Reflexión VI Domingo de Pascua (A): “No los dejaré huérfanos”: el amor que permanece
"El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él".
La perseverancia te convierte en morada de Dios, en caminante tras el amor de sus mandamientos y su Palabra.“No los dejaré huérfanos”
Estas palabras llenan el vacío del corazón. Entonces, la soledad busca el silencio, el pesimismo se reduce, y los ojos se expresan en lágrimas.
Catalina de Siena concebía las lágrimas como un “fluido de transmisión”, un medio afectivo que permite la reciprocidad de la mirada entre Dios y el alma:
«Dios, dirigiendo hacia ella el ojo de su misericordia, dejándose llevar por las lágrimas y atarse a la cuerda de su santo deseo, se lamentaba diciendo: Hija dulcísima, la lágrima me conmueve, porque está unida a mi caridad y es derramada por amor a mí, y me atarían los penosos deseos de usted» (Diálogo, I, 14).
Es decir, la relación con la Verdad, con la Santísima Trinidad, es viva y reconocible en la vida misma.
El amor sostenido por la gracia del Espíritu Santo
Hoy celebramos el día de la madre: ellas son un ejemplo concreto de amor y obediencia. En ese amor se revela su maternidad, como en la Virgen María, el misterio del amor hecho carne. Y los hijos obedientes y amorosos descubren la bondad de la respuesta.
Para san Agustín, el amor lleva a guardar los mandamientos; y ese amor no queda en una mera iniciativa humana, sino que se sostiene en la gracia del Espíritu. Por eso Jesús añade: el “Espíritu Consolador”, el “Espíritu de la verdad”.
Jesús en el Padre y el Padre en Jesús: habitar las casas vacías
Así, la ausencia ya no deja “huérfanos”, sino que se convierte en un puente hacia una presencia más profunda, obrada por el Espíritu Santo. Tomás de Aquino llama a esta presencia “permanencia”: el Consolador no actúa de forma superficial o externa, sino que inunda con su presencia la vida de quien ama.
La caridad dispone el corazón para descubrir el misterio de la intimidad con Dios, y esa caridad se expresa en la obediencia. Siguiendo a santa Catalina, se trata de un conocimiento mutuo que consuela, una experiencia psicofísica de la Verdad, una visión inmersiva:
«Tal como el pez que está en el mar y el mar en el pez» (Diálogo, I, 2).
Oración por las madres en su día
• Para que la ansiedad ante el futuro y la soledad se orienten hacia la paz que ofrece Jesús; para que, en su corazón, guarden la Palabra del amor, ese amor que impulsa al perdón y “no es ocioso”.
• Para que, ante la enfermedad, las madres encuentren la verdadera salud; y ante el miedo, sean reconfortadas por el Espíritu Santo.
Amén.
¡Feliz día de la madre!
Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».



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