XXXII Domingo del tiempo ordinario(C): “¡Y él no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos están vivos!”

 Vivir con esperanza

La resurrección de Cristo
(Resurrezione di Cristo) Rafael Sanzio

XXXII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)

 


¿Qué pasará mañana?

El futuro nos da miedo, sabemos que vamos a morir, y de ello no escapa ni el papa ni la chica más guapa. Los jóvenes ven a la muerte como lejana y los ancianos la sienten cercana, los enamorados la imaginan eterna. Preferimos vivir como si la muerte no existiera, quizá debamos tenerla presente para vivir como si fuéramos a morir mañana. La muerte no necesita de hipótesis porque es una realidad, la resurrección necesita reflexión; pero más que huir de la guadaña de la muerte necesitamos encaminarla en el plano de la fe, de la revelación divina.

 

Quieren ridiculizar la resurrección a lo absurdo

Los saduceos no creen en la resurrección. La consideran absurda y usan la ley del Levirato para ridiculizar la resurrecciónAl someter la resurrección a la especulación racional se tejen hipótesis y una de ellas es usar la casuística, extremando las posibilidades para agudizar la problemática y obtener respuestas esperadas. La resurrección resulta ser una sorpresa, de mayor dimensión que la ley del Levirato (cf. Dt 25,5), según la cual, el cuñado debe casarse con la viuda si su hermano no ha dejado descendencia.

 

Si le quitas la cortina de ‘sabiondos’ en el fondo, saduceos y fariseos, quieren encontrar causas para acusarlo a Jesús. Construyen un caso fantástico de siete hermanos estériles con una mujer juiciosa que llegan al cielo. En el fondo, la esterilidad es una tragedia o castigo de Dios en la cultura religiosa judía; la infertilidad es como perder el sentido del futuro, existir y no reproducirse es casi contradictorio a la creación.

 

Cómo puede proceder una mujer con sus siete maridos en el cielo, ¿chatea con todos y sale sólo con uno? El cielo no es una copia de convivencia de la tierra. Actualmente, las mujeres protestarían contra la ley del Levirato, harían plantones anti cuñados aprovechados, las viudas feministas levantarían su voz por el derecho a volver a casarse con quien se les dé la gana.

 

El tema central no es el Levirato, sino la resurrección; la calidad de la convivencia hoy, ¿Cómo vives el amor para ganarte el cielo? ¿Construyes una convivencia de amor hasta el grado de verse como ángeles?

 

La pedagogía del entendimiento

Las preguntas con trampa necesitan reflexión, ubicarse en la esquina del interlocutor. Jesús les encamina a sus conocimientos previos de la Tora, como única fuente normativa autorizada (cf. Lc 20,37; Ex 3,6). Empiezan a hablar el mismo lenguaje, se revela así el entendimiento. No desplaza la importancia del matrimonio, sino la calidad de las relaciones; el cielo será una sorpresa, otra vida, cualitativamente diferente a la nuestra.

 

La escritura tiene la autoridad, entonces por qué no acudir a ella ante las preguntas capciosas, jocosas, curiosas. No hay respuestas dogmáticas ante una duda de la resurrección. La misma historia de Jesús es ya una respuesta.

 

En esta pedagogía del entendimiento debemos buscar canales de comunicación, sintonizar, y saber dar respuestas a los problemas actuales, a las preocupaciones existenciales. Ese es el gran tip de evangelización que nos regala el evangelio. Si no dialogamos con los interlocutores, si no centramos los verdaderos problemas, no esperemos tampoco grandes soluciones.

 

La novedad, la sorpresa

Los saduceos creen en Dios, no les ha llegado suficiente revelación y su fe es sólo para esta vida, con descendencia, bendecida, pero sin un mañana. Esto mismo puede estar pasando en algunas de nuestras vidas, vivir o morir sin idea de resurrección; proteger la vida y no mirarla como un regalo de Dios. Creer en Dios, pero no convencerse de que Dios la puede hacer surgir aquí y cuando él quiera, en la enfermedad, en la esterilidad y después de la muerte.

