V Domingo del tiempo ordinario (A): Tú eres la sal de la tierra y luz del mundo

“Ustedes son sal y luz para el mundo”

Dos imágenes - sal y luz- que fortalecen el sentido de las Bienaventuranzas para todos los cristianos. Alimentan e iluminan la esperanza y la fe para la acción cristiana allí donde vives cada día. La sal no se saborea así misma, la luz no se alumbra así misma, siempre sirve humildemente a los demás.

Sal y LuzJesus, Sal e Luz do Mundo, Yongsung Kim

V Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A Año litúrgico 2025–2026

Sal de la tierra

Así como todos estamos llamados a vivir las bienaventuranzas, también estamos invitados a dar sabor a la vida. Un bienaventurado persevera en su misión porque no ha perdido el gusto ni el sentido de lo que vive.

Una vida “sosa” e insípida termina robando sonrisas, subiendo el azúcar de las preocupaciones y empapando las almohadas de lágrimas. Pero Jesús no quiere desanimarnos ni alejarnos del camino de las bienaventuranzas. Al contrario: sus palabras son sal para los paladares cansados, esperanza para quienes sienten el peso de la vida en un mundo que parece dominado por la maldad.

La sal tiene la capacidad de conservar el alimento, de hacer sabrosa la carne seca, de preservarla de la corrupción. Del mismo modo, el Evangelio -vivido de verdad- puede conservar nuestras ilusiones, nuestro entusiasmo y la certeza de que cada gesto por la paz, por los enfermos, por los pobres y por la justicia, da sabor a nuestra existencia.

Por eso, Jesús te dice hoy: Ustedes son la sal de la tierra

En otras palabras: "no te desabridas", no permitas que tu vida pierda el sabor del Evangelio. recuerda, Jesús no dice "tú eres la sal de tí mismo (a)".

Luz del mundo

Hoy muchos quieren brillar, pero pocos iluminan. Se busca llamar la atención, acumular focos y likes, pero la luz que realmente necesita el mundo es otra.

La luz de Cristo es más rápida y más profunda que cualquier luz LED. No es la falsa “luz” de nuestro ego: no es la soberbia que quiere aparecer, ni la superficialidad que todo simplifica, ni la oscuridad que nos deja atrapados en la indecisión o en la ignorancia. Si eres lámpara estás para alumbrar, no para que te enorgullezcas de tu luz.

La luz de Dios no puede ser opacada por tu propia luz, por muchas competencias o talentos que tengas. Su palabra no puede quedar ahogada por tus palabras.

Esta imagen ilumina también el camino de las bienaventuranzas: hubo quienes conocían los mandamientos de Dios, pero no se dejaron iluminar por Jesús. Cumplían normas, pero vivían en sombras.

“Ustedes son la luz del mundo”

El llamado es claro: ser luz, no solo brillar.

Ser luz del mundo significa: Dejar entrar la luz de Dios en nuestras zonas oscuras. Allanar las capas de orgullo, miedo o indiferencia que no dejan pasar el resplandor de esa luz. Reconocer que muchas cosas las hacemos desde nuestra propia oscuridad y pedir al Señor que nos ilumine.

La luz de la verdad, de la justicia, del conocimiento y del Espíritu Santo es una propuesta concreta para clarificar: nuestra vida, nuestros intereses, aquello que nos obsesiona, nuestros pensamientos equivocados.

Para orar y revisar la propia vida

Al terminar, deja que estas preguntas se queden contigo:

En tu vida, ¿cómo puedes ser sal de la tierra?

¿Qué decisiones, gestos o palabras dan sabor a la vida de los demás?

¿Cómo puedes ser luz del mundo?

¿Qué oscuridades necesitas presentar al Señor para que Él las ilumine?

Pídele hoy a Jesús que renueve en ti la gracia del bautismo, para que tu vida tenga el sabor del Evangelio y refleje la luz de su amor en medio del mundo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».



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