Homilía y Reflexión

Homilía para "Reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Con el corazón abierto ante la virgen Madre de Dios agradecemos nuestra historia personal durante el 2025.

Madre de Dios

Santa María, Madre de Dios-Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Señor Dios de la vida y de la historia,

al concluir este año nos detenemos un instante ante Ti,

en el silencio que nace del corazón y se vuelve contemplación.

Como María, queremos guardar y meditar en nuestro interior

todo lo que hemos vivido, aun aquello que no comprendemos del todo.

 

Te damos gracias por cada experiencia de este año:

por las alegrías que nos dieron esperanza,

por los dolores que nos hicieron más humanos,

por las pruebas que purificaron nuestra fe

y por los encuentros que revelaron tu presencia silenciosa.

Nada ha sido estéril en tus manos,

todo ha estado misteriosamente incluido en tu plan de amor.

 

Gracias, Señor, porque en medio de tantas preguntas

has permanecido como centro vivo de nuestro corazón.

Gracias por Jesucristo, el Niño que María llevó en su seno

y que sigue habitando en el corazón de cada creyente.

El Niño que alegró el corazón humilde de los pastores.

Virgen María, Madre contemplativa,

enséñanos a agradecer sin ruido y a confiar sin reservas.

 

Acompáñanos en los silencios de Belén y del Calvario,

en los gozos sencillos y en las horas de cruz,

y permanece hoy junto a los que sufren,

a los niños heridos por la violencia,

a los pueblos marcados por la guerra y la pobreza.

Te damos gracias, Señor, por la Madre que nos regalas,

por su intercesión fiel y su mirada atenta.

En sus brazos confiamos nuestras familias,

nuestros trabajos, nuestras fragilidades y nuestros sueños.

 

Que ella nos enseñe a comenzar cada día desde la fe

y a terminar cada año con gratitud.

Al cerrar este tiempo que pasa,

te entregamos lo que somos y lo que tenemos.

Purifica nuestra memoria, fortalece nuestra esperanza

y renueva en nosotros el deseo de vivir para Ti.

 

Que el año que comienza nos encuentre

más atentos, más humildes y más disponibles a tu voluntad.

Todo lo ponemos en tus manos, Señor,

por medio de María, Madre de la esperanza.

A Ti la gloria, la gratitud y la confianza,

hoy y siempre. Amén.


Santa María, Madre de Dios - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)


Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.


“ Honra a tu padre y a tu madre ”

La Sagrada Familia nos recuerda que la historia personal y familiar de cada uno también puede ser una historia santa. Creyentes o no, todos buscamos la felicidad y algo que dé sentido pleno a la vida.

Sagrada Familia

La Sagrada Familia - Raimundo de Madrazo Garreta (1841-1920)


La Sagrada Familia - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Cuida a tu familia

No te avergüences de tu familia ni te escandalices por su composición. Cada familia es única, tiene algo de convencional y algo de profundamente peculiar.

Si tuvieras que definirla, ¿cómo caracterizarías a tu familia? Hoy existen múltiples tipos de familia, muy distintos entre sí. Sin embargo, lo que verdaderamente permanece y da valor a cualquier familia es la unión, el entendimiento mutuo, el respeto, el amor y la justicia.

Cuando estos valores faltan, la familia se resiente y se hiere profundamente. Por eso, más que fijarnos sólo en la forma externa de la familia, estamos llamados a cuidar su corazón: las relaciones, los gestos cotidianos, la capacidad de perdonar y de empezar de nuevo.

La Sagrada Familia, un modelo no convencional

A veces imaginamos la Sagrada Familia como una familia idealizada, lejana a nuestras realidades. Sin embargo, si miramos de cerca, descubrimos que no es una familia “convencional”:

• José acoge a María embarazada antes del matrimonio.

• Es una familia con un solo hijo.

• José es padre adoptivo; María es madre biológica y permanece virgen; y el Hijo nace por acción de Dios.

En esta familia se combinan los valores más genuinos de la vida familiar con una originalidad que sorprende y descoloca.

Una combinación de valores profundamente humanos

- José es un hombre de acción. No encontramos una sola palabra suya en los Evangelios, pero sus gestos hablan por él. Es el hombre de los sueños, de la intuición paterna: respeta a María, no intenta difamarla, asume su papel de padre protector, atraviesa el desierto hasta Egipto buscando un lugar seguro para su hijo, el Príncipe de la paz.

