El juez y la viuda



“Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?” 


"La Parábola del juez injusto" Óleo sobre panel de madera de roble. Museo de Bellas Artes de Budapest. Pintor barroco neerlandés Se especializó en retratos y retratos de grupos.

XXIX Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2018 - 2019 - (Ciclo C)

Hoy quiero felicitar tu paciencia, expresada de manera variada: aquella sembrada por el agricultor, reflexionada por el investigador, procesada por el pedagogo, orada por el confesor, mejorada por el científico, modelada por el orfebre; obviamente, la paciencia del Padre o la madre esperando al hijo. Esa paciencia puedes cultivarla. 

¿Qué pasa si el agricultor no deja fortalecerse al Bambú, o al girasol; si el pedagogo sólo ve una esponja en el estudiante; si el científico no persevera en sus descubrimientos; si el confesor concluye sin escuchar al penitente; …? Todo proceso que se corta, fracasa.  La paciencia perseverante podrá ver frutos.

Alguna vez, una mujer se acercó a un confesor para contarle su historia amorosa. Como sucede en muchas confesiones, cuentan el pecado de la otra persona y no el propio. En este contexto, el confesor deberá guiar el camino del penitente hacia la confesión del pecado y, si no expresa arrepentimiento solo deberá escuchar y aconsejar. En esta historia, la mujer estaba en un proceso de conversión y de cambio de relación amorosa, buscaba reafirmar su posición. El confesor, sin escuchar toda la historia, se puso del lado de la mujer. Ella, decidió dejar su relación amorosa, emprendió una nueva relación, y ahora se ha dado cuenta que estaba equivocada. Es decir, un confesor apurado, una mujer desesperada, fracaso inmediato.

Esperar, esperar, esperar, … cada mañana frente al Santísimo Sacramento o de pronto con una taza de anís. Pon tu futuro en las manos de Dios. No puedes solucionar tu historia abandonándola, eso no hizo el juez (“malo”) con la viuda; no la abandonó, dejó de postergarla, porque su perseverancia era desafiante. Tu historia es parte de tu vida, imposible borrarla, necesitas enfrentarla con más oración (Juez justo), más confianza en los demás (incluso en el juez injusto). 

Tú, acostumbrado a usar tus monedas o tu dinero electrónico para obtener cosas de inmediato, te desesperas si las cosas no se producen de inmediato; te es más fácil comprar un árbol que sembrarlo, comprar tu comida que prepararla. En este escenario chocas, porque Dios es insobornable.

Tu, acostumbrado a ser engañado, usado, postergado. La injusticia que quita el pan de los pobres te pone de mal humor. Si “Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres” e hizo justicia con la viuda. Con mucha más razón, amor, ternura, generosidad lo hará Dios contigo. Paciencia y perseverancia.





Lectura del santo Evangelio según San Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
–Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».
Y el Señor respondió:
–Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?


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