Luc.23.34.

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.
35. Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.
36. Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre,
37. y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
38. Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.


En esta palabra se destaca la intimidad que existe entre el Padre y el Hijo. Así lo ha expresado Jesús: Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo…Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí. (Juan 14: 15-31)

¡Perdónalos!
El perdón en la historia de la Sagrada Escritura, especialmente en las palabras de Jesucristo está presente.
Dios se ha ido manifestando como Padre, salvador, amoroso. El profeta Miqueas lo expresa: ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia (7,18). También en Génesis Abraham negocia con Dios: Entonces respondió Yahvé: “Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos” (18,23-26). José perdona a sus hermanos: “ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban” (Gen. 50,17).

El mismo Jesús en el encuentro con la gente habla del perdón, es el que revoluciona contra la ley del Talión con el perdón a los enemigos. Muchas escenas en su vida cotidiana no han convencido a sus contemporáneos, pero es más seguro que no les interesaba ni convenía aceptar. Lo expreso el perdón en la oración del Padre Nuestro. Cuando contó las parábolas como la del Hijo Pródigo, el administrador astuto, el siervo perdonado pero que no perdona, la pecadora a punto de ser apedreada, su encuentro con la Samaritana en el pozo, la historia de María Magdalena, Zaqueo que se trepa para ser visto, Mateo detrás de un mostrador para cobrar impuestos. Todas las historias tienen como base la fe y el perdón: “tu fe te ha salvado”, “te perdono tus pecados”, “levántate y camina”.

La respuesta de algunos que están en su crucifixión levantan un clamoreo de blasfemias e insultos. Muchas pifias tratando de pedirle que muestre su poder para salir de la cruz. El fracaso del corazón del hombre está en que no quiere evitarle la cruz, sino exigirle que muestre cómo sale de la cruz y cómo la evita. Jesús no se deja vencer por esa tentación y sigue con su meta de salvarnos en la cruz.


  «PADRE, PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN» (LC. 23, 34)

Jesucristo quiere conmover a su Eterno Padre. Y dirigiéndose a Él le dice con inefable ternura: «Padre, perdónalos».
Jesucristo les reconoce culpables. Si no lo fueran no pediría perdón por ellos. El mundo no conocía el perdón. Es fácil amar; es heroico perdonar. Pero hay un heroísmo superior todavía al mismo perdón.
«Que no saben lo que hacen» No lo saben o no lo quieren saber porque conocer a Dios implica buena voluntad, corazón disponible, pero es más fácil matarlo.

Es la verdad: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Dios mismo lo ha presentado a Jesús en el bautismo: «Este es mi Hijo muy amado en el que tengo puestas todas mis complacencias. Escúchenle».
No saben lo que hacen si lo han visto: caminar sobre las aguas, multiplicar los panes, calmar la tempestad, resucitar a Lázaro, a la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Nahím, limpió a los diez leprosos. ¡Pero si en todas las aldeas y ciudades de Galilea, de Samaria y de Judea has devuelto la vista a los ciegos y el oído a los sordos y el movimiento a los paralíticos, delante de todo el pueblo que te aclamaba y quería proclamarte rey!

¿Qué es lo que no sabemos lo que hacemos?

  • Cuando te vamos alejando de nuestra vida
  • En los momentos que gastamos nuestra vida en la multitud que clama tu crucifixión
  • Si nos hacemos cómplices de las burlas de tu presencia y palabra
  • Con nuestros manos que no son la proyección de tus manos
  • Al no perdonar y hacer germinar el rencor
  • Si insisto en tener la razón como reflejo de mi orgullo
  • Al justificar a toda costa mis mentiras e infidelidades
  • Al sentir que la humildad rompe mi falso concepto de éxito
  •  El tener mucho miedo al futuro
  • Tener miedo al dolor humano
  • Tener fobia a la soledad y al anonimato
  • Depositar mi confianza en los bienes y no en tu providencia
  • Amar con el corazón dividido, dos dioses, dos señores
  • apasionarme por tu crucifixión y no por la resurrección
  • No hacer algo y procrastinar
  • Alejarme y herir a quienes me aman
  • Criticar todo y no sentir alegría por algo
  • Juzgar con facilidad y no comprender
  • Reprimir, postergar, utilizar, marginar, reprimir, criticar




"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34)
Aunque he sido tu enemigo,
mi Jesús: como confieso,
ruega por mí: que, con eso,
seguro el perdón consigo.

Cuando loco te ofendí,
no supe lo que yo hacía:
sé, Jesús, del alma mía
y ruega al Padre por mí.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la cruz para pagar con tu sacrificio la deuda de mis pecados, y abriste tus divinos labios para alcanzarme el perdón de la divina justicia: ten misericordia de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando me halle en igual caso: y por los méritos de tu preciosísima Sangre derramada para mi salvación, dame un dolor tan intenso de mis pecados, que expire con él en el regazo de tu infinita misericordia.
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