XXV Domingo del tiempo ordinario (C): “Ningún siervo puede servir a dos señores” Al administrador astuto

Astuto busca amigos


Los explotadores generan enemigos y sus víctimas lloran el pan injusto. Si un administrador se hace servidor, entonces el mundo será mejor.



Grabado de la parábola por Jan Luyken


XXV Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C )

 

Escalas de especulación 

“La moneda de la suerte” era escondida entre la balanza; don Cirilo, con el lápiz sostenido en la oreja escribía sobre pedazos de papel de los cuadernos viejos de sus hijos. Kilos de zanahorias, arroz, azúcar, fideos, etc, llenaban las bolsas de sus clientes. Cuando los supervisores del “peso legal” llegaban, la “moneda de la suerte” era bien escondida para no convertirse en la “moneda de la especulación”.


Así como don Cirilo, muchos comerciantes adulteran cantidad y calidad en los productos de primera necesidad, en la ropa, calzado, medicina, … Esta inflación que nos desinfla la nutrición y bienestar familiar va aumentando de escala, desde el pequeño comerciante hasta los millonarios que se ponen de acuerdo para subir y bajar los precios sin conciencia ni justicia, menos servicio. ¿Cuántas personas mueren de hambre a causa de la especulación de los administradores?


¿Cómo se relacionan los ricos? ¿Cómo los ricos y pobres pueden construir el mundo más justo y humano? 

 

¿Y los nuevos ricos en tiempo récord, cómo lo hicieron? Si nos dicen el secreto sabremos si realmente son ricos.


El pan de la injusticia

El pan más desagradable es el que viene de las manos del explotado, de la sangre de la injusticia, de la muerte paulatina del desarrollo popular. El despilfarro de los bienes sigue siendo injusto.


Antes de continuar, en la parábola, una aclaración, el administrador se convierte en un modelo de persona justa. Pero el administrador también soy yo, tú, ella. Cuántos insomnios pensando en cómo ser ricos ¿de la forma más fácil? O ¿con trabajo y justicia? Vivimos bajo la referencia de que la felicidad es la riqueza. Por ello, cualquier promesa de prosperidad arranca suspiros y esperanzas, aunque en el fondo se sepa que es un engaño.

 

La prosperidad se solía justificar como un regalo de Dios, y la pobreza como un castigo. Incluso, la prosperidad aparenta ser argumentada en la biblia, (Cf Prov 3,16; 8,18; 10,22; 11,16; 21, 17; 22,4). Quizá se tenga que escuchar más a los profetas que a los “prósperos”.

 

Único modelo de administrador

Por qué el administrador se convierte en un modelo de ser humano y de un seguidor del Justo Dios.

-      Ha comprendido que la riqueza es para administrarla a favor de los pobres. La riqueza no puede ser germen de injusticia o de sistemas económicos que esclavicen generaciones.

-      Asume su papel de servidor y no de un títere para esclavizar. Sería ilógico que el amo, en la parábola es Dios, sea un explotador o cómplice de las injusticias. Dios es el creador de todo y le ha dado al hombre para adminístralo.

-      Pone en el futuro el verdadero sentido de la vida, el amigo es un tesoro, sus tesoros sólo le garantizan comprar, no vivir. Es decir, la prosperidad no puede ser más confortable que el amor. Con plata puedes comprar lo que parece amor, con amor puedes construir la auténtica riqueza.

-      El hombre ha entendido que ya no puede seguir exigiendo más, endeudando a los pobres. Por ello, actúa con prudencia y equidad. Al fin de la vida, nada se lleva. No puede seguir sirviendo como administrador de un Dios justo y amando en secreto al dios de la injusticia. Sagaz para pasar de la falsedad a la autenticidad. 

-      El administrador ha decidido ser sagaz, ¿pero robando por última vez a su Amo? Es como robar a tu padre. Es consciente de su pecado y se preocupa por lo importante: tener dónde y con quién vivir tranquilo.


Que tengas un domingo lleno de alegría por hacer amigos, humanizar las relaciones, divinizar los objetivos. Que al final de esta vida, tu corazón esté lleno de las palabras y alabanzas de Dios y de tus hermanos, más que llena de monedas y con bilis en el último suspiro.

 

Palabra del papa Francisco

Si somos capaces de transformar las riquezas en instrumentos de fraternidad y solidaridad, no sólo será Dios quien nos acoja en el Paraíso, sino también aquellos con los cuales hemos compartido, administrando bien lo que el Señor ha puesto en nuestras manos.

 

“En la vida, en efecto, no son los que tienen tantas riquezas los que dan fruto, sino los que crean y mantienen vivos tantos lazos, tantas relaciones, tantas amistades a través de las diferentes “riquezas”, es decir, de los diferentes dones con los que Dios los ha dotado”.

 

(Francisco. Angelus, 22 sep. 2019)


 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.

Entonces lo llamó y le dijo:
“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.

El administrador se puso a decir para sí:
“¿Qué voy a hacer, pus mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
“¿Cuánto debes a mi amo?”.

Este respondió:
“Cien barriles de aceite”.

Él le dijo:
“Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.

Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿cuánto debes?”.

Él contestó:
“Cien fanegas de trigo”.

Le dijo:
“Aquí está tu recibo, escribe ochenta”.

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es de fiar en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.

Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».


Pintura

Grabado de la parábola por Jan Luyken

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