I Domingo de Cuaresma (A): Amar a Dios con alma, corazón y todas las fuerzas

«No tentarás al Señor, tu Dios»

Jesús también tuvo su “cuaresma”: cuarenta días de ayuno en el desierto. Al final, siente hambre. Con el estómago vacío, la vulnerabilidad se vuelve terreno propicio para la tentación.

Algo parecido nos pasa a nosotros: cuando llegamos “con el depósito vacío” —cansancio, soledad, preocupaciones— aparecen propuestas fáciles, atajos, promesas espectaculares que no vienen de Dios.

Tentaciones
Las Tentaciones de Cristo  (Tentazione di Cristo) , Sandro Botticelli

I Domingo de Cuaresma (Ciclo A) - Año litúrgico 2025–2026 – Mateo 4, 1-11

Pero el Evangelio de hoy nos recuerda algo muy importante:

después del desierto viene la misión.

La Cuaresma no es una trampa, sino un entrenamiento del corazón para amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.

Dios es bondadoso con el hombre

Desde la creación, la Biblia nos muestra a un Dios que no se cansa de ser bueno: Toma barro y le da su aliento. Levanta una y otra vez al que cae. Oxigena nuestra mente, da vida, palabra, esperanza, fe. Aunque el ser humano se deje seducir por el mal muchas veces, Dios vuelve a salir a su encuentro.

Las tentaciones en el desierto no son solo una prueba de que Jesús es Hijo de Dios, sino también un mensaje claro para nosotros: el mal sigue intentando invadir corazones y mentes; aunque reces, ayunes, lleves “medallitas” protectoras.

Sabemos que el mal trae dolor, tristeza, angustia… y aun así, nos tienta el camino fácil, el poder, el placer sin límites.

Por eso, esta Cuaresma es una oportunidad para volver a la bondad de Dios y aprender a amarle de verdad.

Amar con el corazón: convertir piedras en pan

Primera tentación: “Di que estas piedras se conviertan en panes”.

En la vida tropezamos con muchas piedras: problemas, límites, fracasos, injusticias. Nos gustaría que todo se convirtiera en pan fácil y rápido. También conocemos a quienes juegan con el hambre de los demás: prometen pan y tiran piedras, usan la necesidad ajena para manipular, ganar votos, enriquecerse.

Cuando el corazón se aleja de Dios, el corazón de carne, hecho para amar, se va endureciendo hasta convertirse en roca para odiar.

Jesús responde con la Palabra: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». No se trata de despreciar el pan. La dignidad del trabajo humano está en ganar el pan con el sudor de la frente, no en conseguirlo a cualquier precio.

Dios está cerca de los que tienen pan y de los que no lo tienen; pero a todos nos recuerda que, sin su Palabra, aunque el plato esté lleno, el corazón puede estar vacío.

En esta Cuaresma, amar a Dios con el corazón significa: No vender el corazón por un “pan” fácil. No endurecerlo en el odio o el resentimiento. Dejarse alimentar cada día por la Palabra de Dios.

Amar con toda el alma: no poner a Dios a prueba

Segunda tentación: “Tírate abajo… porque Dios te va a salvar”.

El mal pierde la vergüenza y se atreve a usar incluso la Escritura para tentar. También hoy se manipula la fe, se citan versículos a conveniencia, se pretende obligar a Dios a actuar según nuestros caprichos.

Tentar a Dios es: Jugar con la gracia, vivir imprudentemente pensando “Dios me perdona igual”, exigir milagros sin querer cambiar nada. Es como dispararse en el pie, como marcarse un autogol espiritual.

El alma es el lugar más íntimo de encuentro con Dios. Cuando uno se acostumbra a ponerlo a prueba, poco a poco se va apagando la paz interior: crecen la angustia, la tristeza, la desconfianza.

Jesús responde con firmeza: «No tentarás al Señor, tu Dios».

Amar a Dios con toda el alma significa: Confiar en Él sin manipularlo. Obedecer su Palabra, aunque vaya contra nuestros cálculos.

No usar a Dios como “seguro espiritual” para justificar decisiones irresponsables.

Amar con todas las fuerzas: el Reino de Dios vs. el reino del mal

Tercera tentación: todos los reinos del mundo a cambio de una sola cosa: postrarse ante el tentador.

Basta mirar las noticias para ver cuántos “reinos” han perdido el sentido de humanidad: corrupción, violencia, vidas descartadas, dinero por encima de la dignidad de las personas.

Ahí surge la pregunta: ¿estos son los reinos del mal?

¿Dónde queda aquello de: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto»?

Los reinos del mal quieren: Dominar, tener a todos postrados,

comprar conciencias con beneficios, privilegios, silencios. El diablo, soberbio, no reconoce que es una creatura caída; incapaz de examinarse, de arrepentirse, de cambiar.

Y, sin embargo, encuentra servidores dispuestos a darle culto: los que lo sacrifican todo por poder, dinero o prestigio.

Jesús corta en seco: «Vete, Satanás».

Amar a Dios con todas las fuerzas significa: No arrodillarse ante ídolos de poder, éxito o dinero. No vender la conciencia por un “beneficio”. Poner nuestras energías en construir el Reino de Dios, un Reino de justicia, verdad y paz.

Para vivir esta Cuaresma

Te propongo tres preguntas para la oración personal:

Con el corazón:

¿Qué “piedras” de mi vida quiero que Jesús transforme en pan de confianza, esperanza y reconciliación?

Con el alma:

¿En qué momentos he querido “probar” a Dios en lugar de confiar en Él?

Con las fuerzas:

¿A qué “reino” estoy sirviendo de verdad con mis decisiones, mi trabajo, mi modo de usar el dinero y el tiempo?

Pidamos al Señor, en este primer domingo de Cuaresma,

la gracia de amarle con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas, para no dejarnos seducir por las voces del tentador y preparar el corazón para la alegría de la Pascua.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.


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