "Ni yo tampoco... lo hago por Jesús", ella lavaba las heridas de los leprosos.

 

Nos falta mucho para ser humildes, y cuánto más se procure, la presunción a veces es más fuerte. Que este domingo te ayude en tu oración por la humildad en tu existencia, aquella superior como Dios manda.

 

Palabras del papa Francisco:

A quien quiere seguirlo, Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades, en el mundo. Hermanos cardenales, Jesús no ha venido para enseñarnos los buenos modales, las formas de cortesía. Para esto no era necesario que bajara del cielo y muriera en la cruz. Cristo vino para salvarnos, para mostrarnos el camino, el único camino para salir de las arenas movedizas del pecado, y este camino de santidad, es la misericordia. La que Él nos ha dado y cada día tiene con nosotros. Ser santos no es un lujo, es necesario para la salvación del mundo. Y esto es lo que el Señor nos pide a nosotros.

Queridos hermanos cardenales, el Señor Jesús y la Madre Iglesia nos piden testimoniar con mayor celo y ardor estas actitudes de santidad.


 (S.S. Francisco, 23 de febrero de 2014).

 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 1. 7-14

En sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:
«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga:
“Cédele el puesto a este”.
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
“Amigo, sube más arriba”.
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».
Y dijo al que lo había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».


Pintura: Jesús y la crítica a los fariseos

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