 

La novedad del planteamiento se ha centrado ya en la resurrección, en un Dios que acompaña, cercano, presente y que nos lleva de la mano hasta la vida que ya no tiene final. La referencia a un Dios castigador, de los muertos, está ya en un lenguaje de vida, cristalizada en la misma resurrección de Jesucristo.

 

 Es decir, la novedad de una vida eterna no se da por la metafísica del alma, como lo sugieren los griegos, hoy diríamos por una cuestión de concentración profunda o disciplina corporal, sino por la fidelidad de Dios (Lc. 21,38) que permanece en la eternidad.

 

Una fidelidad a prueba de vida

La resurrección es la expresión de la fidelidad de Dios y también de la de Jesucristo. Por ello, creer en Jesucristo es creer en la resurrección. 

 

En la historia de los Macabeos, comer la carne de cerdo es impureza. La presento por su estructura impactante, en su tiempo, para mostrar la convicción de 4 jóvenes respecto a la fidelidad, a la fe en el Rey del Universo, la esperanza de recibir la vida nuevamente de Dios, y del motor interno para seguir seguro en la fidelidad a Dios.

 

1º Afirma el valor de la fidelidad (cf. 2 Mac 7,2), exponiendo así la razón de la resistencia.

Uno de ellos habló en nombre de los demás:

«Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres».

 

2º El segundo, dirigiéndose al perseguidor, proclama su fe (cf. 2 Mac 7,9). 

«Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el Rey del universo nos resucitará para una vida eterna».

 

3º La tercera proclama la esperanza (cf. 2 Mac 7,11). 

Después se burlaron del tercero. Cuando le pidieron que sacara la lengua, lo hizo enseguida y presentó las manos con gran valor. Y habló dignamente:

«Del Cielo las recibí y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios».

 

4º Por último, la cuarta proclama la fuerza motivadora de la esperanza (cf. 2 Mac 7,14).

Cuando murió este, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba a punto de morir, dijo:

«Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la esperanza de que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida».


Palabra del Papa Francisco

“Con esta respuesta, Jesús invita en primer lugar a sus interlocutores – y a nosotros también – a pensar que esta dimensión terrena en la que vivimos ahora no es la única, sino que hay otra, ya no sujeta a la muerte, en la que se manifestará plenamente que somos hijos de Dios. Es un gran consuelo y esperanza escuchar esta palabra sencilla y clara de Jesús sobre la vida más allá de la muerte; la necesitamos mucho sobre todo en nuestro tiempo, tan rico en conocimientos sobre el universo, pero tan pobre en sabiduría sobre la vida eterna”.

“Jesús responde que la vida pertenece a Dios, que nos ama y se preocupa tanto por nosotros, hasta el punto de vincular su nombre al nuestro: es “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Dios no es el dios de los muertos, sino de los vivos; porque todos viven por él”. (vv. 37-38).

Angelus , 10 de noviembre de 2019 



Lectura del santo Evangelio según San Lucas 20, 27-38

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y de descendencia a su hermano . Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos
no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».


La pintura

La resurrección de Cristo, conocida también como Resurrección Kinnaird por haber formado parte de la colección de Lord Arthur Fitzgerald Kinnairdrthshire, es una pintura al óleo sobre tabla atribuida al maestro del renacimiento italiano Rafael Sanzio. Es, posiblemente, una de las primeras obras del artista, hecha entre 1499 y 1502 en pequeño formato (52 cm x 44 cm). Es probable que sea uno de los elementos de una predela que podría haber formado parte del Retablo Baronci, primer encargo documentado de Rafael y que quedó seriamente dañado tras un terremoto ocurrido en 1789; sus fragmentos se encuentran dispersos en varios museos.1​

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