Domingo XXXIII del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 13, 24-32) 18 de noviembre de 2012


“Aprendan lo que les enseña la higuera”



Aprender de la higuera, de su dulzura, de su verdor, de su abundancia, de la esperanza primaveral en medio del deshojado otoño y frío invierno. Una estación en la vida, no la muerte. Manuel Machado, lo expresa como una "Melancolía":

Me siento, a veces, triste
como una tarde del otoño viejo;
de saudades sin nombre,
de penas melancólicas tan lleno...
Mi pensamiento, entonces,
vaga junto a las tumbas de los muertos
y en torno a los cipreses y a los sauces
que, abatidos, se inclinan... Y me acuerdo

de historias tristes, sin poesía... Historias

que tienen casi blancos mis cabellos.

Caminar en otoño por el bosque es relajante, se puede pisar un colchón de hojas caídas, el aire seco, los amarillentos árboles, la luz penetra sin límites como jugando con las sombras para despertar el misterio de los crujientes árboles. El otoño se torna en una vista casi desesperante, los desoladores aletazos de muchas aves perdidas buscan abrigo y refugio, dónde construir sus nidos. Los que no conocemos de plantas podemos darles por muertas y arrancar sus ramas secas, pero gran sorpresa, estas ramas viven por dentro, se irrigan, se preparan, se fortalecen, toman aire,... Es decir, en otoño los árboles no siempre están para la leña.
Parece que al atardecer de la vida, en el otoño de nuestra existencia comienzan a caernos las hojas, la belleza de la primavera se opaca, los fuertes vientos mecen y casi rompen la estabilidad, adornan los atardeceres. Un clima, casi romántico pero melancólico, lindo al fin; duro y sonoro, no dejan de cantar. Árboles sin abrigo pero bien parados, sus raíces profundizan los años, se alimentan de H2O y las sales minerales, sus pelos absorbentes cual vasos ascendentes de conducción (Xilema) van formando la sabia bruta para que llegue a la hoja y se produzca la fotosíntesis y maravillosamente verde (gracias a la clorofila) aprovecha la luz, el aire, el agua,… Es decir vive.
Pero el Otoño no es el final, es sólo una estación, es más la sabia naturaleza se va preparando para el invierno, con temperaturas bajas, menos horas de sol por día; el metabolismo se altera; gracias a este letargo el árbol no permite que el agua se congele gracias a la calosa que tapa sus vasos conductores y, por tanto, impide alimentar sus hojas y éstas se mueren y caen. No puede secarse con el frío sino esperar a los brotes en primavera. El futuro no puede volverse escarcha, tal como lo expresaba el poeta Mario Benedetti en su Poema extraído de “Insomnio y duermevelas”:

Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
entremos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran
ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda
aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha

Aprovechemos el otoño porque no es la muerte, ni el final, ni el sin sentido, menos el desierto; es sólo una estación. Aprovecha el agua, el aire, la Palabra, la fe, el amor,… todo lo que hoy te ha regalado Dios. Aprovecha que tus raíces cobijan la vida, que tu fe mueve montañas, Jesucristo no deja que te mueras, recuerda, es sólo otoño.
Por eso no temo la muerte, la imagen de la higuera en otoño es sólo esta vida que parece muerta, pero que espera la primavera, otra vez: hojas color esperanza, verdes paisajes, refugio para los pájaros, sostén de nuevos nidos, hogar impredecible, más horas de sol, abrigada temperatura,…
Recuerda, es sólo otoño, el de la vida, el del espíritu, el del alma, el del cuerpo… Una estación en tu existencia.


Lectura del santo Evangelio según San Marcos 13, 24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

–En aquellos días, después de una gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán.

Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra al extremo del cielo.

Aprended lo que os enseña la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, sabéis que la primavera está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.

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