Domingo Ordinario XVIII – Ciclo C (Lucas 12, 13-21) 4 de agosto de 2013


 
“(...) la vida no depende del poseer muchas cosas”

 
¿te has preguntado cuál es el sentido de tu existencia?
 
Yo, en mi vida quisiera tener un ‘carraso’, un buen sueldo, una casa bonita, una Tablet, un celular moderno, una laptop, tarjetas de crédito, un “buen partido”, unas “tabas locasas”, varios ternos, muchos contactos en las redes sociales, cómplices de ‘juerga’, un fin de semana fuera de esta aturdidora ciudad, un departamento exclusivo, un negocio, ‘vivir de mis rentas’, viajar por el mundo, salir en las portadas de los diarios, incluso por qué no: ser famoso.
Cada día cuando prendo la TV me impacta la capacidad que tienen los jóvenes, logran ganar los juegos, se sacrifican un montón para ganar la ‘guerra’, el ‘combate’. Tienen un gran talento insuperable y lo muestran con sus músculos, su curvas y cuentan intimidades; en cada presentación las bellas damas satisfacen mi voyerismo con la ‘vueltita para los televidentes’. Ellos tienen un montón de ‘sesudos’ y ‘sesudas’ seguidores en las redes que invaden la web para expresar su profunda solidaridad cuando alguien es eliminado o eliminada. Los diarios publican sutiles artículos sobre las implicancias de la vida quebrada de cada modelo, de sus ráfagas pulcras contra otra modelo. De la relación amorosa, seria y ‘para toda la vida’ que iniciaron en el mismo set televisivo, pero que el hombre lo separó o la mujer lo duplicó. Los programas con mayor rating se merece un televidente como yo que tengo el control pero que las imágenes me descontrolan y mi dedo se resiste a cambiarlo.
Otros jóvenes, de ellos no quiero hablar, hay unos ‘aburridos’ que dedican el fin de semana para ayudar a niños y ancianos. Otros ‘quedados’ trabajan para pagar sus estudios. Las chicas voleibolistas se pierden la rumba sólo por dejar en alto al Perú. Algunos ‘mojigatos’ dedican su fin de semana a enseñar la Palabra de Dios a niños y jóvenes. Los nerd acaban sus pupilas estudiando. En fin, tantos que desperdician su vida…
Yo quiero ser como algunos políticos que tiene plata, no importa cómo pero la tiene. Sin plata se acaba hasta el amor, no se puede hacer nada, aunque por este artículo nadie dará un céntimo, ‘billetera mata galán’. Además ellos pueden engañar y les aplaudimos, roban y no tienen ‘roche’. Son recontra políticos porque debaten sobre cómo llevar más regalitos a sus potenciales electores. Ya me hubiera gustado ser parte de la repartija para defender al pueblo, la justicia y nuestra economía, excelente radiografía, un modelo para mí.
No me quiero olvidar de la familia. El otro día mi viejo llevó unas rosas a mi vieja, sus amigos ahora le dicen Romeo. Mis hermanos, ya cada uno es independiente, uno va el fin de mes a la casa, el otro cada semana y la hermanita, la bebé (37 años) se molesta cuando el viejo no le hace partícipe de la propina. Es una familia unida, se unen los `netos para que mamá les cuide y dé la comida. Es una familia que toma acuerdos: la luz, el agua, el teléfono, el cable, el gas,… por unanimidad los paga papá. No les cuento más porque respeto la intimidad familiar.  Y yo, no me preocupo, mi viejo es buena gente.
 
Ahora sí quisiera decir: “Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe, y date buena vida”. Un momento, atención: ¿esto es plenitud humana?
La plenitud humana
La Palabra de Dios hoy nos interroga: El centro de la vida humana, ¿está en la tierra?, ¿se limita al tiempo presente?, ¿se realiza en el disfrute de los bienes materiales? Interrogantes a los que damos respuesta, con nuestra forma de vivir.
Una de las respuestas que está extendida en nuestra sociedad, es la convicción de que lo importante para vivir bien es ganar, gastar, disfrutar y satisfacer nuestros deseos, que muchas veces los disfrazamos de necesidades.
La parábola del evangelio recoge esta mentalidad del hombre que trabaja acumulando bienes y pensando que luego tiene la vida por delante para disfrutar de sus riquezas.
No se censura la preocupación por disponer de los bienes necesarios para la vida, sino que se censura la acumulación, para luego despreocuparte de los demás. El deseo de acaparar, fruto de la más feroz insolidaridad, del más salvaje egoísmo. Es el: “Vivir para sí mismo” cuyo punto de referencia de todo es el yo.
Este modo de vida es calificado en el Evangelio de “necio”.
 
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
–Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
El le contestó:
–Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Y dijo a la gente:
–Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola:
–Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.
Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe, y date buena vida.»
Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?»
Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.
 
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