- María es la joven dócil a sus padres y a Dios. Su fe, como la de Abraham, abre su corazón a la esperanza de la vida. Se abandona a la voluntad de Dios, aun conociendo los riesgos de su embarazo y los juicios y prejuicios que puede suscitar. A pesar de ello, se deja guiar sólo por Dios. Acompañará a José y a Jesús hasta el último aliento de su vida en este mundo.

María y José son pobres y observantes de la Ley; cumplen lo que se manda, pero al mismo tiempo realizan gestos que van más allá de la mera obligación religiosa, ofreciendo al primogénito al Padre para la salvación de todos los hermanos.

Su camino no fue fácil. Tuvieron que recorrer una larga ruta para comprender el misterio de su Hijo. No entendieron todo de inmediato; muchas cosas las “guardaban en el corazón”.

Por eso son modelos de una fe confiada, que se abandona en Dios incluso ante lo inexplicable, frente a las amenazas (Herodes), el exilio y la incertidumbre sobre el futuro.

La historia de tu familia

La Sagrada Familia nos recuerda que la historia personal y familiar de cada uno también puede ser una historia santa. Creyentes o no, todos buscamos la felicidad y algo que dé sentido pleno a la vida.

En cada historia —incluso en sus heridas, en sus desórdenes y en sus búsquedas confusas— Dios está presente e invita a acoger el misterio de la Navidad.

Así como María y José acogieron a Jesús, también nosotros estamos llamados a acoger al Mesías en nuestras vidas y en nuestras casas. Cuando lo hacemos, Él nos transforma, nos enriquece y nos ayuda a vivir nuestra verdadera identidad: ser hijos de Dios.

La Navidad consiste, en el fondo, en dejar que Cristo habite nuestra historia concreta, con sus pobrezas, sus dudas y sus pruebas. Nuestra historia personal es también una historia sagrada que el Emmanuel viene a habitar.

De este modo, la historia de amor de la Sagrada Familia continúa a lo largo de la historia de la Iglesia… y también en la historia de tu propia familia.

La vida oculta de Jesús y la serenidad familiar

Después de los acontecimientos extraordinarios de la infancia, el Mesías entra en silencio. Crece y se prepara para su misión en la sencillez de la vida cotidiana.

El Evangelio nos presenta una escena final de serenidad familiar: la Sagrada Familia vive una existencia sencilla y oculta, donde Jesús crece en un ambiente de fe, trabajo, obediencia y amor, anticipando así su futura misión salvadora.

También nuestras casas, con todo lo que tienen de ordinario, pueden convertirse en Nazaret: un lugar donde Jesús crece, donde la fe se hace vida y donde, día a día, aprendemos a ser familia según el corazón de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.


La Sagrada Familia

Raimundo de Madrazo Garreta (1841-1920)


"Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer"

La anunciación de José, María es inmaculada; Dios tiene a María y José para su proyecto de salvación a la humanidad. Hoy te tiene a ti para salvar al niño.

Sueño de José

El sueño de San José de Francisco Goya

IV Domingo de Adviento - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

La confianza de José y María

La Anunciación a José nos introduce en el misterio de una confianza silenciosa y obediente. María, la Inmaculada, y José, el justo, son elegidos por Dios para colaborar en su proyecto de salvación. Dios confía en ellos… y hoy también confía en nosotros para custodiar la vida del Niño.

La historia de una promesa

El profeta Isaías narra una promesa hecha al rey Acaz en un momento de profunda amenaza para Jerusalén:

«El Señor mismo les dará una señal: la joven está encinta, dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios-con-nosotros» (Is 7,14).

Esta profecía, pronunciada hacia el año 733 antes de Cristo, fue acogida y transmitida en la tradición de Israel, y los primeros cristianos la reconocieron plenamente cumplida en Jesucristo.

El evangelio nos muestra cómo esta promesa se concreta en la vida de José. En sueños, Dios disipa sus dudas y le revela el origen divino del embarazo de María. José acepta a María como esposa, pone nombre al Niño, y asume la misión de darle alimento, protección y cuidado. Así, la promesa se hace historia concreta en una familia humilde.

Confiar en la promesa

La confianza de José no fue sencilla. Humanamente, le resultaba difícil comprender cómo aquella joven buena, obediente y fiel podía estar encinta. A esto se suma una revelación aún más exigente: el hijo que nacerá es el Salvador. Sin embargo, José confía en Dios y se deja conducir por su Palabra.

