¡Dale gusto a nuestra vida! ¡Que demos gusto a la vida de los demás!

Domingo XX del tiempo ordinario – Ciclo B (Juan 6, 51-58) 19 de agosto de 2012

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”



“No se metan con la comida” dice un amigo que le gusta comer bien. Suele comprar las verduras y la carne lo más frescas posible, se da tiempo para limpiarlas; prepara las recetas tradicionales y prefiere una mesa completamente servida para no levantarse y concentrarse en el gusto, alimentarse, nutrirse, saborear, sentir las yerbas aromáticas, la miel y la leche. Valorar la maravilla del sabor, la sabiduría de los inexpertos, la dentadura, la lengua y todo lo que permite gustar. Dios mío, cuánto gusto has dado a tus criaturas.

Estas palabras no nos introducen en el hedonismo sino en el sentido, en el gusto por compartir la mesa, dialogar la existencia, maravillarnos de la naturaleza y de la creatividad del hombre, de la creación perfecta de Dios. Si la vida es para vivirla a plenitud, Dios nos ha dado los elementos necesarios ¿por qué no vivirlo? La gula o glotonería nos indigestionan, nos engorda el egoísmo,… lo que nos hace daño no nos gusta, degustar del individualismo produce gastritis.

El discurso del Pan de Vida nos lleva pedagógicamente a gustar del cuerpo y sangre de Cristo. Nos enseñó que la pobreza se soluciona globalizando la solidaridad, sacando el pan escondido entre la ropa. Luego, pide a la multitud que no le siga porque la llena el estómago, sino para llenar la vida hasta la saciedad. Y hoy, nos dice que gustemos del “Pan de vida”, del alimento bajado del cielo, del cuerpo y sangre de Cristo.

“Gusten y vean qué bueno es el Señor”. Nutrirse de su palabra, del compartir familiar, de la libertad, de la limpieza, de la belleza, de la fertilidad, del saber saborear. Gustar, degustar, saborear. Cuando alguien es alimentado por suero, cuando te duele la muela del juicio y cuando estás con una fuerte gripe saborear es difícil, el dolor es más fuerte que el sabor. No permitas que en tu vida te alimenten por las venas, ni que tu alimento sea un dolor de muela, ni que tu vida sea como la gripe (virus temporal).

"Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que como este pan vivirá para siempre." (Jn 6, 51-58).

Si vas a participar de la Eucaristía, dedícate completamente a saborear la Palabra, a nutrirte del Cuerpo y Sangre de Cristo. ¡Jesucristo sigue dándonos la vida en abundancia hasta la saciedad! ¡Danos sabiduría a los inexpertos!

¡Dale gusto a nuestra vida! ¡Que demos gusto a la vida de los demás!



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