La Santísima Trinidad: "Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y ..."

Creemos que Dios es un encuentro, cada uno desde nuestro interior. Jesucristo es el camino para este encuentro. El Padre es quien nos llama a la vida, y que esta vida habita en nosotros por el don del Espíritu Santo.


Trinità (El Greco)

La Santísima Trinidad

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)


Tres personas una sola salvación

Una niña llamó por teléfono a su mamá para comunicarle que tiene ‘dolor de hijo’, ‘mamá me duele en el hijo’. La madre salió corriendo de su trabajo en dirección a su casa, tratando de comprender el dolor de su hija. La niña señaló que tenía dolor ‘en el hijo’ mostrándole la parte del estómago. La madre sonrió como respirando la poca gravedad y recordó que a su hija la había enseñado, tantas veces, la señal de la cruz en el nombre del “Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

Desde la catequesis del hogar, en el bautismo y otros sacramentos siempre se hacen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. A ningún sacerdote se le ocurriría decir, por más ilustrado que fuera: “yo te bautizo en nombre de la Santísima Trinidad”. Es decir, la Santísima Trinidad es un término teológico que literalmente no se encuentra el término en la Sagrada Escritura.

 

Para la niña de nuestra historia será más fácil comprender la unión del Padre con el Hijo y el Espíritu Santo como está unida su cabeza a su estómago y a sus brazos. O también como está unida a su padre y a su madre y entre ellos la comunicación es fluida. Que será difícil que el uno viva sin el otro. O comprender que la cruz que señala en su cuerpo le remite al amor que ha tenido Jesucristo. Detrás de esa catequesis hogareña hay rastros de buenas relaciones, de amor mutuo, de comprensión, de unión familiar.

 

¿Se explica diciendo que la Trinidad es un misterio?

“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”.

 

Suele ser difícil en el ámbito pastoral llamarlo ‘misterio’. El misterio es el hecho o cosa cuya naturaleza, causa, origen o razón de ser no tiene explicación o no se puede entender. Nos trae sentimiento de culpa cuando se dice que Jesús lo ha dicho todo, pero el problema es que el hombre no tiene la capacidad para comprenderlo (cf. Jn 16, 12-13). Pero Dios nos comunicó su inteligencia en la creación. O quizá, el hombre no escuche al Espíritu Santo, al guía, al clarificador, al que habla en nombre del Hijo y del Padre. Entonces, el problema del misterio de la Trinidad no se trata sólo de la capacidad cognoscitiva del hombre sino especialmente de la sordera espiritual. Más que un dolor de Hijo hay dolor de Padre y de Espíritu Santo. Nos falta humildad y sencillez para ver la profundidad de Dios en el amor, en la creación.

 

Con solvencia lógica metafísica se ha tratado de explicar la Santísima Trinidad con metáforas. San Gregorio de Nacianzo decía de la Trinidad: "El Padre es la Fuente, su Palabra es el río, el Espíritu Santo es la corriente del río. Catalina de Siena utilizó la analogía de la Zarza Ardiente, siendo el Padre el fuego, el Hijo la luz que emerge del fuego y el Espíritu Santo el calor del fuego.

 

¿La obra del Espíritu es obra Trinitaria?

Se habla del Espíritu, pero nunca en una misión solitaria sino siempre en su unión máxima. Como dice la oración colecta (la primera) de esta liturgia, el Padre es la fuente de la revelación. Se produce por obra del Hijo y del Espíritu. El contenido de esa revelación es el misterio de la vida divina, y la fe está en un Dios único en la trinidad de personas, en relación entre sí, lo que significa, por supuesto, en el amor mutuo. Esta es la vida divina.

 

¿Cómo se relacionan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?

Técnicamente se le llama unidad, consustancialidad, relaciones.

El Espíritu, para cumplir su función, "contará todo lo que ha oído" (Jn 16,13). ¿De quién? Jesús revela lo que ha escuchado del Padre (cf. Jn 15,15). El Espíritu "tomará de lo mío [de Jesús] y os lo anunciará" (Jn 16,14). Sin embargo, esto no supone ninguna diferencia porque "todo lo que tiene el Padre es mío" (Jn 16,15), de hecho, Jesús dice: "Yo y el Padre somos uno" (Jn 10,30). Esto habla de la unidad y la "consubstancialidad" de las tres Personas.

 

El tratado evangélico de esta solemnidad añade la dimensión relacional. Jesús afirma que "él [el Espíritu] me glorificará" (Jn 16,14). De hecho, continúa la revelación. Pero es aquí donde se establece la circularidad de la glorificación: el Espíritu glorifica al Hijo, el Hijo es glorificado por el Padre, y el Padre, a su vez, es glorificado por el Hijo (cf. Jn 17,1.4).

 

¿La trinidad nos implica?

Actualmente el mundo necesita esperanza, cada ser humano, en clave cristiana, ha sido redimido por Jesús (cfr. Rm 4,25)"La esperanza, pues, no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado" (Rom 5,5). Y la redención de Jesús tiene también implicancias Trinitarias: el Padre está en el origen, el Hijo obra la redención, el Espíritu habita en nuestros corazones. La Trinidad, una relación entre tres Personas, habita en el corazón humano y, por su obra de salvación, nos introduce en esta misma relación. De ahí surge una nueva vida. 

 

¿Por qué nos empeñamos en la fe en la Santísima Trinidad? Es más que un término teológico. Tres personas, un solo Dios. Más que emprender un camino de explicación es de descubrimiento. Allí radica su grandeza, su profundidad. El camino del descubrimiento es Jesús, el que nos lleva al encuentro con nuestro Creador que nos ha dado la vida, con el don del Espíritu Santo.

Palabra del papa Francisco

“Es un misterio que nos ha revelado Jesucristo: la Santísima Trinidad. Hoy nos detenemos a celebrar este misterio, porque las Personas no son adjetivos de Dios: no. Son personas, reales, diferentes; no son -como decía aquel filósofo- "emanaciones de Dios": ¡no, no! Son Personas. Está el Padre, al que rezo con el Padre Nuestro, que me ha dado la redención, la justificación; está el Espíritu Santo que habita en nosotros y habita en la Iglesia. Y esto nos habla al corazón, porque lo encontramos, este misterio, encerrado en esa expresión de San Juan que resume toda la revelación: «Dios es amor». El Padre es amor, el Hijo es amor, el Espíritu Santo es amor”

 

 

Lectura del santo Evangelio según San Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

(Angelus, 30 de mayo de 2021)

Trinità (El Greco)

La Trinidad es un cuadro pintado por el Greco (Domenikos Theotokopoulos, 1541-1614). Este óleo sobre lienzo mide 300 centímetros de alto y 179 cm de ancho, y fue ejecutado entre 1577 y 1579, siendo uno de los nueve lienzos que realizó para el monasterio de Santo Domingo de Silos (el Antiguo), en Toledo. Se encuentra en el Museo del Prado de Madrid (España) desde 1832, tras ser comprado por el rey Fernando VII al escultor Valeriano Salvatierra.


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