Hoy, cuando la Navidad se acerca, también nosotros podemos experimentar dudas, distracciones y desorientación. El ruido del consumismo, la publicidad y el ritmo acelerado de este tiempo pueden opacar el sentido profundo de la espera. Sin embargo, la promesa permanece: el Niño viene a salvarnos, a transformar nuestras incertidumbres en caminos de paz y de alegría.

María, la joven de Nazaret, y la Iglesia entera llevan en su seno el gran misterio de la historia: el amor infinito de Dios hecho carne. Tal vez no siempre comprendamos todo lo que dice o hace la Iglesia, pero podemos confiar en la promesa de Dios, en ese Niño que nació, creció y sigue saliendo a nuestro encuentro.

El pesebre en tu casa

Confiar implica también acoger. Nuestra casa está llamada a ser un pesebre donde Jesús encuentre calor frente al frío más duro: la indiferencia. Así como José lo dio todo para proteger la vida del Niño y María ofreció su juventud al servicio del plan de Dios, también nosotros estamos invitados a hacer espacio a Cristo en nuestra vida cotidiana.

Cada hogar puede convertirse en ese lugar sencillo donde Jesús crece —como crecemos nosotros— en lo humano, lo afectivo y lo espiritual. Seamos padres o hijos, madres o hermanos, todos formamos parte de ese pesebre que recibe al Señor.

El pesebre no se llena de objetos ni de lujos. No necesita juguetes costosos, tecnologías de última generación ni apariencias vacías. Su riqueza es otra: fe, bondad, humanidad, perdón y amor. Sin Jesús no hay Navidad; sin el Niño, no nace la esperanza.

Que esta Navidad llegue a nuestra vida colmada de fe y de amor, de alegría y de reconciliación. Porque en Navidad nace el Amor, nace Dios con nosotros.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera:👉

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:

«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

👉🎨 

El sueño de San José de Francisco Goya

El sueño de San José es una obra pintada por el famoso artista español Francisco Goya. En esta pintura, se representa a San José durmiendo profundamente mientras un ángel le muestra la estrella de Belén en un sueño. La composición y los colores utilizados por Goya hacen que la escena cobre vida y transmita una sensación de paz y serenidad.

"¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?"

Mientras se encienden las luces de los parques, se multiplican los adornos navideños, las ofertas y las promesas de regalos, Juan el Bautista irrumpe con una pregunta que desvela la artificialidad de muchas celebraciones: ¿es Jesús realmente el que esperamos o seguimos aguardando a otro? En medio de una realidad saturada de luces y estímulos, su interpelación atraviesa la superficie y toca el corazón de nuestra esperanza.

Juan Niño
José Vergara. La Sagrada Familia y San Juan Bautista Niño

III Domingo de Adviento-Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Juan vive la sobriedad de los profetas y de los sabios. No necesita ornamentos: sus palabras iluminan más que cualquier vestido. Jesús, por su parte, no responde con teorías ni discursos abstractos. A la pregunta de Juan responde con hechos, remitiéndolo a la realidad concreta de la salvación en acto.

  • Jesús vino para que los ciegos vean, no mediante luces de colores, sino reconciliando la mirada con el sentido profundo de la vida. Vino para que los cojos caminen por el sendero de la salvación y del encuentro fraterno, no calzados con marcas prestigiosas, sino sostenidos por la dignidad de saberse hijos de Dios.
  • Jesús vino para que los leprosos quedaran limpios. Hoy los leprosarios no son solo lugares físicos, sino espacios sociales donde se confina al otro por miedo, desprecio o indiferencia. El problema no es la lepra del que sufre, sino la mirada de quienes rehúyen enfrentarse a las lepras contemporáneas: la indiferencia, la soberbia, la corrupción, la lujuria y tantas formas de deshumanización.
  • Jesús vino para que los sordos oigan. Escuchar es una necesidad vital. Sin escucha no hay comprensión, ni diálogo verdadero. ¿Cómo comunicarnos cuando hablamos sin cesar y no dejamos espacio al otro? ¿Cómo compartir la vida con oídos saturados de autorreferencialidad? Tal vez la Navidad pueda devolvernos la capacidad de escuchar con el corazón.
  • Jesús vino para que los muertos resuciten. La cultura de la inmediatez ha ido diluyendo el horizonte de la eternidad; lo rápido ha simplificado y empobrecido los procesos humanos más profundos. El Niño indefenso del pesebre es el signo de un Dios que da vida, que resucita. ¿Cómo celebrar la Navidad si, cada año, Jesús queda relegado, olvidado, eclipsado por un árbol luminoso o por la figura de Papá Noel?
  • Jesús vino para que los pobres sean evangelizados. El Evangelio del Niño Jesús no es una tradición folclórica ni un rito vacío, sino la revelación del sentido último del pasado, del presente y del futuro. Pobres quienes no escuchan la fragilidad del Niño; pobres quienes opacan su vida; pobres quienes privan a los niños de su desarrollo integral: físico, intelectual, espiritual y afectivo.

