TO 33 C. La destrucción del templo

«No quedará piedra sobre piedra»


Autor: POUSSIN NICOLAS Fecha 1638. Material: Oleo sobre lienzo. Estilo: Barroco Francés. Dimensiones :148 x 199 cm. Museo: Kunsthistorisches Museum

XXXIII Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2018 - 2019 - (Ciclo C)

parece que esta vez Dios no está en el lindo templo.

La recuerdo como una persona optimista, ilusionada. Cada día se buscaba el pan, tenía sus padres, pero ella debía trabajar, era tan joven y juiciosa, a veces me avergonzaba de que yo no sea tan perseverante. La última vez que la vi, caminaba feliz, como llevando un trofeo, acariciaba a su bebé; por varios intentos no lograba tener un bebé; ella no se rindió, oró tanto a Dios y pidió las oraciones de sus amigos para recibir lo que ella llama: “el gran premio de Dios”.

He visitado muchos templos, procuro tener un pequeño momento de oración. En algunos, como otro turista, admiro la historia, el tamaño, la distribución, etc. He caminado tratado de decodificar el mensaje catequético del artista. Aunque la cultura es muy importante, hay una pregunta que me flecha: ¿descubrimos la presencia de Dios en el templo? Los rastros de su amor son claros, pero la presencia de él. Son lugares sagrados de este mundo caduco disponibles para contemplar la sed de eternidad, el amor a los eterno, las ansias de la superación de la muerte.

Recuerda, llegaron las tribulaciones a tu vida, pero no el final, como aquellos templos, sobrevivieron los egoísmos, tú puedes testimoniar la perseverancia en la fe.  “Pero Yahveh dijo a Samuel: (...) La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahveh mira el corazón» (1 Sam. 16, 7).

Nuestras oraciones suelen acompañar situaciones personales y sociales. Donde está Dios, de seguro el corazón, la mente y la inteligencia emocional podrán conducirnos a la comunión.

En la vida hay luchas interminables, pero no se debe bajar la guardia. Seamos vigilantes, cuidado nos vendan “gato por liebre”.

Por ejemplo, la lucha que han emprendido los campesinos de San Francisco Vicentillo, la Culebra, de El Seibo (República Dominicana) es una lección de perseverancia. Por años vienen reclamando dignidad, una noche les sacaron con violencia de sus casas y tierras. Fray Miguel Ángel Gullón, O.P. consecuente misionero en la búsqueda del Reino y su justicia, respalda y acompaña en su lucha. La fe y la esperanza crecen, alzan su voz, cada día más fuerte. Aunque el poder es “un monstruo grande y pisa fuerte”, por el derecho a la tierra, los campesinos del Seibo seguirán peregrinando.

En el Perú, 15 de noviembre (2013), año 2013, ocho periodistas interpusieron una acción de amparo para evitar la concentración de medios, de acuerdo al articulo 61 de a Carta Magna. Durante 6 años el juez encargado no ha respondido. El grupo empresarial sigue concentrando el 80% de lectoría y publicidad de prensa escrita y por el momento sólo queda levantar la voz en el desierto judicial e insistir, como la viuda ante el juez injusto, hasta el aburrimiento.

Puedo terminar con una historia: un sacerdote misionero que regresaba a casa después de muchos años, contento de su labor y anhelaba tanto encontrar a su familia y amigos. Al llegar al aeropuerto de su ciudad había mucha gente esperando con carteles y músicos, era una fiesta. Salió con su maleta llena de expectativas, porque en la misión solo podía completar para los pasajes. Miró atentamente, la fiesta era para el artista de moda, a él no le esperaba nadie. Entonces, en su tristeza, le dijo a Jesús: “Señor, nadie ha venido a buscarme, a pesar de todo mi trabajo salvando vidas”. Jesús, respondió: “hijo, todavía no has llegado a casa”. Es decir, nuestra casa está más allá de estos fríos edificios. 

Entonces, mira el futuro, sin dejar de trabajar hoy; el futuro es sólo una especulación, el presente es una realidad. Ilusiónate con las mejores metas, pero no dejes de realizar las más pequeñas. Vive hoy como Dios quiere. Sobre la señal de la destrucción, sólo abre los ojos, antes todavía tienes la vida, persevera en tu fe, Dios haga su voluntad, cuidado te engañen.   

Cada uno de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis representa diferentes aspectos de la limpieza de la tierra, por el pintor ruso Viktor Vasnetsov








 Homilia y Reflexión

 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21, 5-19

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:
–Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.
Ellos le preguntaron:
–Maestro, ¿cuándo va a ser éso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?
El contestó:
–Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: «Yo soy» o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.
Luego les dijo:
–Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.
Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.





Esta obra fue encargada por el Cardenal Barberini, quien había de remitirla en 1638 al conde de Eggenberg, embajador del Sacro Imperio ante el pontífice Urbano VIII, con destino al emperador Fernando III. La tela está firmada, lo cual es inusual, como puede verse en el borde del segundo escudo, a la derecha: "NI.PUSIN FEC(it)". Poussin ya había representado el asunto doce años antes para el mismo Barberini, lienzo que terminó en manos del poderoso Richelieu. La escena está tomada de la historia del romano judío Flavio Josefo, sus "Antigüedades Judaicas". Poussin sitúa el suceso ante la columnata del Templo. En el contexto de las guerras judaicas, a fines del siglo I, el emperador Tito (cuyo signo distintivo es el caballo blanco en que aparece montado), derrota a los habitantes de Jerusalén y ordena una feroz represión. Por ello, el suelo aparece sembrado de cabezas y cuerpos de civiles. El gesto de Tito corresponde a otro pasaje de Flavio Josefo. El victorioso Tito, que había tratado de salvar de la destrucción al Templo, llega tarde para evitar que las llamas se alcen desde su interior. La arquitectura, fiel al gusto de arqueólogo de Poussin, está representada con sumo detalle, cooperando a su juego equilibrado de perspectivas. De este modo, su rigor matemático atempera la crueldad de la escena. En cuanto al fin último de la obra, ¿era una advertencia del Pontífice sobre el poder de Dios ante los monarcas de la tierra?
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