TO III: “dejaron las redes y lo siguieron “

III Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

“Renovar la vida”
 Homilía y Reflexión, 


“Cambia tu vida” es un grito desesperado de tu madre, de los predicadores, de los moralistas, de tus hermanos, de quienes te consideran “equivocado” y de los “envidiosos”. No me siento viejo, pero este llamado nunca ha hecho mella en mí. Es más, lo han comentado, pero pocos se han atrevido a decírmelo directamente. 

“Renovar la vida” es también convertirnos. El Peligro del llamado a “convertirnos” es fingir luego “ser otra persona” que no somos. Jesús no ha venido a convertirnos en despersonalizados, menos a clonarnos. A sus discípulos los llamó por su nombre, les dio una misión y les iba instruyendo en la metodología de la auténtica vida.

¿Qué cambiaría tu vida? O ¿qué necesitas para cambiar?  

La familia: quisiera tener la familia cerca. Ayudar a mis padres ancianos. Es más, si tienes una comunidad deseo de corazón que redescubras allí tu nueva familia. La desvinculación familiar crea vacíos, y la comunitaria, resentimientos. 

En esta cuna familiar y comunitaria se puede hacer la vida más agradable. Estas relaciones sanas necesitan cultivarse cada día. Jesús llama a sus discípulos y luego les dice amigos. Es una comunidad, donde también hay “hijitos de mamá”, envidiosos, criticones, interesados... Pero en la familia, se sabe, se descubre; a veces con el dolor de Judas, la duda de Tomas, el remordimiento de Pedro. 

Esta familia que debería caracterizarse por el amor necesita “renovar la vida” con las mismas personalidades. El Maestro ya no es escogido, escoge. El predicador ya no es buscado para escucharlo, ahora busca para anunciar la nueva forma de vivir. Construir algo nuevo no es trabajo de un héroe solitario, sino de una comunidad de discípulos. Dios no es un monopolio, es para todos. Ya no deben seguir en las tinieblas, sino en la luz.

Una motivación personal. Respondes cuando te llaman por tu nombre. Te invito a responderte a ti mismo, conocer tus metas, tus capacidades. Cuáles serán los propósitos de tu vida, jerarquízalos. Sin un propósito no hay camino y pierdes la motivación, lo penoso es que allí no entran los demás, sólo Dios y tú.  

Cada día, debes tener un motivo para abandonar la cama caliente. No puedes perderte el calor del sol, los ríos y los nevados. Necesitas pigmentar tu vida, con gran esfuerzo, consiente de los riegos en el camino, de las profundas penas y de las incertidumbres. Cuando Pedro y Andrés recibieron el llamado de Jesús descubrieron que pueden ser los mejores pescadores, no lo comprendían completamente, pero aceptaron el reto, ofrecieron sus vidas para servir no para arruinarse ni arruinar.

Eliminar del menú lo infeccioso. Si necesitas sanar debes dejar de comer lo que irrita a tu organismo no al de los demás. Eres único, no puedes respirar con la nariz de otro u otra. Si los otros quieren hacerte mirar con sus ojos, escúchalos, pero tienes los tuyos. Necesitas vivir en la realidad, sin dejar de soñar. Quiérete sin dejar de amar. Si te equivocas, tu eres responsable de corregirte, no culpes a los demás. Si te victimizas eres injusto, es mejor buscar ayuda, aprovecha para aprender de este camino, cayendo, levantando, pero nunca te quedes en el piso, “renueva tu vida”.


Homilía y Reflexión, 

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Homilía y Reflexión, 
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