Cuarto Domingo de Pascua. Juan 10,27-30.

“Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen”


El Buen Pastor es quien da la vida. Judea, a diferencia de la fértil Galilea, fue y sigue siendo una tierra estéril, con serias carencias de agua y de pastos. Por eso los pastores tenían que estar en continuo movimiento para que sus rebaños pudieran alimentarse. Durante esas largas jornadas se iba generando el conocimiento mutuo al que hace referencia Jesús.

En nuestra relación con los demás solemos cuidar las fronteras, de no pasarnos, de apreciar la mano que nos dan y no subirnos hasta el codo. Pero, una relación así roza con un fingido respeto que no mueve al amor, ni a la intimidad. Es decir, quienes se aman hablan el mismo lenguaje, están en comunión, se conocen la voz, la forma de caminar,...

Los judíos y paganos experimentan el beneficio de romper fronteras y comienzan a llamarse “cristianos”, se unen en torno a la misma mesa, les mueve el mismo objetivo, ya no son un grupo pequeño y cerrado. Con estas actitudes se destierran a los elitismos, autoritarismos. Las ideas enquistadas y posturas cerradas son más un signo de muerte.

Ante unas preguntas de muerte Jesús plantea la vida, el desprendimiento, las verdaderas revelaciones. Las dudas sobre el verdadero Dios son aclaradas por Jesús. Quien se encuentra de verdad con él se encuentra con Dios; si escucha nuestras súplicas, si nos ama, si se entrega hasta la muerte es porque Dios también lo hace.

¿Por qué es tan difícil creer en la oferta de la vida? ¿Por qué el hombre actual tiene dificultades para entender el Espíritu de Dios, carece de sentido? ¡Crisis del conocimiento mutuo! Jesús no teme porque nadie puede arrebatarle a su Padre, son uno. La unidad es la mejor defensa contra los lobos.

La seguridad que da Dios, el conocimiento mutuo, el amor hasta la muerte, la vida eterna sólo pueden ser aclaradas en comunión con Dios, no al margen de él. Dios nos da el abrazo seguro, nadie puede arrebatarnos de su mano.

Hoy que la figura del pastor está en crisis, muchos que por evitar el escándalo encubrieron delitos, otros sólo son una oportunidad para el desprestigio y sacar dinero. Queda mantenerse firmes, con mucha oración para que el servicio pastoral se realice cada vez con honestidad y verdad, respetando la dignidad de las personas en todo momento.
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