Remar mar adentro



La vida es un continuo descubrimiento y eso nos pone nerviosos. El futuro no debe ser una amenaza sino una oportunidad. Por eso eres un mundo. Un mundo creado y con funciones perfectas, en el cual tienes la opción de hacer uso de tu auténtica libertad.

Para entrar cada día en ese mundo se necesita de la pericia del navegante. Debe llegar a buen puerto. No olvides el faro. Hoy se diría que confíes más en tu radar: te indica la dirección y dónde echar las redes. Pero no es una actividad individual, se necesita de ti y del equipo que te acompaña.

Las experiencias ingratas suelen hacernos negativos y pesimistas. El amor no se puede medir ni pesar, tampoco vender. El amor no está en la billetera, por eso es vacía cuando usas esa táctica. Si amas no te importa dar, pero si no amas sí te importa lo que das.

En el amor tiene que suceder algo que te haga capaz de dejarlo todo: tu barca, tu espacio en la sociedad, tu fama, tu tiempo, tus seguridades, tus grandes logros… En el amor simplemente amas. No digo dejarlo todo fingiendo que amas para darte un paseo turístico. Si no amas, simplemente no muevas las fichas, porque puedes terminar en jaque mate.

Si amas, descubres tus miserias y las superas. No las pones a flote para probar. Si amas, remas cada día más a la profundidad de tu existencia y descubres a quien en realidad te guía, a quien mueve la barca, dinamiza tu vida, da funcionamiento a tu corazón… Si amas a Dios, los pretextos no son limitantes. (Fr. Javier Abanto Silva).

Documento de Aparecida

Nuestra fidelidad al Evangelio, nos exige proclamar en todos los areópagos públicos y privados del mundo de hoy, y desde todas las instancias de la vida y misión de la Iglesia, la verdad sobre el ser humano y la dignidad de toda persona humana: Documento de Aparecida, Nº 390.
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