TO XV, A: Salió el Sembrador a sembrar.

La semilla de papá

Parábola del sembrado. GRIMMER, ABEL.Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado



Hijo: “papá para qué guardas esas papas pequeñitas”
Papá: “para convertirlas en semilla”
Hijo: “entonces guarda las papas más grandes”
Papá: “a las semillas pequeñas les crece más rápido la raíz y se hacen fuertes”.
Hijo: “Y por qué las seleccionas.”
Papá: “porque estas semillas han sido mas fuertes y fértiles en los últimos años.

XV Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

Tú eres el fruto de la semilla de tus padres. Cada ser vivo es un fruto que se convierte en semilla de vida abundante. Ese ciclo es maravilloso: se conocen tus padres, se enamoran, te conciben, te cuidan, cambian tus pañales, te nutren, te vacunan, te enseñan a leer y escribir, te va enrumbando en la vida.
Hasta que eres lo que eres con la capacidad de enfrentar los problemas de la vida. Los esfuerzos, ensayos y errores de tus padres han cimentado tu vida y tú deberás fortalecerla. Recuerda, si hubiesen existido otros factores, no estarías leyendo esta reflexión. Ahora te toca ser semilla, en el sentido amplio: genético, intelectual, espiritual y emocional.

Vigilancia: y de pronto, resulta que te entusiasma la vida, Dios te emociona y te impacta. Pero te duermes, te descuidas, y hay muchas voces sonando en tus oídos: “Dios es un invento”, “la vida espiritual es para acomplejados”, “no estudies”, “posterga todo”,… Dios y la vida se relativizaron. ¡Entiéndelo!

Miedo: y escuchas a tus padres, a la gente que te quiere, a Dios, … pero llegas al trabajo y escuchas voces: “llegó el mojigato”, “este grupo no es de santurrones”, “vives en la Edad Media”, “que te salve tu Dios”, … Y te doblegas, te avergüenzas y finges pensar como ellos, y también finges la profundidad de la vida espiritual, la semilla de Dios. ¡sucumbiste!

Ilusión: y escuchas las palabras que te hacen sentir vivo, importante, con una misión clara. Tu vida parece llena de los milagros de Dios. Pero te desespera no poder ir a consumir a los supermercados y presumir de las marcas de ropa. No poder participar de todas las reuniones y fiestas de compañeros de trabajo. No contar aquellas historias, tan cómicas y populares. "A tanta insistencia poca resistencia"

Fruto abundante: se debe a la semilla y a su buen cultivo. Es importante preparar la tierra, nutrirla, sacarle la maleza, regarla a su debido tiempo, dirigir el riego y evitar las plagas. El miedo se reemplaza por esperanza, la sabiduría del sembrador mide los tiempos y reza para que los fenómenos naturales no descontrolen su siembra. Y así, la cosecha es abundante, además comparte a los vecinos y guarda las mejores semillas.

En conclusión, aunque estés es al borde, entre las piedras, sufriendo crisis, enano por las malezas, quizá seas la tierra que todavía no se ha cultivado, como fuere, la palabra sembrada con una generosidad que superar la sabiduría del sembrador, se ha propuesto crecer, no la dejes morir. La semilla de papá Dios dará su fruto. 

Salmo: 64

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R/.

Así preparas la tierra.
Riegas los surcos,
igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R/.

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R/.

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R/.



Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
«Por qué les hablas en parábolas?».
Él les contestó:
«A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:
“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;
porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos;
para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,
ni convertirse para que yo los cure”.
Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador:
si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.
Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Pintura


GRIMMER, ABEL

Amberes, 1579 - Amberes, 1618. Hijo del pintor Jacob Grimmer. Aparece citado por Giorgio Vasari y por Karel van Mander. Especialista en paisaje, entró como maestro en la Guilda de San Lucas.


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