Poesía: amigo, somos hijos de Abraham


"Hoy quiero quedarme en tu corazón"

Murillo y Justino de Neve. El arte de la amistad. Museo Nacional del Prado. Madrid. 26/06/2012 - 30/09/2012


El mar, los caminos, el oro, la oliva,
Aroman Jericó y ávidos corazones;
Crece la bolsa y la balanza se inclina,
En un flujo de ira y tantas decepciones.

Y yo, disfruto de mi puesto, lo puedes ver,
Y finjo alegría, no ves, escondo el dolor,
Me desprecian, a veces injusto llego a ser,
si tu bolsillo es asaltado, de eso soy gestor.

Y yo, pequeño tirano, te distingo lejos en el fulgor,
La gente me pisa con su desprecio, me desoriento,
Un árbol trepo, te veo, digo: ¿serás tú mi salvador?
¿De mi pequeñez, mi avaricia y de este sentimiento?

Cual águila sigo tu paso, sin saber, ya me tenías el camino,
Como cazador te busco, sin saber, ya me has encontrado,
Y yo, man business reparo, sin saber, la gracia del Verbo,
Perseguido por esta tristeza, sin saber, hoy me has alegrado.

Y yo, salto de este árbol, algo grande acontece,
Y para ellos, tu presencia mi vida no merece,
Tu amistad me trae de vuelta, mi corazón crece,
Mi casa es tu casa, y si la tuya es mía, a nadie le pese.

Señor, y yo, pido el perdón, tuyo y el de aquel pobre,
Le robé cada cobre, le dejé sin pan y sin aceite,
Impuestos y murmuraciones, excluido y rebelde,
 Y si somos Hijos de Abraham, eso más importante. 


Francisco Laso, peruano (1823-1869) "Las Tres Razas"

Literatura/ Poesía
(Autor: Laepi) (Calle 7) 

Antoine de Saint-Exupéry (autor del Principito)

Amigo mío, tengo tanta necesidad de tu amistad. Tengo sed de un compañero que respete en mí, por encima de los litigios de la razón, el peregrino de aquel fuego.

A veces tengo necesidad de gustar por adelantado el calor prometido Y descansar, más allá de mi mismo, en esa cita que será la nuestra.

Hallo la paz. Más allá de mis palabras torpes, más allá de los razonamientos que me pueden engañar, tú consideras en mí, simplemente al Hombre, tú honras en mí al embajador de creencias, de costumbres, de amores particulares.

Si difiero de ti, lejos de menoscabarte te engrandezco. Me interrogas como se interroga al viajero,

Yo, que como todos, experimento la necesidad de ser reconocido, me siento puro en ti y voy hacia ti. Tengo necesidad de ir allí donde soy puro.

Jamás han sido mis fórmulas ni mis andanzas las que te informaron acerca de lo que soy, sino que la aceptación de quien soy te ha hecho, necesariamente, indulgente para con esas andanzas y esas fórmulas.

Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy. ¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga?

Si todavía combato, combatiré un poco por ti. Tengo necesidad de ti. Tengo necesidad de ayudarte a vivir.

El Museo de Alberto: Las Tres amigas

Literatura/ Poesía

San Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
–Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.
El bajó en seguida, y lo recibió muy contento.
Al ver ésto, todos murmuraban diciendo:
–Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.
Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor:
–Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.
Jesús le contestó:
–Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido
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