T.O. XXXII, A: “(...) no saben ni el día ni la hora”

“Lámparas encendidas”


Las vírgenes necias y las vírgenes prudentes. LISAERT, PIETER. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado



XXXII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

(Mateo 25, 1-13) – 8 de noviembre de 2020

 

 

_ “Esperamos 5 minutos, si no llega, empezamos”

_ “Sí padre, disculpe, por favor esperemos unos minutos”

 

Los amigos:

_ Piénsalo bien, quizá ya se desanimó. Estás a tiempo.

_ Si sabía esta demora planchaba mejor mi camisa. - Comenta molesto el novio y llama al celular de su amada como queriendo hacer magia.

 

Aquella tarde, la novia llegó cuando la misa ya estaba avanzada. Y el padre predicó que el matrimonio sólo se celebra una vez en la vida, le faltó decir: aunque llegues tarde a la misa. La novia entró a la iglesia del brazo de su papá, el novio se secaba la cara suspirando, olvidando la rabia de la larga espera.

 

En realidad, si no llegaba la novia no había matrimonio rato. Ambos se prepararon para ese gran acontecimiento de amor y de gracia. Y les queda la vida para descubrir la sabiduría, abrirse a conocer a la otra persona, aceptar y ser aceptado física, mental, emocional y espiritualmente. Comienza la gran preparación en la cancha de juego. ¿habrá valido la pena la espera?

 

Allí comienza, de allí nacen los prudentes y los necios, los obsesivos y los descuidados, los extremistas y los relativistas. En ese complemento humano comienzan a dibujarse su ancianidad, sus atenciones e indiferencias, sus alegrías y tristezas.

 

Por ello, la recomendación es tener la lámpara encendida, aquella viva e iluminadora del camino a una vida eterna. Y allí es cuando comienzas a plantearte la muerte, la eternidad. ¿Cómo me preparo para la muerte? El matrimonio da vida, obviamente.

 

En este sentido, de manera sencilla puedes responder: 

 

¿Tienes la lámpara encendida para …?:


-       descubrir tus emociones, tus sentimientos, tu vida perfectible pero no perfecta?

-        descubrir tu sed de eternidad interior, tu dimensión sentido, tu escenario moral, tu razonamiento, tus prejuicios?

-        descubrir lo valioso de las personas?

-        descubrir la procesión interna de una rutina insípida en la vida de tu prójimo o tu próxima?

-        identificar el virus de la división en tu familia?

-        para sufrir y evitar la cultura del odio?

-        descubrir los extremismos sociales, religiosos, etc.?

-        inferir que no eres la persona perfecta, sino la necesitada de luces potentes?

-       autoevaluar y miras la lámpara para cuidar el aceite? 

-       encontrarte con Dios que viene a compartir la vida?

 


Tantas preguntas, de pronto te ayude a responder la oración “el deseo de la contemplación de Dios” de San Anselmo:


👀

Oración completa:👇

El deseo de la contemplación de Dios


"Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma mía, di a Dios: 'Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro.'
Y ahora. Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte.
Señor, si no estás aquí, ¿dónde te buscaré, estando ausente? Si estás por doquier, ¿cómo no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?, ¿cómo me acercaré a ella? ¿Quién me conducirá hasta ahí para verte en ella? Y luego, ¿con qué señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro.
¿Qué hará, altísimo Señor, éste tu desterrado tan lejos de ti? ¿Qué hará tu servidor, ansioso de tu amor, y tan lejos de tu rostro? Anhela verte, y tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a ti, y tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de encontrarte, e ignora dónde vives. No suspira más que por ti, y jamás ha visto tu rostro.
Señor, tú eres mi Dios, mi dueño, y con todo, nunca te vi. Tú me has creado y renovado, me has concedido todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. Me creaste, en fin, para verte, y todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado.
Entonces, Señor, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo te olvidarás de nosotros, apartando de nosotros tu rostro? ¿Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás? ¿Cuándo llenarás de luz nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo volverás a nosotros?
Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que todo nos vaya bien; sin eso todo será malo. Ten piedad de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada podemos.
Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré."

Anselmo, obispo de Canterbury, Proslogion, 1.

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».


👉Evangelio y comentarios bíblicos

👉 Pistas para la homilía

👉  Explicación de la Pintura:

Las vírgenes necias y las vírgenes prudentes

Finales del siglo XVI - Primer tercio del siglo XVII. Óleo sobre tabla, 73 x 105 cm. No expuesto

A la izquierda, las vírgenes prudentes: una enciende una lámpara, otra hila, otra cose y las dos restantes leen y oran. A la derecha, las vírgenes necias: la primera baila, dos tañen, otra bebe y la última duerme. En la parte superior izquierda, entre nubes, Cristo. En el centro, arriba, un ángel anuncia la llegada del esposo, cuando las doncellas, tarde ya, corren a comprar aceite.

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