III Domingo del tiempo ordinario (A): Pescadores de hombres: Una llamada que lo cambia todo

 “Vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres”

Hoy la luz irrumpe en medio de un pueblo que vive alejado de Dios. Jesús comienza a predicar y a mostrar que existen un cielo, un Dios cercano, un Reino de justicia. Este acontecimiento no es un detalle más en la historia: exige un cambio profundo en los sentimientos y pensamientos de los seres humanos.

llamados

The Calling of the Apostles Peter and Andrew - 1308-1311- Duccio di Buoninsegna

III Domingo del tiempo ordinario - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Una oportunidad para el cambio

La vida, de cuando en cuando, necesita ser oxigenada, dinamizada, iluminada. Sin embargo, esos “cambios radicales” no bastan si no tienen un motivo más grande, si no asumimos, en conciencia, la oportunidad de mirarnos a fondo:

para descubrir el agua interior en medio de tanta sequedad existencial,

para reconocer quién es Aquel que realmente puede cambiar la vida.

Muchos se dan a sí mismos nuevas oportunidades; ejemplos sobran. Pero, cuando se intenta hacerlo al margen de Dios, el riesgo es quedar atrapados en la misma rueda de siempre: las mismas esclavitudes, los mismos vicios, las falsas ilusiones, los engaños con etiqueta de felicidad.

El evangelio según san Mateo nos presenta este momento como una gran oportunidad de cambio, con una motivación decisiva: todo lo que anunciaron los profetas se cumple en Jesús.

Él es la oportunidad de salvación para Pedro y Andrés, para Santiago y Juan… y también para ti.

Anunciar la Buena Noticia

A todos nos gustan las buenas noticias. De las malas ya estamos saturados; cada vez queremos sufrir menos. El gran desafío es discernir qué es realmente una buena noticia:

algo que riegue nuestro corazón, incluso con lágrimas,

que entusiasme nuestro futuro,

que nos convenza de que responde a la sed más profunda de nuestra vida interior.

Jesús anuncia la Buena Noticia a Pedro, Andrés, Santiago, Juan y a todos los que le escuchan. Ellos intuyen que no se trata de una simple excursión entre amigos, ni de un juego de exploradores, y mucho menos de un grupo de guerreros que, a pedradas, expulsarán al imperio opresor. La alegría que sienten es otra: una mezcla de ilusión y desconcierto, entre lo que imaginan que puede ser y lo que irán descubriendo que realmente es.

Renunciar o no renunciar

Quien sigue a Jesús sabe que renunciar forma parte del camino. Todos, de alguna manera, renunciamos o nos privamos de algo, pero en este caso la renuncia alcanza a la misma vida. No van de paseo, dispuestos solo a “ver qué hay”; van dispuestos a entregar la vida, a afrontarla como Jesús la presenta y la guía: con sus alegrías, sus dudas, sus tristezas, sus conflictos…

Poco a poco aprenderán de Él y llegarán incluso a estar dispuestos a dar la vida por sus propias convicciones.

Ese es también nuestro reto hoy:

saber donar el tiempo,

gastar las fuerzas,

entregar la vida al servicio del anuncio del Evangelio,

al anuncio de la Buena, y no de la mala, Palabra.

Que este domingo, al escuchar de nuevo: “Vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres”, renovemos nuestra disponibilidad para seguir a Jesús y dejarnos transformar por Él, para que nuestra vida misma se convierta en una buena noticia para los demás.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles.

El pueblo que habitaba en tinieblas

vio una luz grande;

a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,

una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

«Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.


0 Comments