Pan para vivir no sólo para llenar estómagos

Domingo XVIII del tiempo ordinario – Ciclo B (Juan 6, 24-35) 5 de agosto de 2012


“Yo soy el Pan de vida”

“Pan bajado del cielo”, “Pan de vida”, “Pan vivo”. Este no es uno de los programas sociales del gobierno peruano, pero sí puede solucionar el hambre del mundo y hacer que el pan alcance. La globalización también debería incluir a la solidaridad.

¿Qué significa: “Yo soy el pan de vida”? El “Yo soy” es el mismo Dios, el “Pan” es el alimento material y el eterno, “de vida” es el que da sentido real y verdadero a nuestra existencia. Pero este discurso de Jesucristo cómo se come.

Todos necesitamos comer y creer. Para entenderlo mejor nos remontamos a las tentaciones en el desierto, los israelitas protestan, extrañan su vida de esclavos, tenían el estómago lleno pero no eran libres. ¡Qué miedo nos da la libertad! Dios les escucha y les manda el maná. El maná se recibía y llenaba el estómago, no se podía guardar (no a la gula, no al “calentadito”), cada día debían esperar que Dios les alimente, a su tiempo. Esta acción les hizo confiar en la providencia, les dio seguridad en un Dios que les nutre y no les abandona. ¡Acá las promesas sí se cumplen!... ¿Qué sería del alimento sin la providencia? Hambre, lujuria. El lujurioso trabaja por alimento que perece, siempre tiene hambre y nunca querrá dejar el horno.

En los proyectos de desarrollo, los especialistas saben que el hambre no es problema de dinero. No hubiera pobreza si el mundo fuera justo y solidario. En la multiplicación de los panes, el dinero es un pretexto y un miedo al cambio, miserables que no quieren sacar el pan escondido. Jesús les sensibiliza y por la iniciativa de un joven los hambrientos y hambrientas llenan el estómago y ven el mundo más allá de su pan rancio.

Pero tú dirás: “mi trabajo me da a penas para comer, sólo pienso en comida”. Así es glotón (a). Necesitamos comer y bien pero nunca del pan del pobre. Justamente ante el hambre de vivir para algo más que llenar nuestro estómago viene Jesús, “Pan de vida”, auténtico Maná, pan bajado del cielo, de la providencia de Dios, el mismo Dios. “Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.” (Jn 6, 24- 35)

Después de la salida de Egipto Dios les da el Maná, en Cafarnaum El Maná en persona, Jesús, no es un hacedor de milagros para llenar sus estómagos, sino principalmente sus vidas. Él es una oportunidad para que nuestra hambre se sacie, para saciar al mundo. No es un programa populista para 4 años, es para toda la vida, en mi caso para hoy, ¿en el tuyo?

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