Los saduceos y la Resurrección

“ No es Dios de muertos sino de vivos ”

XXXII Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2018 - 2019 - (Ciclo C)

Pintura antigua. La resurrección. Escuela Española
“Comamos y bebamos que mañana moriremos” parece ser una verdad impostergable que ha ido mostrando la poca confianza en Dios, el no poder superar la muerte, el ser finitos, la negación de una vida eterna, la reducción de la vida sólo a los placeres. También se suele decir: “todo lo rico o es pecado o hace daño”.

Alguna vez entraron unas religiosas a un café, un grupo de personas desde su mesa las miraban y comentaban cosas. Me llamó la atención la opinión de uno de ellos: veían la fe, la vida religiosa, el creer en Dios, como un tipo de ignorancia, de equivocación, es como si el creyente fuera un tipo manipulable.

De tras de estas maneras de pensar no deja de estar presente la vida eterna. Las burlas pueden ser una proyección de los propios miedos, de las verdades muy personales, con falta de respeto por cierto. Eso mismo sucede con la pregunta “tramposa” planteada por los Saduceos. Quieren mofarse de los que creen en la resurrección. Recurren a la conocida ley del Levirato; en Palestina, la vida tenía sentido con la fertilidad, los hijos son la bendición concreta de Dios, no tenerlos era muy penoso. Continuar con la prole, con el apellido, es tan importante que la viuda debía casarse con el cuñado parra que el nombre no se extinga. 

El levirato, la extensión del nombre ya no es importante, Jesús los deja sin argumentos con su respuesta: “vivirán como ángeles”. Entonces, el gran afán de nuestra vida está en la búsqueda de la resurrección o de la vida eterna. “Que resucitan los muertos lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob". Dios no lo es de muertos, sino de vivos; es decir, para El todos ellos están vivos". Reina la esperanza en nosotros, la muerte no tiene la última palabra.

Se burlan, porque además conocen las escrituras, y aunque los argumentos de la resurrección no eran tan evidentes como la de Jesús, el profeta Ezequiel, ya habla cómo Dios va dando vida a los huesos secos. También un texto hermoso para hablar de la vida, en el libro de los Macabeos, donde se expone claramente la fe en la resurrección, el rey tortura a una familia, y el cuarto hijo responde: "Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará". El Libro de la Sabiduría, el último del Antiguo Testamento, corrobora esta creencia en la vida después de la vida.

Vivir para servir, servir para la vida eterna.

Homilia y reflexión
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