Juan el Bautista es el mensajero anunciado: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino». Hoy, Juan sigue siendo el gran profeta que señala al Mesías, el hombre austero que nació grande para el Reino de Dios, recordándonos que la verdadera Navidad no consiste en esperar algo, sino en reconocer a Alguien.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle:

«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

Jesús les respondió:

«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.

En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».


“Está cerca el Reino de los cielos”

Juan el Bautista nos da la clave de cómo vivir este Adviento: con austeridad y con entusiasmo por un mundo nuevo.

Juan Bautista y el Niño Jesús

El Niño Jesús y san Juan Bautista niño. Anónimo. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

II Domingo de Adviento. Año litúrgico 2025–2026 – (Ciclo A)

¿Qué cosas son urgentes en tu vida?

De esa respuesta se revelan tus verdaderas prioridades.

Lo urgente no siempre es lo importante ni lo necesario.

Para celebrar de verdad necesitas vida, salud, paz.

Juan el Bautista confirma la urgencia de renovar la vida, de regresar a la amistad con Dios. Su austeridad le da la libertad para decir lo que considera importante para su pueblo, lo que es realmente necesario para vivir la vida con sentido.

Está cerca la venida de Jesús. Te propongo mirar algunas imágenes que nos trae el Evangelio según san Mateo:

1. La voz que grita en el desierto

Es la voz que clama en el desierto de los sordos. Jesús lo aclaró con fuerza: no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Allanar los senderos llenos de odio, de prejuicios, de indiferencia: esta es la tarea. Después del Covid-19 ha quedado una triste costumbre: evitar darse la mano de fraternidad y de paz.

2. La austeridad de Juan

Juan llevaba un vestido sencillo y una correa de cuero, se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Con la precariedad y dureza de su estilo de vida, su testimonio se veía bendecido y su credibilidad resultaba incómoda para muchos.

3. Un pueblo que busca vida nueva

Acudían a él, le confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

El testimonio del Bautista es impresionante, es fiable; sus palabras impactan a un pueblo desesperado por culpa de líderes corrosivos.

4. “¡Raza de víboras!”

Con esta expresión involucra a todo un grupo que se considera puro y heredero de la salvación, pero que vive de forma incoherente su condición de hijos de Abraham.

El pequeño poder que tienen les lleva a tener veneno en la boca y la frialdad para enrollarse en torno a sus víctimas y estrangularlas.

5. El hacha a la raíz

«Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles» que no dan fruto, como la higuera estéril o la vida carente de sentido.

Es necesario talar las ramas secas para el fuego.

Tú y yo esperamos no tener una vida seca que arde como simple combustible; esperamos ser árboles frondosos que dan fruto abundante.

6. Jesús y el bieldo en la mano

Jesús, con el bieldo (horqueta) en la mano, avienta al aire la cosecha para separar el trigo de la paja. Jesús te pone las cosas claras, te “zarandea”, te filtra como un cedazo, selecciona el buen trigo.

El Adviento es también poner ante Él nuestras gavillas: espigas, cosas secas, sin peso, que fueron importantes en su momento para que apareciera el grano de trigo.

Esta es la parte dolorosa: quemar lo que ya es solo paja. Si en algún momento fue necesaria para proteger el trigo, ahora la atención está en el grano que no muere, sino que produce fruto.

Que este Adviento nos encuentre dejándonos purificar por el Señor, para que, cuando llegue, encuentre en nosotros trigo bueno y abundante fruto de vida nueva.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 1-12

Por aquellos días, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando:

«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Este es el que anunció el Profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:

«¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?

Dad el fruto que pide la conversión.

Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.

Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego.

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias.

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».


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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

Gracias por leer y compartir, no olvides comentar.

Javier Abanto Silva
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