“No lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén”


Ser libres para servir

Jesús y la samaritana en el pozo - Guercino | Museo Nacional Thyssen-Bornemisza


Homilía Reflexión

XIII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2018 - 2019 - (Ciclo C)


La libertad es tu sueño y el mío.  No la libertad de esclavos, ni de nativos, menos del dominio internacional.  No hablo de protocolos internacionales sino interpersonales.

Te sugiero algunas preguntas: ¿Con qué rostro caracterizas a un ladrón? ¿Con qué vestimenta identificas a una prostituta? ¿Qué piensas de la honestidad en los políticos? ¿Quiénes son tus amigos (grupos) en tus redes sociales? ¿A quiénes invitas para la fiesta de tu cumpleaños?

El colador de tus relaciones interpersonales incluso puede ser muestra de calidad, ese filtro purificador sin renovar. Analiza quién son “descartables” o en jerga peruana: “ficha quemada”.

Museo Del Prado
Te cuento una anécdota infantil; alguna vez un hombre le faltó el respeto a mi padre, no pude hacer nada, pero me ha quedado por años las ganas de darle una lección violenta. Con los años, una vez lo encontré y me saludo como si hubiera encontrado a un hermano, no correspondí al saludo, de lo cual todavía me arrepiento. Un día pregunté a mi padre por dicho “agresor” y me habló muy bien, eran amigos, confidentes y una buena ayuda en un momento difícil; entenderás por qué todavía me duele no haber correspondido al saludo y ya no me quedó ganas de preguntar cómo se dio el perdón.

Si te liberas de tus prejuicios de odio, de tus resentimientos. Si miras con objetividad, analizas los contextos, de pronto debas pedir perdón, o al menos corresponder el saludo, o callar. Simplemente, callar, respetar los prejuicios y complejos de los demás. A Jesucristo, los Samaritanos no le reciben por puro prejuicio, sus discípulos (Santiago y Juan)- también llenos del orgullo de su raza, de ser compañeros del Nazareno - quieren quemarlos al estilo Elías (ver 2 Reyes 1), pero Jesús les encamina por una reflexión personal: “deja tus prejuicios, miedos, “broncas”, y sígueme”. No es fácil dar lecciones a quienes están ciegos por la pasión, pero Jesús les muestra la otra pasión por la misericordia, por la vocación, por el amor. Jesús los llamará a Santiago y Juan: “Hijos del trueno”, por sus personalidades escandalosas y violentas (Marcos 3:17).

Si no eres capaz de ser libre de lo que te arrincona y te puede noquear, ese rincón te llenara de heridas y de fracasos. Clarificar la vida. Las dependencias generan esclavitudes, no libertades. Y lo peor es que esclaviza a quien considera ser libre para ordenar a los otros, regir la vida de los demás, hacer del otro un molde o un maniquí, etc. No es lo mismo “hacerse servidores” que “hacer servidores a los demás” (ref. Gal. 4-5). 

Jesús, va con pie firme y libre camino a la cruz, aquella peregrinación por la vocación al servicio de sus discípulos, por su libertad y responsabilidad. Ellos, los que cambiarán el mundo deben primero ser libres. En este sentido, la libertad tiene vena cristiana, los cristianos esclavos por las leyes y los prejuicios son los que con el arado en mano, hacen lo que los bueyes no pueden, mirar atrás.

Jesús, nunca tomo represalias contra los “patriotas” samaritanos, lo conocían pero les habría gustado que Jesús vaya al templo Garizín y no al de Jerusalén.  Jesús nos dejó escenas hermosas como la parábola del Buen Samaritano (Lc. 10, 25-37); conversa el mismo tema con la Samaritana (Jn 4), incluye a Samaria en la predicación de los discípulos (Hch 1,8), curó a un leproso Samaritano (Lc. 17,16), etc.

Homilía Reflexión

 Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 51-62

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.
De camino entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: –Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?
El se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
Mientras iban de camino, le dijo uno:
Tiziano Vecellio
–Te seguiré adonde vayas.
Jesús le respondió:
–Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
A otro le dijo:
–Sígueme.
El respondió:
–Déjame primero ir a enterrar a mi padre.
Le contestó:
–Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.
Otro le dijo:
–Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.
Jesús le contestó:
–El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios.
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