Epifanía del Señor (A, 2020)


Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)
Atento a la estrella

La Adoración de los Reyes Magos. MORALES, LUIS DE. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado



Homilía y Reflexión
Siempre me ha maravillado la fotografía. Técnicamente, la importancia de la luz para revelar una composición es necesaria. La fotografía te da la posibilidad de tener una mirada diferente, con frecuencia las fotos traducen tus formas de ver la vida, el amor, la naturaleza. Es decir,  sin la luz, la fotografía no se manifiesta; sin una manera de captar la realidad, no hay composición artística.

El arte de ver la realidad necesita de esa estrella, de la luz, de la sabiduría. En este sentido, la Epifanía, la fiesta de la luz, del solsticio de invierno en oriente (6 de enero), nos cuenta la historia de tres sabios que se dejan guiar por una estrella hasta Belén. A los sabios   las manifestaciones de Dios les impulsan a emprenden la peregrinación hacia el niño Dios.

Así, como la fotografía no puede prescindir de la luz, la sabiduría tampoco de Dios (cf Mt 12,42). Y nosotros no podemos quedarnos sin estrella y menos sin Dios. La llegada de los reyes  nos remite a destacar lo siguiente: 

-       Los reyes sabios. Buscan al Rey de los judíos para adorarlo. Representan al mundo sediento de la sabiduría, esa que pide Salomón, ellos encuentran a uno más grande. (1 Co 1,24). Por fe, por estudios, por las escrituras, por el peregrinar que tengamos Dios siempre nos va lanzando luces intermitentes de sus estrellas para encontrarlo. No importa que seas el rey poderoso, o el pastor pobre, Dios es la Buena Noticia para tu vida. Dios viene por amor a todos.

-       Los reyes necios. Este reinado de la necedad, no tiene estrella y te puedes desorientar. Te consideras la única estrella y no das luz, sólo oscuridad y muerte. La clave de su vida no es ser mejor persona, sino el poder. Y aunque Herodes, los sacerdotes y los escribas saben que va nacer el Rey de los Judíos no buscan recibirlo, sino evitar perder el poder y para ello son capaces de matarlo.

-       Los reyes necios tratan de manipular a los reyes sabios. Los necios tienen riqueza pero siguen pobres y suntuosos. Los reyes sabios saben identificar a los necios y no dejarse esclavizar. Por eso, la libertad auténtica es de los sabios.

-        El rey de los judíos. Es un niño desplazado, sin techo, sin ahorros en la banca, sin seguro. Los Reyes Magos le traen regalos clarificadores, significativos: la elegancia del oro para el Rey, el aroma de oración en el incienso para el sacerdote y en el aroma de la sepultura para el hombre que será muerto y sepultado durante el tiempo de Poncio Pilato. 

Sorprende cómo los Reyes Magos dan claves de clarificación de un Dios universal; también de su habilidad para ubicar al Niño Dios y para no dejarse engañar por Herodes,  por su sencillez de regresar a su tierra y no ser más protagonistas de la historia. Aunque han sembrado enigmas sobre su proceder y destino final, la historia les ha seguido el rastro: “Melchor, Gaspar y Baltasar. Hasta el año de 474 AD sus restos estuvieron en Constantinopla, la capital cristiana más importante en Oriente; luego fueron trasladados a la catedral de Milán (Italia) y en 1164 fueron trasladados a la ciudad de Colonia (Alemania), donde permanecen hasta nuestros días.” (ver: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/6-1-2020/pautas/)

Hoy, lo importante es la reflexión para tu vida, sólo realízala, y mira cuál es el reinado que anhelas o buscas y cómo te va en ese peregrinar. Espero que encuentres a Dios y te bendiga con mucha sabiduría. Estate atento a la estrella.



Adoración de los Reyes Magos. MAESTRO DE LA SISLA. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

 Homilía y Reflexión

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12


Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe
que pastoreará a mi pueblo Israel”».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Homilía y Reflexión
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