TO XXXIII, A: Parábola de los Talentos


Gestionar tus miedos

 

Parábola de los talentos (2013), pintura al óleo sobre lienzo de A. N. Mironov.



XXXIII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

 

Si no tuvieras miedo quizá te pasaría el semáforo en rojo, no aprenderías a nadar, dejarías de usar el alcohol desinfectante, ... Los grandes oradores y personas expuestas al público expresan siempre su miedo, tan natural. Es decir, el miedo está antes de tu concepción y para toda tu vida, por ello, no te diré: “no tengas miedo”, sino: “aprende a gestionar tu miedo”, no puedes escapar del arte.

 

Más allá del miedo natural está el de prejuicios o falsas creencias. Por ejemplo, tienes miedo andar solo por el cementerio, mi abuela decía “que debemos temerles a los vivos”. El miedo al superior, al jefe, al supervisor, etc. En las redes sociales recomendaban: “Si te da el Covid, tu celular es entregado a tu pareja, Cuídate”.  

 

Un miedo obsesivo, como si tuvieras la fórmula de la vacuna contra el Covid19 y todo el mundo te perseguiría. Ante similares temores, identifica tus prejuicios, falsas creencias, obsesiones; de seguro son superables, uno a uno. La auténtica creencia sólo necesita un corazón contrito y Dios no lo desprecia.

 

Ahora no temas detenerte en tus “miedos al cambio”. Este temor ya raspa la calidad de tu libertad, de tu corazón, de tu inteligencia. Vale la penar correr el riesgo, la vida es un camino a explorar y suele darte sorpresas; involucrarte te mostrará algo que lo tenías enterrado por miedo. 

 

Entonces, aprender cada día a adaptarte a los cambios te puede convertir en un joven humilde, en una abuela que acepta ya sus límites, en un jefe capaz de asignar y trabajar en equipo.

 

Durante la pandemia, dos personas están seguras de su amor. Él la extraña y quiere comunicarse cada día. Ella, también, pero le da miedo comunicarle el último accidente sucedido y las tareas atrasadas. Al fin se comunicaron y ella respondió: “no te llamé porque no hice la tarea, fui a jugar y aquel día sufrí un accidente”. Él respondió: “es importante que hablemos, hijita, yo te puedo ayudar a hacer las tareas”. _ “Sí, pero tenía miedo decírtelo”.

 

No podemos comprender por qué los hijos tienen miedo a sus padres más que confianza. No podemos comprender por qué a Dios le tememos y no le amamos. De seguro, al papá, en la lejanía, le interese más estar cerca de la hija traviesa accidentada que de la temerosa mentirosa. No por ello, la niña dejará de hacer las tareas, menos evitará potenciar sus capacidades y talentos. El amor no elimina la responsabilidad, por ello deberá aprender a gestionar sus miedos, a enfrentar la vida.

 

¿Y cómo enfrentar esos miedos? Para ello, tienes talentos que valen más que 34 kilos de plata pura o cientos de salarios. No importa cuanto te dio la vida. Lo fundamental es lo que Dios te dio: un talento, dos talentos. 

 

No puedes decirle a Dios:  te devuelvo tu inteligencia, tu sabiduría, tu amor, … tendrías que devolver la vida. No seamos descorteces con Dios. Devolver el regalo o no abrirlo es sinónimo de “desprecio” en mi cultura, no lo sé en la tuya.

 

 

XXXIII Ordinario – Ciclo A (Mateo 25, 14-30)

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
“Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
“Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó también el que había recibido un talento y dijo:
“Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».

 

Pintura


En Mateo, la parábola de los talentos se ubica a continuación de la parábola de las diez vírgenes, y forma parte de un largo discurso que tiene por eje principal el tema de la vigilancia con motivo del juicio final.4​ El significado de la parábola de los talentos ha sido largamente debatido, particularmente en referencia a lo que la parábola pudo criticar cuando fue pronunciada durante el ministerio de Jesús.5

 

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